
Por Rafael Alfaro Izarraraz
Los seres humanos somos lanzados a un mundo que vive rodeado de una especie de niebla (imaginaria) que nos rodea por todos lados. Esa niebla (usada aquí como metáfora) está compuesta por palabras, oraciones, discursos que, previamente a nuestro nacimiento, ordenan el mundo y los actos de mujeres y hombres. A eso que aquí denominamos como una inmensa niebla compuesta por libros, periódicos, discursos, narraciones, noticieros, sistemas educativos, religiosos, explicaciones, imágenes, sonidos, ciencia y política, redes sociales y así sucesivamente, es lo que para los estudiosos se llama cultura. No es pura palabrería, sino que todo eso toma forma concreta en líderes (mujeres o bien hombres), organismos políticos, edificios, ciudades, naciones, regiones, peros sobre todo y principalmente es la organizadora de nuestras conductas.En realidad, la supuesta libertad de que gozamos es relativa.
Eso que nos rodea imaginario, es el “logos” platónico. El “super yo”, nuestra conciencia moral, ética y guía de nuestros actos, para decirlos en términos freudianos. Es el mundo artificial creado por los seres humanos que adquiere un peso específico sobre nosotros, explica Arendt. Las estructuras estructurantes, como lo expone Bourdieu. Es un modelo de sociedad panóptica y que se “cuida” a si misma y sin necesidad de utilizar siempre la fuerza, como lo expresó Foucault. La super estructura, de acuerdo a Marx, que no es otra cosa que una representación de la realidad, pero organizada en instituciones que dirigen la vida material y le otorgan legitimidad a la extracción de plusvalía por parte del capital sobre el trabajo. Esa capa espesa de niebla es también la representación de las formas de poder y dominación en donde los dominados aceptan esa condición en donde las “instituciones” legitiman la relación entre dominadores y dominados, dice Weber. El “a priori” kantiano.
Nietzsche, es quien a mi modo de ver ha explicado mejor el origen de toda esta densa neblina gris de ideas que nos rodean y organizan nuestra conducta. El filósofo alemán explicó que, si organizamos la sociedad en una estructura vertical, en la parte más alta, la cúspide, se encuentran lo que ahora llamamos las élites o los que mandan. No los políticos que son los que obedecen a los que mandan, es importante distinguir ese detalle no menor. Quienes se encuentran en la parte más alta de la escala social son los que han creado esa nube gris de ideas con el fin de organizar la conducta de los segmentos sociales de abajo. ¿A quien le atribuye Nietzsche la función de propalar la conformación de la nube gris alrededor nuestro? A los filósofos.En el mundo real son los propietarios de toda una maquinaria de la mentira mundial dispuesta para hacer más densa la neblina.
Platón, creía que aquellos que aquí se ha considerado una inmensa neblina gris de ideas distorsionadas que nos hacen mirar y comportarnos en el mundo de acuerdo al pensamiento que favorece más a los intereses de las élitesque a nosotros mismos era, en su opinión, un mundo “brillante”. Ideas eternas que habían existido desde siempre, pero creadas por una fuerza cósmica de carácter místico a las que se podía tener acceso por medio del pensamiento, la reflexión y concentración dirigida hacia un mundo cósmico perfecto que esperaba el avance de la humanidad hacia ese mismo sitio de la perfección. Lo anterior de acuerdo al pensamiento e interpretación de filósofos de la escuela de Frankfurt. Pero aparece Nietzsche, como se ha expuesto. Nietzsche fue categórico en su crítica: los del mundo perfecto, de las ideas universales que deambulaban en el espacio, lo pensaban los filósofos de la élite que habían llegado como conquistadores de los auténticos griegos. Y tenía razón, para poder contemplar el mundo y acercarse a la perfección tenían como respaldo a miles de esclavos que hacían el trabajo del que se habían librado los filósofos y guerreros de la élite helénica.
En la realidad, cuando una persona es lanzada al mundo, cuando nace, puede “caer”en una cuna de “oro” o de “barro”, según sea la el caso o la suerte. Al recién nacido el mundo de las ideas de esa nube gris lo va alimentar con prenociones que individualizarán la experiencia de haber sido lanzado (a) a este mundo de las limitaciones y no otro (porque la mayoría cae por lógica en el “área del sufrimiento”) que es la mega franja donde habita la mayoría. La cuna de barro. Lo harán responsable a él y únicamente a él de su condición, situación social y lugar que ocupa en la escala social. Será integrado a una especie de“su suerte” en un devenir histórico en donde, según las ideas dominantes, unos nacen para gobernar y otros para obedecer, según establece una de las mejores frases construidas por las élites y que persisten en esa neblina gris. No porque sea verdad, sino que se trata en realidad de una mentira de ese mundo en el que, por otro lado, se ha construido la falsa creencia (el mito) de que existen minorías “elegidas”cuya presencia en el mundo es la de “gobernar” el destino de todos.
Salir de ese mundo, abandonar la neblina gris, es verdaderamente una odisea, algo extraordinario pues además los sistemas educativos y sociales, el saber cotidiano, casi todo, está encadenado a la neblina gris. En la vida cotidiana, las élites, los que mandan, junto con los que se encuentran en la cúspide de la estructura del poder del mundo, han creado un cuerpo de intérpretesque indican qué es lo que se debe de entender como verdad y qué es lo que se debe de creer como mentira. Aunque tiene sus límites y ahí está el ejemplo de Donald Trump, destruido ante una opinión pública tan conservadora como la estadounidense. Ahora, las redes sociales y las nuevas tecnologías como la Inteligencia Artificial cuyos dispositivos se cargan con información para que el algoritmo se incline hacia la nube gris. A esta zona gris pertenecen los periodistas como Sergio Sarmiento.
Según Sarmiento “todos mentimos”. Pues no. La mentira como se ha expuesto está encadenada al pensamiento cuya constitución está asociado con quienes se encuentran en la cúspide de la escala social, los poderosos, las élites del poder, los que mandan, las empresas multinacionales, los grandes socios de las administradoras de los fondos de pensiones de los trabajadores del mundo (la gran estafa del siglo XX), la banca mundial, las naciones imperiales, sionistas, los “inventores” de la IA. Por fortuna, en esa densa neblina gris existen desde siempre destellos de luz que iluminan y compiten con la densidad impuesta por la mentira. Aquí, en este caso, la luz está asociado con la verdad y la verdad no es una idea abstracta sino una guía que orienta la conducta de mujeres y hombres que a lo largo de la historia han ofrendado su vida por la verdad, por combatir a la mentira. Ofende el señor Sarmiento a la humanidad, a la historia de millones de vidas que han sido cegadas en su lucha por combatir a la mentira.
El señor Sarmiento es un mentiroso como lo ha reconocido. Ahora bien, lo más grave no es eso precisamente, el reconocerse como mentiroso, que miente. Lo grave es el por qué el señor Sarmiento es un mentiroso y a quién sirven sus mentiras. El señor Sarmiento trabaja como opinador de una empresa que es propiedad de Salinas Pliego. Televisión Azteca es una empresa que se ubica en la lógica de cuyos propietarios forman parte de las élites arraigadas en la parte más alta de la escala social en México y como hombre que es poseedor de una enorme fortuna de la élite de super millonarios del mundo, del 1 por ciento de la población mundial. Esas empresas, aunque de una élite criolla, se sienten poseedoras de un “espíritu” que, como diría Nietzsche, más allá de la verdad y la mentira en su sentido extramoral, se sienten poseedoras de un “espíritu” (pathos) muy similar al que siente un mosquito por el hecho de vivir una fracción de segundo: el creerse único en el mundo y, por tanto, con el derecho a crear su propio mundo, aunque sea mentira.A ellos sirve Sarmiento con ser un es un mentiroso.
Es la misma mentira con la que el cazador y pastor de rebaños, allá por los primeros años en que los pequeños grupos humanos lograron asentarse, se convirtieron de humildes hombres y mujeres de carne y hueso en “dioses”.
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