
- «Los patrones en México han sido astutos para que se condene a los servidores públicos, pero esconden y hasta justifican la responsabilidad de los empresarios».
Por Álvaro Delgado
Las complicidades de Guadalupe Taddei con el contratista José Alfredo Hernández Casillas en el Instituto Nacional Electoral (INE) son tan llamativas como las de Rosario Robles con el empresario Carlos Ahumada —romance y ambición mezclados con negocios chuecos—, pero estos escándalos ocultan la profunda corrupción en el sector privado que van desde los gasolineros que no dan litros de a litro, que hacen obras con materiales de mala calidad y que no facturan para evadir impuestos hasta los que mantienen una simbiosis con el poder político que explica sus grandes fortunas. Hay dos ejemplos elocuentes: Claudio X. González Laporte y Ricardo Salinas Pliego, incondicionales ambos de Carlos Salinas de Gortari, el padre de la cleptocracia moderna, los fraudes electorales y los crímenes de Estado contra opositores y hasta de casa, como Luis Donaldo Colosio.
Los patrones en México han sido astutos para que, cuando estallan los escándalos de corrupción, se condene —con razón— a los servidores públicos que traicionan la confianza social, pero omiten, esconden y hasta justifican la responsabilidad de los empresarios que obtienen los contratos a cambio de sobornos e influyentismo. Que no se confunda: Tan deleznable es la corrupción gubernamental como la del sector privado, y cuando estas complicidades se dan entre presidentes de la República y magnates es cuando esta corrupción —corrupción, no tonterías— alcanza toda su pestilencia.
Eso es lo que ha ocurrido con la gran mayoría de los multimillonarios en México, que lo son por sus complicidades con el poder público y las concesiones y contratos que les otorga, en una simbiosis que les ha permitido imponer gobernantes, legisladores y jueces, pero también autoridades electorales, no por un compromiso con la democracia, sino precisamente para conservar y ampliar privilegios.
Esa fue la lógica de Claudio X. González Laporte para imponer a una empleada del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) que él presidía, Alejandra Latapí Renner, como consejera del Instituto Federal Electoral (IFE), en 2003, cuando el PRIAN de Elba Esther
Gordillo y Felipe Calderón lo capturó con Luis Carlos Ugalde como presidente, una pieza de los negocios energéticos de Jesús Reyes-Heroles González-Garza. Esa misma lógica de intereses siguió el hijo del magnate, Claudio X. González Guajardo, cuando formalizó, en 2021, la coalición PRI-PAN-PRD, con el apoyo del INE de Lorenzo Córdova y la intelectualidad de Héctor Aguilar Camín y Enrique Krauze. Les enfurece que se les recuerde, pero para eso es también el periodismo.
A muchos se les olvida también y otros no lo saben, pero el clan de Claudio X. González Laporte es protagonista de un inaudito robo –sí, robo– multimillonario a la población más vulnerable del país. El caso ilustra también la hipocresía de este clan ladrón que, en 2016, creó el grupo Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI), encabezada ahora por una alta funcionaria del gobierno de Fox, María Amparo Casar Pérez, beneficiaria indebidamente con dinero público por el suicidio de su marido.
Veámos: Entre 2008 y 2014, en los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, la empresa Kimberly Clark de México, cuyo presidente del consejo de administración es González Laporte y que dirige su hijo Pablo Roberto, hermano de Claudio, se amafió con los empresarios de Productos Internacionales Mabe y Essity Higiene y Salud México para encarecer los precios de pañales desechables para bebés y adultos mayores, así como para la gestión menstrual de mujeres.
El plan de encarecer los precios de estos productos básicos para niños, mujeres y adultos mayores no fue porque la empresa de los Claudio X. estuviera en crisis. De hecho, como publicó Sin Embargo, sus marcas como Huggies, Kleen Bebé, PullUps, Kotex y Depend eran las de mayor circulación en el mercado mexicano. Era sólo ganar más dinero, manipulando el mercado con las otras empresas, como se acreditó en la investigación de la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece), donde quedó claro que el “autor intelectual” del robó fue de Kimberly Clark de México, que además de convocar a las reuniones secretas, dictaba el aumento de los precios de los productos.
Según la Cofece, estas prácticas provocaron ganancias para las empresas involucradas de mil 567 millones 36 mil 589 pesos, razón por la que impuso multas de 313 millones 473 mil pesos. La conclusión es que miembros de este clan, además de los privilegios en contratos y concesiones de los gobiernos del PRIAN, robaron a los más débiles. ¡Miserable ladrones!
El caso de Salinas Pliego es parecido: Si bien González Laporte tiene larga trayectoria en los organismos patronales y el presidente de Grupo Salinas se dedicó más a sus empresas minoristas, Salinas de Gortari los juntó en su mismo proyecto cleptocrático. Mientras el primero era asesor presidencial, el segundo obtuvo la concesión para crear TV Azteca, en 1993, con un “préstamo” de 30 millones de dólares de Raúl Salinas de Gortari.
Los Claudio X. González, padre e hijo, se hermanan con Salinas Pliego en su talento para evadir y eludir impuestos, con su relación con el poder público y con ejércitos de abogados para litigar, pero también en sus posiciones de extrema derecha: El padre del dueño de TV Azteca, Hugo Salinas Price, confesó en su libro de memorias Mis años en Elektra, que esta empresa nació para evadir impuestos, pero además que financió al grupo de choque MURO, junto con la CIA de Estados Unidos.
Y ahora que los Claudio X. González se han agotado como enemigos de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y de Andrés Manuel López Obrador durante décadas, contraquienes tramaron y ejecutaron con otros los fraudes de 1988, 2006 y 2012, entra al relevo Salinas Pliego como jefe de la oposición, agrupando a toda la ultraderecha partidaria, empresarial, mediática e intelectual, que se refugia en Televisión Azteca.
El mugrero en el INE de Guadalupe Taddei debe tener consecuencias jurídicas contra ella y sus cómplices, y las tendrá también políticas para Morena —que sí alcahueteó a esa mujer—, pero la podredumbre empresarial no puede quedar impune, como siempre ha quedado. A los políticos y funcionarios corruptos hay que señalarlos, pero también a los corruptores del sector privado que encubren todos los organismos, como el CCE, la Coparmex y la Concanaco. Miserables ladrones.
Un apunte final: Estos mismos empresarios, los Claudio X. González y Salinas Pliego, aborrecieron siempre a Cárdenas, hasta que dejó de ser un peligro para sus intereses. Y cuando el peligro para estos mismos intereses fue López Obrador, entonces ellos, y hasta Salinas de Gortari y sus achichincles, quisieron inflar al ingeniero. Hipócritas.



