
Por Rafael Alfaro Izarraraz
Hace aproximadamente cien mil años terminó la Era del hielo. Es decir, la lógica que envolvía a la tierra perdió la fuerza que la había creado y los ciclos de la Era del hielo dejaron de repetirse para dar lugar a una nueva Era de la que apenas en este momento somos testigos la de la Era Térmica o como se le vaya a conceptualizar. Para efectos de la vida humana, y no hace sino hasta unos 10 mil años que los hielos empezaron a retirarse, de lo que ahora es el Ecuador y que divide al planeta en norte y sur.
Luego de cien mil años, las evidencias de la Era del hielo se pueden mirar y sentir de diferente manera. En las elevaciones montañosas que ahora forman parte de algunos deportes de algo riesgo, como son el subir los monumentales montes himalayos y habrá más por supuesto como pueden ser las cordilleras latinoamericanas al sur del continente. Y por supuesto los polos del planeta hacia el norte y el sur de los continentes americano, euroasiático y el sur del continente latinoamericano. Habrá muchos más.
El sapiens apareció en el planeta hace aproximadamente, 300 mil años. Otros antecedentes humanos surgieron hace millones de años. Lo cual quiere decir que los prehomínidos y los homínidos vivieron y pudieron soportar esta cruda etapa de la vida en el planeta y lograron sobrevivir. El cuerpo dotado de cerebro le permitió encontrar opciones y alternativas para sobrevivir cuyas características se pueden apreciar en la vida de los polos, en habitan poblaciones humanas y del ambiente natural.
Así como la Era del hielo su inicio y fin significó un cambio sustancial en la vida del planeta, a nuestra generación tiene asignado mirar lo que a todas luces constituyen los últimos resabios de esa era y el nacimiento de otra pero que vive un periodo intermedio llamado del holoceno que inició hace aproximadamente 11 mil a 10 mil años. Lo que se llama el periodo de las grades civilizaciones se incrusta en esta fase del holoceno, de hace cinco mil años. Algunas de las características del fin de la Era del hielo sirvieron para forjar un tipo de geografía favorable a la vida humana.
El deshielo general del planeta, pero de manera particular de las grandes elevaciones montañosas crearon al cabo de miles de años zonas pantanosas, valles y pastizales, lagos, ríos y costas en torno a cuyos escenarios nacieron las primeras aldeas y ciudades. Miles de seres humanos abandonaron la vida que la era glaciar les había impuesto. Todavía en el sur de México y del continente (en Brasil, específicamente) se cuenta con reservas (no son por supuesto los únicos lugares) en donde se conserva parte de esa magia natural. África, es, sin duda, espectáculo aparte.
El planeta tiene su propia vida y no dependen más que del universo del que forma parte. Y si el universo depende de un “motor” o un “arquitecto” del universo, lo único real es que el planeta tierra cambia con el paso del tiempo. Por lo menos esto se puede decir, hasta hace unos 200 años para acá. Desde el siglo XIX y XX, sobre todo, ya no se puede afirmar lo mismo, porque en la tendencia en el cambio de la vida del planeta, frente a la mano la propia lógica del sistema que regula a la propia tierra, la aceleración de la vida se ha sumado al deshielo de la Era del hielo.
Por aceleración debe entenderse a una cierta tendencia que persiste en todo el mundo: que la población que ha crecido de 500 millones en siglo XV a ocho mil millones de personas, en la actualidad; se requiere más agua, alimentos, vestido, vivienda; las ciudades y su infraestructura en la que se vive requiere de mejoras e incrementos brutales: parques, áreas de recreo, diversión, luz, calles, drenaje, comunicaciones; la sociedad ha cambiado y el tipo de consumo, las mercancías más allá de los alimentos se usan y desechan por miles de millones como televisores, autos, planchas, computadoras, celulares y así sucesivamente.
Lo que ha llevado a una sobre explotación acelerada de la naturaleza, de lo sagrado, convertido en recurso natural, vendible, porque también la sociedad, su manera de pensar, cambió en los últimos 500 años: pasamos de una sociedad que confiaba en lo divino a otra que colocó sus esperanzas en la ciencia, en lo que mujeres y hombres podían cambiar y transformar a partir de su propio esfuerzo. Nos hemos creído los dueños del mundo, con cierta dosis de soberbia y hemos perdido la humildad ante el universo. Los obstáculos a la acción humana se debilitaron y entramos en un desenfreno marcado por acumular riquezas personales obscenas y por una transformación de la ciencia y los científicos, de empleados a empresarios.
El debilitamiento de los obstáculos espirituales e ideológicos que surgieron en occidente y que fueron duramente atacados favorecieron tendencias egocéntricas en donde humanos y más que humanos creen que su riqueza o poder les da el derecho de decidir el futuro del mundo, como ocurre con Donald Trump o Elon Musk. Sin el más mínimo pudor Musk acumula riquezas cuyo origen es el uso de la tecnología cuyo fin se fundamenta en aniquilar vidas humanas a través del uso de herramientas para dirigir drones y misiles contra la vida. Las tecnológicas creen que ahora pueden dirigir el mundo… Aquí no está la solución a la Era térmica que se avecina.
La acción humana, en lugar de utilizar la inteligencia de que estamos dotados, se ha entregado a acelerar una tendencia que podría atenuarse o, en última instancia, tal vez hasta cambiar su dinámica que para los científicos formados en la ciencia que surgió en el siglo XV y XVI, apegados a leyes físicas podría parecer tonta e imposible. Comprada como está la ciencia y los científicos por las multinacionales ni siquiera se ponen a pensar en eso debido a los cambios que han ocurrido. Antes estuvieron ocupados en desarrollar las ideas de quienes les pagaban; ahora: ciencia, científico y empresario son lo mismo.
La ciencia moderna se ha rendido ante el dinero o mejor dicho la ciencia ha pasado de empleada de las grandes multinacionales a ocupar un lugar como empresario y empleador de científicos. El científico empresario es la transición que ha ocurrido en el mundo occidental y que nadie cuestiona porque están encumbrados en la cúspide del poder. La misma ciencia se ha olvidado de su valor crítico de la sociedad. En la Era térmica, el científico se ha convertido en empresario de la tecnología, pero esa tecnología tiene un tiente rojo que muestra con evidencias hasta donde llegaron los límites de la ciencia mal utilizada y sin control social.
La ciencia como empresa y la empresa misma se han entregado a la explotación sin restricciones del petróleo. ¿Cuáles serán las consecuencias de la extracción ya de un siglo de petróleo en diversas regiones del mundo? La ciencia debería estar ocupada en valorar el impacto que tendrá en las “profundidades de la tierra”. Las multinacionales petroleras que también son las que controlan los grandes centros de investigación privadas en la anglosfera no lo harán nunca. El mundo científico invertido. Los científicos pasaron de empleados a empresarios y la ciencia utilizada contra la vida humana.
¿Qué es el tipo de empresario, científico y político de la ultraderecha moderna como Elon Musk? Los antiguos filósofos y precursores de los actuales científicos se preocupaban por el cuidado de uno mismo o “cuidado de sí”, es decir, de la parte espiritual, del alma humana. Ahora, se adula a quienes con tecnologías espaciales dirigen las modernas armas digitales que vigilan y si te sales de esa vigilancia te quitan la vida así seas el líder de una poderosa nación como ocurrió con el intento de asesinato de Vladimir Putin, la muerte del Ayatola Jamenei (el 28 de febrero pasado) cuando también murieron 68 niñas en la escuela de la ciudad de Minab producto de un misil lanzado por EU.
Resulta estremecedor la decisión del gobierno iraní de abandonar los tratados sobre armas nucleares, pero también es entendible que la aceleración de las amenazas los ha orillado a ello. El mundo está en un reinicio, ¿la clave está en China, Rusia, Irán, México o de las manifestaciones de jóvenes en todo el mundo?
Una sociedad que atienda el alma humana podrá cuidar la casa donde vive así como a sus moradores en un contexto de la Era térmica que se avecina.
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