- Cuauhtémoc Cárdenas murió a los 92 años. Rompió con el PRI, denunció el fraude de 1988 y ganó la capital en 1997. Su legado marcó la transición a la democracia.
Ciudad de México, 28 de octubre (SinEmbargo).– “Ceder en los principios, caer en el oportunismo, tolerar indignidades, sería traicionar el compromiso revolucionario”. Así respondió Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano a la dirigencia del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en marzo de 1987, cuando la cúpula del partido comenzó a cerrar el paso a la Corriente Democrática que había impulsado junto con Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y otros dirigentes.
Lo ocurrido lo relató el ingeniero en su libro Sobre mis pasos (Aguilar, 2010), en donde narró cómo se posicionó contra el entonces presidente priista, Jorge de la Vega Domínguez, quien había advertido que el partido no toleraría disidencias internas. Fue el comienzo de una ruptura que cambiaría el rumbo de la política mexicana y llevaría al hijo del expresidente Lázaro Cárdenas del Río a enfrentarse al régimen del que había formado parte durante décadas.
Cuauhtémoc Cárdenas, uno de los principales protagonistas de la transición democrática mexicana y referente histórico de la izquierda nacional, falleció este miércoles 28 de octubre, a los 92 años de edad. Su muerte cierra una trayectoria política de más de seis décadas, marcada por su ruptura con el régimen priista, la candidatura presidencial de 1988 y la denuncia del fraude electoral que llevó a Carlos Salinas de Gortari al poder.
Gobernador de Michoacán, tres veces candidato a la Presidencia de la República, fundador del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y primer Jefe de Gobierno del Distrito Federal elegido por voto popular, el ingeniero Cárdenas deja una huella profunda en la historia contemporánea del país, la de un líder de la izquierda que desafió al partido que lo formó, contribuyó a organizar a la oposición y abrió camino a una nueva etapa de pluralidad política, aunque nunca logró llegar a la Presidencia.
Fue el 23 de septiembre de 1987, cuando la confrontación de Cárdenas con el PRI alcanzó uno de sus momentos más significativos. La Corriente Democrática había organizado una marcha de 100 horas ininterrumpidas en el Zócalo capitalino para exigir que el candidato presidencial del PRI fuera elegido democráticamente y no mediante la imposición del Presidente Miguel de la Madrid. Al concluir la movilización, una pequeña comisión encabezada por Ifigenia Martínez y César Buenrostro se dirigió a la sede nacional del partido para entregar sus demandas. En el camino, según relató Cárdenas en su libro, los manifestantes encontraron un despliegue de tanquetas y policías armados. El jefe de la policía capitalina, José Domingo Ramírez Garrido Abreu, se encontraba a bordo de uno de los vehículos blindados. La comisión logró llegar a las oficinas del PRI, pero no encontró a ningún dirigente que recibiera sus exigencias.
Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, marchan al Zócalo capitalino como parte de la «Movilización de las 100 horas». Foto: Pedro Valtierra, Cuartoscuro.
“Fue esa marcha el último acto público de la Corriente Democrática dentro del PRI”, recordaría Cárdenas más de dos décadas después. El 4 de octubre de ese año, el partido anunció la candidatura presidencial de Carlos Salinas de Gortari, elegido por De la Madrid. Los integrantes de la Corriente tuvieron que decidir entonces entre aceptar la imposición, abandonar la lucha política o desafiar al régimen desde fuera. Cárdenas eligió la ruptura. El 14 de octubre aceptó la candidatura presidencial del Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), iniciando el camino que lo llevaría a encabezar el Frente Democrático Nacional (FDN) en las elecciones fraudulentas de 1988.
1988: la caída del sistema y la denuncia del fraude
El 6 de julio de 1988, después de una campaña de ocho meses en la que había visitado 746 poblaciones y participado en mil 207 actos públicos, Cárdenas acudió a votar acompañado de su esposa, Celeste Batel, sus hijos Lázaro y Cuauhtémoc, dirigentes del Frente Democrático Nacional y una multitud de periodistas. La casilla estaba ubicada en Polanco, a unos pasos de su domicilio. En sus memorias relató que había votado para Presidente por Superbarrio, personaje emblemático de la Asamblea de Barrios, como un reconocimiento a la lucha de ese movimiento popular. Sin embargo, la aparente tranquilidad de aquella mañana pronto se transformó.
“Pasado el mediodía empezamos a recibir informaciones, de diferentes partes del país, de casillas en las que por la fuerza no se había permitido el acceso a los representantes acreditados del FDN, de su expulsión a punta de pistola en otras. Hubo actitudes violentas de autoridades, de rechazo a las protestas presentadas según los procedimientos de la ley. No esperábamos, con los antecedentes que teníamos, una jornada ni fácil ni tranquila en ese día, pero los reportes de irregularidades, por llamarles de algún modo, sobrepasaban todo lo previsto”, escribió en su libro.
Ante la gravedad de las denuncias, Cárdenas se reunió aquella tarde con Manuel J. Clouthier, candidato presidencial del PAN, en el departamento de Luis H. Álvarez, entonces dirigente panista. Ahí acordaron, junto con otros representantes opositores, denunciar las irregularidades y convocaron a Rosario Ibarra de Piedra, candidata presidencial del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), para que se sumara a la protesta.
Mientras preparaban el documento que presentarían ante las autoridades electorales, ocurrió uno de los episodios más recordados de aquella jornada cuando se interrumpió el sistema oficial de información de los resultados electorales. Esa noche, los tres candidatos acudieron a la Secretaría de Gobernación, donde Rosario Ibarra leyó ante Manuel Bartlett, entonces presidente de la Comisión Federal Electoral, el documento «Llamado a la legalidad», en el que denunciaron las irregularidades y advirtieron que no reconocerían resultados provenientes de hechos fraudulentos.
Cárdenas recordó en sus memorias el ambiente que se vivió aquella noche en Gobernación, cuando los candidatos opositores acudieron a denunciar lo ocurrido ante el propio funcionario responsable de organizar las elecciones.
“Desde que entramos al Salón Juárez se sentía el aire pesado, denso. La situación era sumamente tensa. Durante toda la lectura del documento Manuel Bartlett mantuvo el gesto más adusto que de costumbre. Escuchó y de hecho nada dijo en su respuesta. Salimos y en una terraza de la propia Secretaría, con los representantes de los medios un piso abajo, Rosario Ibarra leyó de nueva cuenta el documento”, narró el ingeniero.
En Sobre mis pasos, Cárdenas reconstruyó también el episodio que provocó la interrupción del cómputo. Durante la sesión de la Comisión Federal Electoral se habían presentado cifras que daban el triunfo al PRI en el distrito de Tula, Hidalgo. Sin embargo, el representante del PARM exhibió un acta firmada por funcionarios electorales y representantes de todos los partidos, incluido el oficial, que contenía resultados diferentes. La sesión se interrumpió y dejaron de difundirse las cifras electorales.
“Reunido el pleno de la Comisión, presidido como la ley lo establecía por el Secretario de Gobernación, aparecieron en pantalla y se dio lectura, en actitud triunfalista, a las cifras oficiales de la elección en el distrito de Tula, favorables, señalaban, al candidato oficial. Y ahí sucedió lo inesperado para los representantes del gobierno y del partido oficial: el representante del PARM pidió la palabra y dijo que tenía en su poder y exhibió el acta levantada en la junta distrital, firmada por los funcionarios electorales y por los representantes de todos los partidos, incluido el PRI, con cifras distintas a las presentadas como oficiales”, escribió Cárdenas.
“Fue entonces cuando se cayó y se calló el sistema”, añadió el ingeniero, quien sostuvo que la información oficial permaneció suspendida durante más de 72 horas.
El Gobierno de De la Madrid terminó reconociendo la victoria de su abanderado Carlos Salinas de Gortari, mientras el Frente Democrático Nacional denunció un fraude de grandes proporciones que impidió conocer con certeza la voluntad expresada en las urnas.
Cárdenas recordaría también los días de indignación que siguieron a aquella elección, cuando multitudes se concentraron en el Zócalo para denunciar el fraude. En su libro rechazó las versiones de que sus seguidores le hubieran exigido encabezar una insurrección armada para tomar Palacio Nacional. Explicó que la decisión de mantener la protesta dentro de los cauces pacíficos y constitucionales respondía a la convicción de que una confrontación violenta habría provocado una masacre y fortalecido el autoritarismo.
“En momentos de irritación y de euforia colectivas, podía haberse lanzado a la gente contra edificios o sitios simbólicos, como el Palacio Nacional, en alguna de las grandes concentraciones en el Zócalo. Quien lo hubiera hecho habría cometido no sólo un acto de inmensa irresponsabilidad, sino un verdadero crimen, pues se hubiera pagado un altísimo costo en sangre y represión”, escribió Cárdenas al explicar por qué se opuso a la posibilidad de recurrir a la violencia para desconocer los resultados electorales.
Años después, según testimonios que le compartieron antiguos funcionarios, supo que dentro de Palacio Nacional se había concentrado un contingente militar fuertemente armado, con artillería y vehículos blindados, preparado para intervenir si recibía la orden.
La vía que eligió Cárdenas fue continuar la organización política que desembocaría, en 1989, en la fundación del Partido de la Revolución Democrática (PRD).
El triunfo capitalino entre dos derrotas presidenciales
Después de encabezar la fundación del PRD en 1989 y presidirlo entre 1990 y 1993, el ingeniero volvió a contender por la Presidencia de la República en las elecciones de 1994, esta vez como candidato del partido que había contribuido a construir. La campaña estuvo marcada por el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas, el asesinato del candidato priista Luis Donaldo Colosio Murrieta y un ambiente de incertidumbre política. Cárdenas recorrió nuevamente el país convencido de que existían condiciones para derrotar al PRI, pero los resultados oficiales lo colocaron en tercer lugar, detrás de Ernesto Zedillo y Diego Fernández de Cevallos.
En Sobre mis pasos, el ingeniero relató cómo recibió los primeros resultados de aquella elección del 21 de agosto de 1994 y el desánimo que provocaron entre sus colaboradores.
“El día de la elección, a primeras horas de la tarde, empecé a conocer los resultados, los que no parecían favorables. Esperaba yo una votación no sólo mejor, sino incluso ganadora, debido a la respuesta y a la intensa movilización que había encontrado en los recorridos por el país: era la forma de auscultar y valorar cómo se movía la opinión electoral, pues aunque se conocía la importancia de las encuestas hechas en serie, no se contaba con recursos para realizarlas, lo que hubiera sido sin duda deseable. Al conocer los resultados oficiales se produjo desaliento en el equipo”, escribió.
Un día después de los comicios, Cárdenas convocó a sus seguidores al Zócalo capitalino. La plaza se llenó, pero el ambiente era distinto al de las concentraciones de 1988. En sus memorias recordó que había tristeza entre los asistentes y que, ante los resultados adversos, consideraba necesario revisar la fuerza real de su movimiento y las posibilidades de continuar la lucha. El ingeniero denunció irregularidades en el padrón electoral, el uso de recursos públicos en favor del PRI y la desigualdad en el acceso a los medios de comunicación, aunque reconoció que no podía proclamarse vencedor de aquella elección.
“Yo no me proclamo, en este momento, triunfador, pero nadie con responsabilidad puede aceptar los resultados que oficialmente se nos están dando”, sostuvo en el discurso del 22 de agosto de 1994, recuperado en sus memorias. Más adelante afirmó: “El fraude no es derrota, el fraude es fraude y si no logramos derrotarlo en las urnas lo derrotaremos con nuestra firme determinación de restaurar la legalidad”.
Su mensaje concluyó con una advertencia sobre el futuro de su movimiento: “La lucha no ha terminado. Simplemente empieza una nueva etapa”.
Y así fue.
Esa nueva etapa llegaría en 1997, cuando por primera vez en la historia del Distrito Federal, sus habitantes pudieron elegir mediante el voto popular al titular del gobierno capitalino. Una Reforma Política de 1996 había abierto esa posibilidad después de décadas en las que el Presidente de la República designaba al Jefe de Gobierno, llamado entonces regente. Cárdenas decidió buscar la candidatura del PRD, aunque reconoció que al principio dudaba de que el régimen estuviera dispuesto a entregar el control político de la ciudad a un partido opositor.
“Era difícil creer que el régimen de partido de Estado pudiera soltar el control político de la capital”, escribió. La decisión fue discutida con Celeste Batel, sus hijos y colaboradores cercanos, quienes comenzaron a elaborar un proyecto para la ciudad. El 27 de enero de 1997 anunció que buscaría la candidatura perredista y el 2 de marzo derrotó en la elección interna a Porfirio Muñoz Ledo, su antiguo compañero en la Corriente Democrática. Después inició una campaña bajo las consignas “Juntos haremos una ciudad para todos” y “¡Por ti y por tu ciudad!”.
El 6 de julio de 1997, exactamente nueve años después de aquella elección presidencial fraudulenta marcada por la caída del sistema, Cuauhtémoc Cárdenas volvió a acudir a las urnas acompañado de su familia. Esta vez, sin embargo, la historia sería distinta. En las primeras horas de la noche, mientras esperaba los resultados junto con sus colaboradores en el Hotel Camino Real, comenzaron a llegar noticias favorables.
“El día de las elecciones, al caer la noche, nos reunimos el equipo de campaña, amigos y dirigentes del partido, en un salón del Hotel Camino Real, para esperar los resultados de la elección. Tenía confianza en obtener una votación favorable por la respuesta que había encontrado y lo que indicaban las encuestas realizadas, pero tenía al mismo tiempo la duda de que se aceptara entregar el gobierno de la capital a la oposición y en particular a mí”, relató Cárdenas en sus memorias.
Y continuó: “La información que fue llegando era favorable. Había alegría en todos los reunidos. A eso de las nueve de la noche ya no había duda del resultado, que estaban dando a conocer los medios de información, y más o menos a esa hora entró una llamada del presidente Zedillo para felicitarme por el triunfo electoral. Se había ganado la Jefatura de Gobierno”.
Cárdenas obtuvo alrededor del 48 por ciento de los votos, frente al 25.6 por ciento del priista Alfredo del Mazo. El resultado representó una victoria histórica para la izquierda mexicana pues por primera vez, un dirigente opositor gobernaría la capital del país mediante el voto popular.
Además, el PRD conquistó 38 de las 40 diputaciones locales de mayoría relativa. Ese mismo día, el PRI perdió por primera vez la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados, mientras el partido fundado por Cárdenas obtuvo 126 legisladores federales. El ingeniero asumió la Jefatura de Gobierno el 5 de diciembre de 1997, convirtiéndose en protagonista de una transformación que había comenzado casi una década antes, con las movilizaciones contra el resultado presidencial de 1988.
Cuauhtémoc Cárdenas durante su campaña por la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal en 1997, cuando se convirtió en el primer gobernante de la capital elegido mediante el voto popular, con cerca del 48 por ciento de los sufragios. Foto: Cuartoscuro.
El triunfo en la capital también reabrió la posibilidad de que Cárdenas buscara por tercera ocasión la Presidencia de la República. En septiembre de 1999 decidió separarse definitivamente de la Jefatura de Gobierno, cuando todavía faltaban meses para concluir el periodo para el que había sido elegido. En su libro explicó que no consideraba correcto mantener una responsabilidad de gobierno mientras desarrollaba una campaña presidencial que exigiría su atención de tiempo completo. La Asamblea Legislativa designó a Rosario Robles Berlanga para concluir su administración.
En las elecciones del 2 de julio de 2000, Cárdenas encabezó la coalición Alianza por México, integrada por el PRD, el Partido del Trabajo y otras tres organizaciones políticas. Su principal adversario opositor fue Vicente Fox Quesada, candidato del PAN, quien había conseguido concentrar un amplio respaldo ciudadano bajo la promesa de terminar con siete décadas de gobiernos del PRI, partido con el que se alió ya en el poder.
En Sobre mis pasos relató que aquella jornada electoral comenzó con un gesto singular. Al igual que en 1988, cuando escribió en la boleta el nombre de Superbarrio, esta vez depositó su voto presidencial por otra persona, el académico y exrector de la UNAM Pablo González Casanova. Por la tarde acudió a su casa de campaña, donde unas 300 personas, entre familiares, amigos, colaboradores y representantes de los partidos de la alianza, esperaban los resultados. Las primeras encuestas no le eran favorables.
“Alrededor de las 9 de la noche me encontraba reunido en mi oficina con Celeste, Cuate, Camila, Lucas de la Garza, que había sido el coordinador del equipo de campaña, Adolfo Gilly, Imanol Ordorika, Ildefonso Aguilar y unos cuantos amigos más. Las primeras encuestas de salida de diferentes encuestadores, cuyos resultados conocí poco después del mediodía, no aparecían favorables”, recordó Cárdenas.
Conforme avanzó la noche, quedó claro que la victoria correspondería a Vicente Fox, mientras Cárdenas terminaría nuevamente en tercer lugar. Sin esperar a que el Gobierno o el PRI reconocieran la derrota, el ingeniero decidió dirigirse a sus seguidores y admitir que las tendencias electorales favorecían al candidato panista. En su mensaje destacó que, pese a no haber obtenido la Presidencia, el movimiento que había comenzado con la ruptura del PRI en 1987 había contribuido al debilitamiento del régimen de partido de Estado.
“Hemos logrado algo muy importante. En esta elección se ha iniciado el desmantelamiento del régimen de partido de Estado. Este es un logro muy importante, del cual nosotros debemos preciarnos y al cual hemos dado nosotros una contribución decisiva”, expresó aquella noche, según el discurso que reprodujo en su libro.
Cárdenas reconoció la alternancia política, pero advirtió que la salida del PRI de la Presidencia no significaba necesariamente que México hubiera alcanzado una democracia plena ni que se hubieran resuelto los problemas de desigualdad y pobreza. Su proyecto político, insistió entonces, tendría que continuar desde la oposición.
Lo cierto es que aquella sería su última candidatura presidencial, después de tres contiendas que acompañaron algunas de las transformaciones más importantes del sistema político mexicano.
“La lucha es larga, pero conociéndonos, conociéndolos, ¿qué son unos cuantos días más? Aquí no hay ni puede haber desánimos ni flaquezas. Vamos para adelante con la misma convicción y la misma decisión”, expresó Cárdenas en aquel discurso del 2 de julio de 2000.
La ruptura con el PRD y sus diferencias con la 4T
Cárdenas nunca dejó de mirar críticamente incluso a las fuerzas políticas que contribuyó a construir. En noviembre de 2014, el ingeniero rompió con el Sol Azteca después de 25 años de militancia en el PRD. Cárdenas había advertido reiteradamente sobre la pérdida de rumbo de la organización, su sistema de cuotas internas, el abandono de sus principios y la creciente distancia respecto de las causas sociales que le dieron origen.
El 16 de noviembre, Cárdenas exigió públicamente la renuncia de Carlos Navarrete Ruiz y de todo el Comité Ejecutivo Nacional del PRD, así como la integración de una dirigencia provisional que representara a las bases y a las distintas corrientes del partido. El ingeniero advirtió que la organización atravesaba una profunda pérdida de autoridad moral y corría el riesgo de convertirse en una simple franquicia electoral.
Para el 25 de noviembre sostuvo un encuentro público con Navarrete y el secretario general Héctor Bautista, pero no consiguió acuerdos sobre la reconstrucción del partido. Esa misma noche presentó su renuncia irrevocable mediante una carta dirigida al Consejo Nacional, en la que denunció que sus críticas habían sido ignoradas durante años y rechazó seguir compartiendo responsabilidades por decisiones tomadas, según sus palabras, por “miopía, oportunismo o autocomplacencia”.
Un día después de presentar su renuncia, Cárdenas acudió a una reunión de su Fundación para la Democracia en el Hotel Krystal Grand de la Ciudad de México. Vestía un traje claro y recibió a la prensa con una sonrisa despreocupada, lejos del ambiente de confrontación que había marcado su despedida del PRD. “Voy a seguir en la lucha, voy a escribir, hablar”, dijo entonces. Descartó fundar otro partido o incorporarse a una fuerza política diferente. Poco después salió del hotel y caminó por Paseo de la Reforma acompañado por integrantes de su fundación.
Las diferencias de Cuauhtémoc Cárdenas también se dieron con Andrés Manuel López Obrador y Morena, las cuales se hicieron públicas con el paso de los años. En mayo de 2022, por ejemplo, en una entrevista con Alejandro Páez Varela y Álvaro Delgado para la serie documental y el libro La disputa por México, publicada por SinEmbargo, el ingeniero expresó su preocupación por el rumbo del país bajo el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, un aliado del ingeniero desde la insurgencia electoral de 1988.
“No tenemos un plan de trabajo definido, una visión general de cómo y hacia dónde conducir al país”, sostuvo entonces. Cárdenas consideraba que los grandes problemas nacionales —la pobreza, la desigualdad, el bajo crecimiento económico y la violencia— no encontraban todavía soluciones de fondo. Aunque reconocía avances en programas sociales, obra pública y relaciones internacionales, advertía que las estructuras económicas establecidas durante el periodo neoliberal permanecían en buena medida intactas. Tampoco veía una política suficientemente clara para impulsar la transición energética, un asunto particularmente significativo para quien había dedicado buena parte de su trayectoria a la defensa de los recursos nacionales.
Su posición frente al Gobierno de López Obrador reflejó una independencia política que también lo había llevado a separarse del partido que fundó. En aquella entrevista, Cárdenas cuestionó además la alianza electoral del PRD con el PRI y el PAN, las fuerzas políticas contra las que había encabezado algunas de sus principales batallas. Para entonces llevaba casi ocho años fuera del partido y mantenía distancia respecto de las disputas entre las dirigencias, sin abandonar su interés por la construcción de una alternativa progresista.
No obstante, uno de los desencuentros públicos más notorios entre Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador ocurrió a finales de enero de 2023, cuando el nombre del ingeniero apareció vinculado a Mexicolectivo, una iniciativa impulsada por políticos, académicos y organizaciones civiles que buscaba elaborar una propuesta alternativa de país rumbo a las elecciones presidenciales de 2024.
El proyecto, denominado Punto de partida, fue presentado el 30 de enero en el World Trade Center de la Ciudad de México, con la participación de figuras como Dante Delgado, dirigente de Movimiento Ciudadano; José Narro Robles, exrector de la UNAM; Francisco Labastida Ochoa, excandidato presidencial del PRI; y Patricia Mercado. Cárdenas había sido anunciado entre los participantes, pero no asistió al encuentro.
El episodio escaló cuando el Presidente López Obrador sostuvo durante su conferencia matutina del 31 de enero de 2023 que consideraría a Cárdenas un adversario político si asumía las posiciones del colectivo opositor Mexicolectivo, aunque reconoció su papel como precursor del movimiento democrático. “Es estar con el pueblo o con la oligarquía, no hay más, no hay justo medio”, afirmó.
Horas después, Cárdenas publicó una carta en la que se deslindó de Mexicolectivo. Explicó que había seguido el desarrollo del documento y alentado el intercambio de ideas, pero negó haber sido convocante de la organización. También precisó que había informado anticipadamente a quienes lo invitaron que, por consideraciones de carácter político, dejaría de participar.
El 6 de febrero, López Obrador sostuvo que no pretendía enfrentarse personalmente con el ingeniero. “No me voy a pelear con el Ingeniero”, declaró, al tiempo que explicó que su uso del término adversario respondía a diferencias políticas y no a una enemistad. Cárdenas, por su parte, aseguró el 24 de febrero que su relación con López Obrador seguía siendo de amistad y que no se había roto.
En una entrevista concedida a El País en marzo de 2023, el ingeniero ahondó en el tema e indicó que había sido invitado por Dante Delgado, con quien mantenía una amistad de muchos años, y que durante aproximadamente un año o año y medio conoció los avances en la elaboración de un documento de propuestas. No obstante, aclaró que nunca había convocado a otras personas ni asumido responsabilidades en la organización.
Así, su historia quedó atravesada por su papel democrático, pero también por diferencias y rupturas. Primero con el PRI, al que desafió desde la Corriente Democrática. Después con el PRD, al que cuestionó cuando consideró que había abandonado sus compromisos originales.
Su legado también lo integran las victorias, como la de 1997, cuando conquistó mediante las urnas el Gobierno del Distrito Federal y terminó con décadas de administración capitalina encabezada por funcionarios designados desde la Presidencia. Pero, sobre todo, por la persistencia de un proyecto político que colocó en el centro la soberanía nacional, la justicia social y la democratización del país.
En las primeras páginas de Sobre mis pasos, Cuauhtémoc Cárdenas atribuyó a sus padres, Lázaro Cárdenas y Amalia Solórzano, la influencia decisiva de su formación. Fue también cuidadoso al explicar el propósito de sus memorias, al indicar que no pretendía contar toda su vida, sino dejar testimonio de las decisiones políticas que le correspondió tomar y de las luchas que compartió con varias generaciones de mexicanos.
Su muerte cierra una vida pública de más de seis décadas, durante las cuales pasó de ser heredero de uno de los apellidos más importantes de la Revolución Mexicana a convertirse, por sus propias decisiones, en protagonista de la transición política del país.




