Jornada de Rondallas, Coros y Voces, las Flores que se Abren y nos Deleitan

ANTORCHA coros 2

“Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música…”

(Pablo Neruda).

 

Por Francisco V. Figueroa

La cita con la palabra acompasada, musicalizada, con el reclamo lamentoso de algún sentimiento incomprendido algunas veces, y otras, de franca invitación a la lucha liberadora, no quedó desdeñada; horas antes del inicio de esta especie de guerra florida fraterna, cientos de intérpretes, portadores del canto, niños, jóvenes, adultos, con diferentes oficios cotidianos, provenientes de la región de los volcanes, del valle de Toluca, Chimalhuacán, de las populosas regiones como Atizapán de Zaragoza y Nicolás Romero, afinaban los últimos detalles de su participación ante el público y el jurado calificador.

En Ixtapaluca, sede del evento, dos recintos fueron destinados a servir de escenario esta Tercera Jornada Nacional de Rondallas, Coros y Voces; el auditorio In Xóchitl In Cuícatl y el Centro de Convenciones Ágora, dualidad inseparable en esta sede cultural, como las milenarias montañas que se vislumbran desde este lugar, nítidas, en esta mañana de domingo: el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl.

En el auditorio, el ambiente festivo, de incontables sonrisas y nerviosismo colectivo contenido, fue una característica desde el inicio de la jornada; en sus patios y por sus pasillos, los grupos realizaban formaciones, recibían recomendaciones y palabras de aliento para calmar la inquietud mientras que, en el interior, abarrotado de padres de familia, compañeros y espectadores, los grupos daban muestra de la preparación que tuvieron durante meses, de la abnegada labor de los maestros, con el objetivo específico, de ofrecer a los demás, lo mejor de su trabajo.

En el Ágora, en cambio, un silencio solemne se adueñó de los pasillos, la reserva, el sigilo ceremonioso, casi sagrado de quienes preocupados, memorizaban entre butacas y mesas, predominó de principio a fin; la impresión de una batalla interna se extendió en el recinto, el semblante serio y los ojos quietos exponían una lucha interna; cada intérprete y su conciencia librando una batalla para apropiarse de las palabras, letra a letra, de la pieza musical elegida, del sentimiento del autor, de su mensaje; envidiable acción hoy más que nunca necesaria en una época en donde el abusos de los dispositivos electrónicos, en muchas ocasiones, impide el desarrollo del intelecto y avasalla a los seres convirtiéndolos en esclavos del consumismo.

Una pequeña y emotiva ceremonia marcó el inicio de la justa; ya no quedó más tiempo a la especulación; los cuerpos se tensaron, el nerviosismo se asomo tras la sonrisa y se elevó el deseo de subir al escenario para compartir, con los asistentes, un repertorio musical y un desempeño que sólo pueden ser producto de arduo trabajo cotidiano: conejos con impermeable, Charros y Chinas, mujeres con quechquémitl, ratones vaqueros, estudiantes de elegante luto o con uniforme de diario, contrabajos, guitarras y voces, se unieron en un todo armónico para iniciar la jornada.

Alberto Méndez Flores vino a participar en esta jornada proveniente de la colonia Villas de Antorcha; de níveos cabellos y surcos en el rostro, no pierde la sonrisa, con su semblante sereno, notoria pulcritud y mirada alegre, expresa lo gratificante que es para él este evento, su satisfacción por sentirse activo y por la posibilidad de compartir con los demás, su experiencia y, sobre todo, la fortaleza que da el sentirse juntos y saber que así, con la participación de todos, se pueden lograr muchas cosas, por eso no duda ni un segundo en recomendar a la juventud que participe y busque alternativas ante la enajenación por el uso desmedido del teléfono, las plataformas virtuales y la televisión.

Con el paso de las horas, Tomás Méndez, María Grever, Consuelo Velázquez, Gonzalo Curiel, Agustín Lara, Alfonso Esparza Oteo, Roberto Cantoral, Chucho Monge, Ignacio González Esperón y una pléyade de compositores y cantantes que expresaron los sentimientos de toda una época, renacieron en las interpretaciones de solistas de diferentes edades, coros escolares y de colonos y de rondallas que, no sólo dieron una muestra de una meticulosa preparación previa, sino que además, transmitieron el sentimiento que removió  los recuerdos y los sentimientos del público.

Las lágrimas sobre el rostro de un espectador a mi lado, con toda seguridad un padre de familia, que intentó limpiarse disimuladamente con el antebrazo mientras abrazaba a un pequeño, indicaron la sensibilidad elevada al máximo, sea por los recuerdos, sea por el reconocimiento de las potencialidades de su hijo o hija, o quizá las dos, despertada en un hombre rudo, curtido, endurecido por la vida.

En un receso de la jornada, Olga y Angélica, docentes de una de las instituciones participantes, caminando por el vestíbulo para reducir la tensión provocada por la participación de sus educandos, recuerdan que la lucha de quienes organizan y promueven los eventos de esta naturaleza, del Movimiento Antorchista, no ha sido únicamente para dotar de conocimientos académicos a la niñez y juventud, sino una aspiración más elevada que implica su formación multifacética:

“Ese ha sido uno de los ideales; no sólo se trabaja en lo académico, sino también en los aspectos cultural y deportivo, porque eso permite conciencia, análisis y, sobre todo, la percepción de nuestra realidad material, de las condiciones que tenemos hoy. Si estamos hablando de una educación integral, la cultura y el deporte deben formar parte de este pilar que es la base para los alumnos de hoy. A las nuevas generaciones las estamos perdiendo y este tipo de actividades hacen que retomemos y que reforcemos la conciencia, porque es necesario hacerlo desde la niñez, para que se siga cimentando y, en un futuro, tengamos ciudadanos críticos y reflexivos”, expresa Olga sin alejarse de su compañera.

Para ella y para otros más, este encuentro se convirtió en una tribuna desde la cual se denunció la falta de una política gubernamental hacia la formación y desarrollo de las capacidades artísticas de quienes habitan las zonas marginadas, de los humildes de México, de la misma manera que lo fue para la luchadora social Yessica González Figueroa y que fue expresado en un mensaje claro y conciso al inicio de esta jornada: “Le cantamos a México porque sabemos que es una forma también, de protesta ante las condiciones de olvido; es una forma de demostrar que en nuestro país se puede hacer arte, inculcar y desarrollar en los niños el gusto por la músico, construir condiciones para garantizar a cada habitante el acceso al disfrute de las actividades que los construyan como seres humanos solidarios y participativos”.

No había más que agradecer a quienes hicieron posible esta fructífera jornada de lucha a través de la música, de esta resistencia y de alternativa ante el sometimiento del razonamiento que nos hace retroceder miles de años en la escala evolutiva y nos convierte en simples objetos, en mercancías consumidores de mercancías, que sólo existen para engrosar las ganancias y el bienestar de unos cuantos.