
- «Las componendas de Taddei con contratistas reactiva también la imputación de la captura del INE por parte de la Cuarta Transformación».
Por Álvaro Delgado Gómez
La fragilidad de las convicciones de Guadalupe Taddei Zavala ante empresarios corruptos y corruptores que infestan el contratismo en México la derrumbó de la presidencia del Instituto Nacional Electoral (INE), pero hizo un daño mayor: También comprometió el discurso oficial de la separación entre el poder político y el poder económico y el fin del régimen de corrupción y privilegios. Ahora sigue una disputa por el nombramiento en esa posición de una mujer que le devuelva la solvencia moral a la institución para garantizar confianza en la elección del próximo año y la sucesión presidencial en 2030.
Técnicamente ambas elecciones no están en riesgo, porque para eso existe el servicio profesional electoral, pero el escándalo de Taddei ha hecho un enorme daño institucional al INE en medio del proceso electoral y ha manchado también a la Cuarta Transformación, por más que haya sido electa en un proceso de insaculación avalado por la Cámara de Diputados, presidida por el panista Santiago Creel, en marzo de 2023.
Taddei Zavala debe hacerse responsable, política, moral y jurídicamente, de los señalamientos de conflictos de interés, colusión, triangulación de recursos y otras posibles irregularidades y/o delitos con proveedores plenamente identificados —que son parte de los empresarios corruptos y corruptores que, insisto, proliferan en el sector privado de México—, pero también de validar el discurso de la oposición sobre la corrupción que involucra a figuras de su talla, que usan una responsabilidad de Estado para beneficiarse económicamente.
En ese sentido, Morena está obligado como partido político a proceder con extremo escrúpulo legal y parlamentario para que, en la Cámara de Diputados, se realice de manera impecable el proceso de designación de la sucesora de Taddei, que debe ser una mujer que sea éticamente solvente, con experiencia en el ámbito electoral y liderazgo en órganos colegiados, como el INE.
Antes como ahora, se debe exigir que los consejeros electorales y su nueva presidenta cumplan con los principios rectores de la función electoral —legalidad, independencia, imparcialidad, objetividad, certeza y máxima publicidad—, a sabiendas de que tengan, como tienen todos, filias y fobias. Lo que se les exige es, nada más, pero nada menos, que actúen con responsabilidad.
Las componendas de Taddei con contratistas reactiva también la imputación de la captura del INE por parte de la Cuarta Transformación, con consejeras y consejeros afines a Morena y al Gobierno, una especie impulsada por el PRIAN que efectivamente capturó, desde el 2003, al entonces Instituto Federal Electoral (IFE), cuando fue presidido por Luis Carlos Ugalde y con personajes que pusieron Felipe Calderón y Elba Esther Gordillo. Recordémoslos: Andrés Albo, Virgilio Andrade, Marco Gómez Alcántar, Teresa González Luna Corvera, Alejandra Latapí, Lourdes López, Rodrigo Morales y Arturo Sánchez Gutiérrez.
Salvo escasas excepciones, el bloque de PRI, PAN y PRD antes de su defunción pactaron consejerías afines y antagónicas a Andrés Manuel López Obrador y a su proyecto, como Leonardo Valdés, Marco Baños, Benito Nacif, Macarita Elizondo, Alfredo Figueroa y Francisco Guerrero, en 2008, y luego en 2011 con Lorenzo Córdova, María Marván Laborde y Sergio García Ramírez, este último exsecretario general del PRI.
Fueron los consejeros del IFE que vieron una elección impecable, con un Enrique Peña Nieto más demócrata que Willy Brandt. Y por eso, en 2014, se creó el INE para premiar a Córdova como Consejero presidente, con consejeros electorales prianistas como Marco Baños, Adriana Favela, Beatriz Galindo, Ciro Murayama, Benito Nacif y Sánchez Gutiérrez.
Muchos de estos personajes son los que, al terminar su encargo electoral, colonizaron otros órganos autónomos y engrosaron la membresía de PRI y PAN, con sus marchas rosas en supuesta defensa del INE.
Son casi los mismos que ahora encontraron refugio en el partido Somos que controlan Claudio X. González Guajardo y Ricardo Salinas Pliego, y que hasta para obtener el registro hicieron numerosas trampas, como lo he probado con documentos.
Y sí: Entre estos dos bloques, el oficialista que encabeza Morena y la oposición prianista, será la disputa para designar a la sucesora de Guadalupe Taddei, que de la gloria se fue al abismo.



