Opinión Organizarse los Oprimidos ¿Para Qué?

Opinión ANTORCHA 1
  •  Los poderosos también se organizan… base de sus grandes ganancias.

 

Por Francisco V. Figueroa

No hay temor más grande de los poderosos, de los capitalistas, que la organización de los oprimidos. En particular a una forma en específico. A través de su experiencia como clase dominante, han aprendido a identificar a un tipo en especial, aquella que no nace de la diseminación de su ideología y que solo busca paliativos a las penurias, sino a la que surge en base a unos principios diferentes, diametralmente opuestos, y que busca poner remedio, no temporal, sino definitivo al sufrimiento de la clase trabajadora.

Esta clase ha adquirido mucha experiencia para sobrellevar a la mayoría de ellas, las legaliza sin mayores impedimentos; incluso, ha creado las suyas bajo cierta apariencia de independencia. Los sindicatos afines al gobierno en turno, por ejemplo, no son más que un recurso con el que puede garantizar la estabilidad y prevenir un peligro futuro engañando a los trabajadores que llegan a caer en ellas, impidiendo el desarrollo de su conciencia de clase.

No queda duda de la necesidad que tenemos los oprimidos de organizarnos. Los poderosos también se organizan y ellos saben para qué: para mantener su dominación, base de sus grandes ganancias y sus privilegios. Nosotros, los desposeídos, parece ser que no nos ponemos de acuerdo en el objetivo que debemos conseguir al organizarnos. No es algo extraño, es una consecuencia del predominio de la ideología del capitalista que, a través de la diseminación del individualismo, aunado a la desesperante pobreza que ellos mismos han creado, no nos ha permitido identificar, con toda claridad para qué.

Estamos formados, desde el nacimiento, por los conceptos y valores de una ideología que pertenece a la clase dominante, que en nuestro país es la burguesía. Fuimos moldeados ideológicamente mediante la familia, la escuela y otras instituciones que cumplen esa función, que depositaron en nosotros las ideas, creencias, aspiraciones, gustos, modelos de conducta y una moral propia de ellos, ajena a nosotros, al pueblo trabajador.

Por eso, cuando tratamos de explicarnos nuestra situación económica, la condición de clase en la que nos encontramos, los problemas económicos que tenemos, las dificultades para obtener trabajo, por ejemplo, o una casa para vivir, partiendo de esa ideología, de ese conjunto de valores y principios que han depositado en nuestra conciencia, después de nuestro análisis, llegamos a conclusiones como: no me esforcé lo suficiente; eso me pasa por no estudiar, por no ser alguien en la vida;  y como solución buscamos como mejorar de forma inmediata nuestra condición económica: trabajar doble turno, solicitar o luchar por un aumento de salario, mejores prestaciones laborales, aguinaldo a tiempo y por el reparto de utilidades, a los que tenemos derecho, cierto, y que, sin embargo, no mejoran nuestra situación económica; pasados algunos meses en que logramos alguna conquista laboral, nos encontramos nuevamente en la misma condición, si no es que más empobrecidos y angustiados que antes.

En este caso, lo que llegamos a comprender, como resultado del análisis realizado bajo el manto de la ideología burguesa, es la necesidad de la lucha económica, inmediata, gremial, sólo por mejoras aparentes, que no modifican realmente nuestra pobreza, sólo la modernizan. Este tipo de conclusiones no preocupan al gran empresario.

Si el análisis de nuestra condición de clase lo realizamos desde la perspectiva de la ciencia del proletariado, del Materialismo dialéctico o Marxismo, las conclusiones serán diferentes. Por eso es necesaria la lucha ideológica, para desembarazarnos de una ideología que nos impide identificar los intereses estratégicos de la clase trabajadora, o sea, de la abolición de la explotación y entonces comprenderemos para qué organizarnos y, además, el tipo de organización que necesitamos para lograr ese objetivo.
Mediante el estudio del Materialismo Dialéctico, del Marxismo, aplicando sus principios científicos y metodológicos, es como llegamos a descubrir que la fuente de la que brota nuestra miseria y todos los problemas derivados de ella como, por ejemplo, la dificultad para continuar estudiando y prepararnos académicamente, encontrar un empleo digno, acceder a los servicios de salud de calidad, la delincuencia, inseguridad, prostitución, alcoholismo y drogadicción, entre otros, no es más que de la explotación capitalista y la propiedad privada de los medios de producción.

Descubrimos también, que el sistema económico y social, con todas sus relaciones características que se sustentan en la explotación de los trabajadores, beneficia sólo a unos cuantos, a los más acaudalados, a los capitalistas, que mantienen la situación tal como está, con la ayuda del gobierno, el aparato ideológico en donde se encuentran los medios de comunicación  y adoctrinamiento y de las fuerzas represivas, como los cuerpos policiacos que se usan por estos días en contra de los trabajadores de la salud en su justa lucha sindical.

Es decir, los principios que conforman esta ciencia nos ayudan a descubrir y comprender que este estado de cosas se mantiene, porque esos grandes capitalistas tienen el poder político y con él, pueden organizar las cosas, de tal manera que sólo ellos y sus aliados resulten beneficiados.

Esto último descubrimiento debe ayudarnos a comprender que sólo cuando los trabajadores tengan el poder político en sus manos, podrán organizar a la sociedad de manera tal, que ellos sean los verdaderos beneficiados y sea prohibida la explotación y la propiedad privada de los medios de producción, tal como se plasmó en el artículo cuarto de la Constitución Política de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS): “La base económica de la URSS son el sistema socialista de economía y la propiedad socialista de los instrumentos y medios de producción, afirmados como resultado de la supresión del sistema capitalista de economía, de la abolición de la propiedad privada de los instrumentos y medios de producción y de la anulación de la explotación del hombre por el hombre”.

La organización de los trabajadores  no es una ocurrencia o una tendencia de moda; es el resultado de una necesidad histórica: la de hacer frente, en primera instancia, de forma inmediata a los abusos de los capitalistas y gobiernos, y, con la comprensión profunda de las bases de un sistema económico que permite a unos cuantos apropiarse del trabajo de los obreros y campesinos, realizar, también, una reorganización de la sociedad en su conjunto con la conquista del poder político y de esta manera, eliminar los problemas del pueblo.

Para esta última tarea se requiere una organización diferente a los sindicatos, asociaciones, o comités vecinales. Con ellos sólo es posible la conquista de algunas reformas que los capitalistas conceden porque no les afectan en lo mínimo. Se necesita un tipo de organización cualitativamente diferente, formada por todos aquellos hombres y mujeres disciplinados, que han superado el efecto adormecedor de la ideología burguesa y comprendido la situación de explotación en que viven los trabajadores bajo el capitalismo y han reconocido que no hay más alternativa que la conquista del poder político para ponerle fin.

Organicémonos, formemos esa organización de clase, con la claridad necesaria para comprender que los trabajadores, que el pueblo de México representa una fuerza descomunal y que es necesaria su educación política bajo los principios del Marxismo y su organización, su agrupamiento, para la conquista del poder político.