
Por Rafael Alfaro Izarraraz
En cuanto los seres humanos afinaron el aparato nervioso que ocupa la parte superior de su organismo, el cerebro, el mundo se ilumino lenta y progresivamente. Llegó hasta un punto tal que, en la lógica de ese “aparato inteligente” que no descansa ni cuando los humanos duermen, recreó pensamientos que no tenían nada que ver con su realidad inmediata en tanto que, producto de la imaginación. elaboró representaciones mentales que no cabían en su mundo. Tal vez el más inmediato fue imitar a las aves o llegar hasta los astros visibles y sobre los cuales diseño todo un mundo espiritual del que todavía hacemos gala en la actualidad.
Cuando se hace referencia a ese aparato inteligente (el cerebro creador) es importante subrayar que no se trata de un hombre o una mujer inteligente capaz de recrear mundos a través del pensamiento abstracto, individual. Aunque el pensamiento individual es relevante, no existe en la historia una persona sea hombre o mujer sin conexión con el presente o su pasado mediante el cual que pueda llevar a cabo semejante tarea. En ese sentido, el pensamiento inteligente capaz de crear mundos que rebasan el presente y se colocan años en un futuro imaginado únicamente es producto de la combinación del trabajo y del talento personal en un contexto social específico, cultural.
La primer “megamáquina”, dice Mumford, surgió hace unos cinco mil años. Humanos divinizados por ellos mismos y respaldados en un núcleo humano que había logrado desprenderse de la vida dedicada a la producción de alimentos (una casta sacerdotal, burocrática y administrativa), diseñó coordinar el esfuerzo de miles de seres humanos en torno a la idea de una o varias construcciones piramidales que conectaron la vida terrenal con seres superiores. La gran megamáquina, invisible, frágil, apareció(en cientos de miles de personas) en las llanuras desérticas del norte de África, luego se extendió por todo el mundo, antes de que en el sigloXIV el esfuerzo físico se trasladara, en apariencia, a un dispositivo técnico: relojes y molino de viento. Las obras, dice Mumford, creadas en siglos ahora se las creaba una generación.
La megamáquina(un dispositivo compuesto por partes consistentes que la integran operando bajo el control de un supervisor humano) no es otra cosa que, en última instancia, reunir el esfuerzo de millones de seres humanos, sin importar en dónde se encuentren, asociarlos y coordinarlos, con el fin de que se pongan en actividad, en marcha, su cuerpo con una mente domesticada, para echar a andar el gran “invento”humano de la sociedad jerárquica y adoptado por la sociedad industrial: el poder de mover a la humanidad en el mundo. La megamáquina de nuestros tiempos que opera desde América, Europa, África y Asia. El “mito” de que el mundo opera bajo un dispositivo tecnológico que ha sustituido a la humanidad y ahora hasta la amenaza (con matarla en 10 años) es un mito macabro que exalta la IA.
De acuerdo a Mumford, en última instancia, todos los adelantos relacionados con la megamáquina, lo que ha implicado saltos de calidad en su construcción, se debe a la participación activa de los ejércitos en el mundo. Para nadie es un secreto que, en la actualidad, el gran cerebro operador de la megamáquina que se ha asociado a la tecnología de la IA, se creó en el Sillicon Valley, de California. Lo anterior, como una estrategia del Pentágono de los Estados Unidos con el fin de establecer el control del mundo después de que la “elite” occidental decidió trasladar a la producción industrial hacia Asia. En otras palabras, la IA es ni más ni menos que un dispositivo de poder para poner en marcha a la megamáquina en todo el mundo.
Es parte de la tradicional intervención del ejército, en este caso de los EU, pero no es el único país que opera la megamáquina y que esa máquina siga operando con normalidad a pesar de los disturbios que ocurren en el mundo. ¿Qué es lo que está detrás de las disputas entre Estados Unidos y China?, entre la gran potencia tecnológica de los EU y la fábrica del mundo que es China, además de tencologíca. Es la megamáquina. Es decir, que las condiciones mediante las cuales un grupo o bien otro controla o tiene bajo su mando el dispositivo que hace operar la gran máquina. Que es invisible como siempre, es el poder, lo ha sido desde hace más de cinco mil años: controlar el nervio, los músculos, la piel, el cerebro domesticado de millones de seres humanos.
Esto dice la IA de Google: “El investigador Jacob Coxon, quien ha trabajado en laboratorios clave como OpenAI y Anthropic (la empresa creadora de los modelos Claude), renunció de forma pública y desató un terremoto en el mundo tecnológico con una advertencia muy dura: aseguró que las compañías están avanzando a toda velocidad hacia una superinteligencia artificial a pesar de saber que esto podría representar un riesgo letal para la humanidad antes de que termine la década”. En otras palabras, la IA, su evolución tecnológica, avanza a una velocidad que ahora representa una amenaza contra la humanidad a la cual podría destruir de aquí al 2030. En palabras nuestras asumida la tesis de Mumford: la IA va a destruir a la megamáquina creada hace cinco mil años.
Es decir, la tecnología desea convertir a la biósfera en tecnosfera como ahora se dice. Más allá de la buena o mala intención o interpretación pudo o hizo Coxon, está diciendo que la IA va a terminar con la humanidad, es decir, con la megamáquina, la creada hace cinco mil años. Destruir a la misma que la sociedad industrial ha recreado como un dispositivo a nivel mundial y que actualmente está en disputa por parte de Estados Unidos que quiere impedir que China tome su lugar como el organizador de la megamáquina mundial de seres humanos. Que utilice la IA con el fin de controlar la organización mundial de la extracción, como diría Marx, de la plusvalía para la cual la IA ha significado un salto civilizatorio, pero en manos de los sacerdotes del dinero es su negación.
Lo que puede ocurrir, y siempre debemos tener presente que XI vista en estos días los EU y que, independientemente de los intereses buenos o no de Cox, no se puede dudar de que detrás de todo existe una estrategia de presión y negociación política. Empresarios, científicos y personas en general, que han visitado China, coinciden en que China, la sociedad china en su conjunto (subjetivo y material con respecto al desarrollo tecnológico) es otro mundo y le lleva a EU años luz. De tal manera que el uso de la IA como una herramienta tecnológica pueda usarse de manera macabra, para exterminar a la humanidad, está fuera de lugar. Pero se puede utilizar para blofear a los contrincantes, amenazarlos, en el contexto de la guerra en Ucrania y el Golfo Pérsico.
Ahora bien, detrás de toda esta historia macabra para consumo popular y amenaza contra China está la gran plutocracia mundial, sin duda, la que opera desde Londres y Nueva York. Utilizarla la IA para destruir a la humanidad, pues ni que los grandes banqueros, empresarios tecnológicos, empresarios mundiales de las compañías navieras, aéreas, de las redes sociales, gobiernos imperiales, oligarquías latinoamericanas y caribeñas, estuvieran fuera de sí. Las supuestas pruebas fuera de control del manejo de la IA no dejan de ser sorprendente, por supuesto. Pero más vale que le pongan una solución porque si con eso quieren amenazar a Xi con el fin de que se doble ante las tecnológicas gringas, va estar complicado.
Los borrachos y los niños siempre dicen la verdad, Según Trump (el infante que ocupa la Casa blanca) no renunciará al uso o control de la IA porque ello representa una ventaja de EU ante China.
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