Vivir con el Agua Hasta las Rodillas: la Historia que se Repite en Chiconautla - Lacallelibre

Chiconautla AGUA 4

Por Tatiana Valdés

Más de 30 años después, miles de familias de la Laguna de Chiconautla, en Ecatepec, continúan enfrentando inundaciones ante la falta de un sistema de drenaje y de un colector pluvial. Los hechos ocurridos en septiembre de 2021 muestran que el problema no es nuevo: las familias han perdido sus pertenencias, han enfrentado agua contaminada y enfermedades, mientras las gestiones ante gobiernos y legisladores siguen sin traducirse en una solución definitiva.

En la Laguna de Chiconautla, la lluvia no llega solamente con agua, llega con miedo, cuando las nubes comienzan a cubrir el cielo, miles de familias saben que tienen poco tiempo para intentar proteger lo que han construido durante años. Sacan costales, levantan muebles, colocan sus pertenencias en las partes más altas de sus viviendas y esperan que esta vez el agua no llegue tan lejos.

PERO LA HISTORIA SE REPITE.

Han pasado más de tres décadas y las inundaciones continúan formando parte de la vida cotidiana de los habitantes de esta zona de Ecatepec. La falta de un sistema de drenaje adecuado y de un colector pluvial convierte cada temporada de lluvias en una emergencia anunciada. Las calles se transforman en ríos de agua sucia. Las viviendas quedan anegadas. Las escuelas también resultan afectadas y, en algunos puntos, el nivel del agua alcanza hasta un metro. Pero lo más grave es que, cuando las aguas comienzan a bajar, los problemas apenas comienzan.

En septiembre de 2021, una fuerte temporada de lluvias volvió a exhibir las condiciones de vulnerabilidad en las que vivían miles de familias de la Laguna de Chiconautla. Una semana después de aquellas lluvias torrenciales, alrededor de mil 500 familias continuaban enfrentando las consecuencias de la inundación.

El agua contaminada permanecía en viviendas y calles, mientras un olor fétido impregnaba la zona. Las familias no solamente habían perdido muebles, electrodomésticos, ropa y otros bienes. También comenzaban a enfrentar problemas de salud derivados, según los testimonios de los afectados, de las condiciones insalubres provocadas por el agua estancada. Para ellos, la emergencia no terminó cuando dejó de llover, el agua permaneció dentro de sus casas. Y el problema era todavía más grave porque no había un sistema de drenaje suficiente para desalojarla.

“VOY A COMENZAR DE CERO”

Entre las familias afectadas se encontraba Alma Rosa Rendón. Al regresar a su vivienda, encontró poco de lo que había construido con años de esfuerzo. Con lágrimas en los ojos relató que tendría que comenzar de cero, porque la inundación había arrasado con su patrimonio. Pero la pérdida económica no fue la única consecuencia. Uno de sus hijos pequeños enfermó y tuvo que ser enviado con familiares después de presentar una fuerte infección estomacal. “Nosotros nos dedicamos al comercio, pero desde el día de la inundación no hemos podido salir a trabajar”, relató. Aunque algunas familias recibieron despensas, Alma Rosa explicaba que la ayuda no resolvía sus necesidades básicas.

“¿De qué nos sirven si no podemos cocinar? Nuestras estufas quedaron inservibles”. A esto se sumaba la falta de agua potable para cocinar, lavar los trastes, lavarse las manos y bañarse.

Los habitantes intentaban proteger sus viviendas colocando costales en las entradas, una medida que utilizaban cada temporada de lluvias.

“Vivimos en constante miedo, pero esta vez fue la peor inundación de todo el tiempo que vivimos aquí”, señaló la vecina. Su testimonio también revelaba la dimensión del problema sanitario.

“A uno de mis hijos pequeños lo tuvimos que mandar con familiares ya que le dio una fuerte infección en el estómago a causa del fuerte olor que desprende el agua contaminada”.

Y entonces planteaba una pregunta que resume la desesperación de los habitantes: “¿Para dónde la echamos si no hay drenaje, o dónde sacarla si la misma que sacamos se vuelve a meter?”

Otro de los testimonios de aquella inundación fue el de Teresa Merina.

La mujer tuvo que dormir en una silla porque su cama y buena parte de sus pertenencias quedaron inservibles. Durante la lluvia no hubo tiempo suficiente para recoger sus cosas, el agua comenzó a subir rápidamente hasta llegarles a las rodillas. En medio de la desesperación tuvieron que elegir entre sacar el agua que entraba a la vivienda o levantar los muebles para intentar salvarlos, no pudieron hacer ambas cosas.

Teresa recordó aquellas horas como un momento de temor e impotencia. Y, después de la inundación, denunció que las autoridades municipales y la Guardia Nacional no habían acudido a censar los daños en su vivienda. Su petición era la misma que habían planteado durante años: drenaje y agua potable. “No pedimos más”, expresó.

Los testimonios de 2021 podrían parecer historias del pasado, pero basta con que vuelva una lluvia intensa para comprobar que el problema continúa.

La Laguna de Chiconautla sigue enfrentando inundaciones recurrentes debido a la falta de infraestructura hidráulica suficiente. Por ello, el Movimiento Antorchista del Estado de México ha llevado esta problemática ante distintos gobiernos y legisladores para que se resuelva definitivamente.

A través de pliegos petitorios, reuniones y diversas gestiones, la organización ha solicitado a gobernadores y diputados locales que se atienda la problemática y se impulse la elaboración de un proyecto para la construcción del colector de la Laguna de Chiconautla.

La demanda ha pasado de una administración a otra, gobernadores han llegado y se han ido, diputados locales han ocupado sus curules, terminado sus periodos y dejado sus cargos, gobiernos municipales también han cambiado, pero la problemática permanece.

 

Lo ocurrido en septiembre de 2021 dejó una fotografía clara de la situación.

Familias con sus pertenencias destruidas, niños enfermos, personas sin agua potable, viviendas inundadas, calles convertidas en corrientes de agua contaminada y habitantes obligados a improvisar con costales para intentar contener las lluvias.

Cada año las lluvias intensas vuelven a poner en riesgo a las mismas familias y vuelven a exhibir la ausencia de una solución estructural.

Edmundo Acevedo, profesor de la Escuela Preparatoria Oficial número 228 “Víctor Puebla”, ubicada en la Laguna de Chiconautla, señala que cada año enfrentan prácticamente la misma situación. Las escuelas se inundan, las colonias quedan anegadas, las principales vialidades se cubren de agua sucia y, en algunas zonas, el nivel alcanza aproximadamente un metro.

Para quienes viven en la Laguna de Chiconautla, cada inundación representa mucho más que unas horas bajo el agua, significa perder una cama, una estufa, un refrigerador, ropa, documentos, herramientas de trabajo. Y, sobre todo, significa perder la tranquilidad.

Porque después de una inundación viene la limpieza, la reconstrucción y el intento de recuperar la vida cotidiana.

Pero existe una pregunta que permanece: ¿Cuándo llegará una solución definitiva?

Los habitantes aseguran que durante años han solicitado drenaje y agua potable. En este sentido el Movimiento Antorchista enarbola esta significativa demanda y ha planteado ante gobiernos y legisladores la necesidad de construir un colector pluvial que permita atender de fondo el problema, sin embargo, las administraciones pasan y la obra no llega.

Como expresó Teresa: “Cuando vienen a pedirnos los votos, sí se acuerdan de nosotros; después nadie se acuerda que existimos”. La frase resume el sentimiento de una población que lleva décadas esperando.

No piden obras de lujo, no piden privilegios; piden infraestructura básica, piden drenaje, piden agua potable, piden un colector pluvial, piden dejar de vivir cada temporada de lluvias con la incertidumbre de perderlo todo.

El problema es que, durante más de 30 años, la lluvia ha puesto al descubierto una deuda que ningún gobierno ha querido resolver.

Y mientras gobernadores, diputados y administraciones municipales entran y salen, miles de familias permanecen en el mismo lugar: esperando que algún día el agua deje de entrar a sus casas y que la promesa de una vida digna deje de estar bajo el agua.