
- EU lanzó una bomba Mark-84 de 907 kilos sobre una vivienda en Qeshm, Irán, y mató a una familia; expertos cuestionan la legalidad y proporcionalidad del ataque.
Ciudad de México, 3 de agosto (SinEmbargo).– El Gobierno de Estados Unidos bombardeó una vivienda familiar en la isla iraní de Qeshm la madrugada del jueves con una bomba de 907 kilogramos denominada Mark-84, reveló un análisis de videos, fotos e imágenes satelitales realizado por expertos en armamento y The New York Times. Según funcionarios iraníes citados por la prensa, el ataque acabó con la vida del taxista Qeysar Jafari, su esposa Zahra Jafari y su hijo de 2 años, Sina, y dejó hospitalizados a sus otros dos hijos, Mohammad Reza y Mehdi.
El Times aseguró que no encontró ningún indicio de una instalación militar cerca de la casa de la familia ni informes de bajas militares a causa del ataque, que las autoridades iraníes suelen anunciar. Mientras tanto, periodistas, académicos y activistas calificaron el bombardeo como un crimen de guerra.
El jueves pasado, el Ejército estadounidense anunció que había completado una intensa serie de ataques contra Irán en respuesta a un ataque con misiles iraníes contra una base estadounidense en Jordania, que se produjo después de que Estados Unidos se asociara con Arabia Saudita para atacar a milicias respaldadas por Irán en el vecino Irak, causando la muerte de al menos 20 combatientes y seis asesores iraníes.
El Comando Central informó, en una publicación en redes sociales, que durante dos horas Estados Unidos atacó “decenas” de objetivos pertenecientes al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán, incluidos centros de mando militar, así como instalaciones de misiles y drones, y emplazamientos de vigilancia y defensa costera.
No obstante, el Times dio a conocer que fue en medio de esta ofensiva cuando una bomba Mark-84, una de las más grandes empleadas por el Ejército estadounidense, impactó en el barrio de Chah-Tangu de la ciudad de Qeshm, una zona de viviendas muy juntas, donde destruyó varias estructuras y dejó un cráter de al menos 9 metros de ancho.
Funcionarios iraníes citados por la prensa indican que aproximadamente 20 familias vecinas fueron desplazadas por el ataque. En tanto, las imágenes muestran escombros y vehículos dañados a más de 60 metros de distancia. Según el análisis visual del Times, otros ataques también destruyeron dos almacenes en las afueras de la ciudad durante la misma oleada de bombardeos.
“El gran cráter y los daños estructurales son compatibles con una bomba Mark-84 de 907 kilogramos (2 mil libras), que puede equiparse con kits de guiado JDAM”, declaró Trevor Ball, ex técnico en desactivación de explosivos del Ejército estadounidense y analista de Armament Research Services, al Times, refiriéndose a los kits que convierten bombas no guiadas en municiones guiadas por GPS. Según Ball, las fotografías publicadas por los medios iraníes mostraban partes de estos kits de guiado, aunque el Times no pudo confirmar dónde se recuperaron los fragmentos.
No se trata de un caso aislado.
El 28 de febrero de 2026, durante las primeras horas de la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, un ataque alcanzó la escuela primaria Shajareh Tayyebeh, en Minab, provincia de Hormozgan, cuando decenas de menores todavía se encontraban en el plantel. Las primeras informaciones atribuyeron el bombardeo a Israel y situaron provisionalmente la cifra en 108 niñas muertas. Investigaciones posteriores elevaron considerablemente el saldo: Amnistía Internacional documentó 156 fallecidos, entre ellos al menos 120 niños y niñas, mientras Airwars logró identificar a 157 víctimas —123 menores de 13 años— y calcula que el total pudo llegar a 168. La escuela estaba junto a un complejo militar de la Guardia Revolucionaria iraní, pero funcionaba como plantel civil y tenía accesos separados.
Las investigaciones posteriores también modificaron lo que se sabía sobre la autoría. Bellingcat verificó videos en los que aparecen misiles Tomahawk estadounidenses impactando instalaciones de la Guardia Revolucionaria junto a la escuela y determinó que el plantel fue alcanzado durante una primera oleada de bombardeos; Amnistía Internacional concluyó que Estados Unidos fue responsable del ataque y que no tomó todas las precauciones exigidas por el derecho internacional humanitario para proteger a la población civil. Además, una investigación de AP reveló que el Ejército estadounidense había atacado la zona y que el edificio había sido identificado años antes como escuela, pero esa información no llegó adecuadamente a quienes elaboraban los objetivos militares. Hasta julio, el Pentágono seguía sin publicar las conclusiones definitivas de su investigación.
¿Un crimen de guerra?
Tom Dannenbaum, profesor de Derecho de la Universidad de Stanford, recordó que las fuerzas militares tienen la obligación de adoptar todas las medidas posibles para reducir las víctimas civiles. “La fuerza atacante debe tomar todas las precauciones posibles para minimizar los daños a la población civil”, señaló al Times, y precisó que esas medidas incluyen la selección de las municiones y el momento del ataque. Sobre el empleo de una bomba Mark-84 de alrededor de 900 kilos en una zona habitada, advirtió que “es muy difícil de justificar”.
Kenneth Roth, exdirector ejecutivo de Human Rights Watch, cuestionó igualmente la proporcionalidad del bombardeo y el tipo de armamento elegido. “¿Por qué el Ejército estadounidense lanzó una enorme bomba de 900 kilos en una zona residencial densamente poblada de Irán?”, preguntó. Roth sostuvo que resulta “muy difícil conciliar ese uso con la obligación legal de evitar daños desproporcionados a la población civil”.
Las condenas fueron todavía más duras entre periodistas y académicos. La periodista Rania Khalek calificó el ataque como una acción “bárbara perpetrada por seres sin alma”, mientras que Nader Hashemi, director del Centro Alwaleed para el Entendimiento Musulmán-Cristiano de la Universidad de Georgetown, lo describió directamente como “un claro CRIMEN DE GUERRA”. Barbara Slavin, profesora de la Universidad George Washington e investigadora del Stimson Center, reaccionó señalando que, con este tipo de operaciones, Estados Unidos “cada día” se parece “más a Israel”.
Parsi también destacó las circunstancias concretas del ataque para poner en duda la existencia de una justificación militar. Recordó que la bomba cayó sobre la casa de una familia y mató al padre, que trabajaba como taxista, a la madre y a su hijo de dos años. “Sí, un taxista. Y un niño pequeño. Y su madre”, enfatizó. Añadió que The New York Times “no encontró indicios de una base militar cerca de la casa de la familia ni informes de bajas militares a causa del ataque”.
Otros críticos fueron más allá y exigieron responsabilidades penales para quienes autorizaron la operación. El comentarista político Kyle Kulinski calificó lo ocurrido como “puro terrorismo” y afirmó que los responsables deberían pasar el resto de su vida en prisión. Saikat Chakrabarti, excandidato demócrata al Congreso estadounidense, dirigió sus críticas directamente hacia la cadena de mando: “todos los que formaron parte de la cadena de mando y autorizaron esto deberían ser acusados de asesinato”.
Estas críticas, recopiladas por el medio Common Dreams, adquieren mayor dimensión porque el artículo coloca el ataque de Qeshm dentro de un patrón más amplio de operaciones contra objetivos o instalaciones civiles desde que Estados Unidos e Israel comenzaron a bombardear Irán a finales de febrero.
El medio menciona ataques contra una planta desalinizadora de agua, acciones que obligaron a evacuar a niños de un hospital y la destrucción de una escuela en Minab, donde habrían muerto más de cien personas. Para los críticos citados, el caso de Qeshm no sería, por tanto, un episodio aislado, sino otro hecho que obliga a examinar la proporcionalidad de los ataques, la protección de civiles y las responsabilidades de quienes integran la cadena de mando estadounidense.




