
Opinión
Por Francisco V. Figueroa
El afianzamiento del sistema de producción capitalista en el mundo y, en consecuencia, de la burguesía como la clase que fortalece su poder económico, al apropiarse de los medios de producción, requiere de una legislación que permita el continuo enriquecimiento de una minoría privilegiada y, por tanto, del empobrecimiento de la mayoría trabajadora.
La forma de organización social, emanada del sistema de producción capitalista, requiere legalizarse y, a través de su constante reproducción, convertirse, incluso, en costumbre.
En las sociedades capitalistas, la burguesía no sólo llegó a convertirse en la clase que tiene el poder económico, sino también, el poder político al apropiarse y controlar los cargos de planeación y decisión política, de donde emanan las leyes y determinaciones que normarán la vida de los ciudadanos y, simultáneamente, legalizarán y facilitarán los negocios de los grandes empresarios.
Los grandes puestos de decisión política, ejercida mediante los cargos públicos, están garantizados para los grandes empresarios o sus prestanombres, gracias a su poder político.
Un estudio reciente del Comité de Oxford de Ayuda Contra el Hambre (OXFAM), señaló que: los más ricos del mundo, tienen cuatro mil veces más probabilidades de ocupar un cargo público en comparación con el ciudadano común.
En la misma publicación, a la pregunta ¿qué probabilidad tiene un ciudadano común de ocupar un cargo público?, la OXFAM, después de analizar una lista de 2027 super millonarios, llega al siguiente resultado: los ciudadanos comunes tienen una probabilidad de 0.0009 por ciento de ocupar un cargo público; dicho, en otros términos: cero. La conclusión a la que llega ese organismo internacional es: la desigualdad económica se traduce en una desigualdad política.
Para el Movimiento Antorchista, los resultados obtenidos por ese organismo internacional, dado que el estudio es global, revela el enorme, poder político que acumulan los supermillonarios en el mundo, y, por tanto, también incluye la situación en México ya que el sistema económico predominante en nuestro país es el capitalista y, por consiguiente, somos una muestra representativa de este triste escenario global.
De acuerdo con Abel Pérez Zamorano, dirigente del Movimiento Antorchista en el Estado de México, esta situación afecta a los pobres, a los pueblos del mundo entero y afecta al nuestro.
Los ricos son capaces de acaparar todo el poder de los países, en este caso, en México, en los tres niveles de gobierno -federal, estatal, municipal- y en el poder legislativo, porque con las grandes cantidades de dinero que tienen, pueden costear campañas onerosas, costosas; les meten dinero a sus campañas. Por otro lado, pueden comprar periodistas para que trabajen para ellos y les hagan fama pública; pueden comprar votos, y esto es lugar común en los procesos electorales; pueden sobornar autoridades electorales; es decir, tienen todos los medios para abrirse paso e imponerse.
Ahora bien, una vez tomado el poder, una vez conquistado por estos y otros muchos medios más que derivan de su poder económico, llegando al gobierno, los ricos son expertos en utilizar el poder para provecho propio.
Hacen leyes a su provecho, a su gusto; es decir que, la legislación en los países capitalistas, está hecha a favor de los intereses de los grandes empresarios. La ley no es neutra, no es indiferente a las clases sociales; está hecha para favorecer a los poderosos, y ellos en el poder, lo pueden hacer.
Un reciente nos ayuda a demostrar que esto sucede en la actualidad: se sabe bien que, el gabinete de Donald Trump, el presidente de los Estados Unidos, es el gabinete con más ricos que haya habido en toda su historia; hoy por hoy, los grandes ricos están gobernando ese país, más que nunca antes. Esto nos revela la situación.
Además, los ricos, una vez que toman el poder gracias a su dinero, elaboran convenios, por ejemplo, diseñan los tratados comerciales, como el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá» (TMEC), por ejemplo, en favor de las grandes empresas. Los tratados comerciales no están hechos a favor del pueblo, de los más necesitados, sino para conveniencia de los poderosos.
También, elaboran contratos, se adquieren, se firman contratos del gobierno con las grandes empresas que tienen el poder político y de esa manera se llevan el presupuesto. Se benefician reduciéndose -ellos mismos- los impuestos, como lo ha hecho Donald Trump en los Estados Unidos. Aquí en México, Andrés Manuel López Obrador dijo que jamás le incrementaría impuestos a los más ricos; es decir, que la política fiscal de los países, está determinada, poderosamente, por los intereses de los grandes multimillonarios.
Así, hay una gran cantidad de ejemplos de cómo usan los ricos, el poder en su beneficio.
Esta situación que describimos, viene a confirmarnos, indiscutiblemente, la vieja tesis de la economía política clásica que dice: en una sociedad dividida en clases, la clase que detenta el poder económico, detenta, también, el poder político; quien tiene el dinero, tendrá el gobierno, para decirlo en pocas palabras,
Y esto, nos lleva a una reflexión obligada: si queremos que el pueblo trabajador, la clase trabajadora tenga el poder político en las manos, también será necesario que tenga el económico; este es el gran reto de los trabajadores en nuestro tiempo.
El Movimiento Antorchista Nacional convoca a todos los trabajadores mexiquenses y a todos los trabajadores del país, a formar una gran organización que defienda los intereses de la clase oprimida, para que sea capaz de gobernar el país en provecho de los más necesitados.


