
- Los Zetas, enseñó a grupos a someter comunidades enteras y a reclutar integrantes de manera forzada.
- El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) mejoró ese modelo al crear alianzas con grupos a los que les permitió usar su “marca” y con ello su reputación: la violencia de la que son capaces.
Ciudad de México, 1 de marzo (SinEmbargo).- El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) perfeccionó el modelo de los cárteles que operan como franquicia, implementado por Los Zetas y enseñó a grupos a someter comunidades enteras y a reclutar integrantes de manera forzada. De esta manera estableció alianzas y absorbió células locales que luego operaron bajo su influencia y con su emblema. Así expandió su poder, coinciden distintos reportes.
Retomó la estructura de Los Zetas, cuya estructura operativa se descentralizó tras el arresto de sus líderes quienes, detención tras detención, iban tomando el mando. Los Zetas se fragmentaron y comenzaron a funcionar en células regionales.
No obstante, el CJNG mejoró ese modelo al crear alianzas con grupos a los que les permitió usar su “marca” y con ello su reputación: la violencia de la que son capaces. Los Zetas utilizaron el terror como herramienta de control, y el cártel fundado por Nemesio Oseguera, “El Mencho”, las replicó y hasta las empeoró.
“El cártel utiliza sus vastos recursos financieros, una estructura de mando basada en franquicias, su inclinación por la violencia y su acceso a funcionarios corruptos para mantener y ampliar su influencia en el tráfico ilícito de drogas en México”, señala la DEA en el informe Evaluación Nacional de la Amenaza de las Drogas 2025.
El Gobierno de México ha reconocido que, junto con el Cártel de Sinaloa, es uno de los grupos más grandes y con presencia en la mayor parte de las entidades. Según la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), el CJNG también tiene presencia en más de 40 países.
En 2023, esa organización tenía un estimado de 31 mil miembros en todo el país, según el estudio Reducir el reclutamiento de los cárteles es la única forma de reducir la violencia en México, publicado en inglés en la revista Science. En ese momento, el CJNG mantenía 55 alianzas y 77 conflictos con grupos rivales a lo largo del territorio mexicano, de acuerdo con la investigación.
No inventó la violencia, pero sí la sistematizó. “Las tácticas agresivas y las alianzas estratégicas del cártel le permitieron tomar rápidamente el control de rutas y territorios clave para el narcotráfico”, señala un reporte de la consultoría Sanction Scanner, dedicada a prevenir el lavado de dinero.
Si bien el CJNG tenía en su fundador, Nemesio Oseguera, “El Mencho”, un liderazgo altamente concentrado, una red descentralizada en otros territorios fue clave para su crecimiento, junto con la diversificación de sus actividades delictivas.
De acuerdo con Sanction Scanner, la estructura de la franquicia CJNG era la siguiente: en la cabeza, “El Mencho”. Ahora comenzará una pelea por el mando, según prevén autoridades mexicanas. Le siguen los comandantes regionales, quienes “gestionan las actividades” del cártel y supervisan operaciones locales “como el narcotráfico y la represión”. Estos hombres le reportaban “directamente a ‘El Mencho’ y desempeñan un papel crucial en la toma de decisiones estratégicas”.
Una parte importante de la estructura son los operadores financieros, encargados principalmente del “lavado de dinero” mediante la inversión en negocios legales. De esa manera “garantizan un flujo constante de fondos para apoyar las actividades del CJNG”. “Unidades de ejecución”. En estos grupos están los sicarios, “responsables de llevar a cabo actos de violencia e intimidación. Estos agentes altamente entrenados mantienen el control del cártel sobre los territorios y eliminan a sus rivales”.
En esas unidades se encuentran jóvenes que se integraron de manera aparentemente voluntaria, atraídos por narrativas engañosas que prometen dinero, estatus y pertenencia. Pero también hay un gran número de personas reclutadas de manera forzada.
Otra área que señala el reporte de Sanction Scanner son las gerencias de logística y cadena de suministro. En esta parte están quienes “supervisan el transporte y la distribución de drogas y otros productos ilícitos, garantizando el buen funcionamiento de la cadena de suministro del cártel”.
Además, están los equipos de inteligencia y vigilancia que “recopilan información sobre rivales, actividades policiales y amenazas potenciales”.
Finalmente, los operadores legales que “trabajan para corromper a funcionarios, influir en los procedimientos legales y proteger los intereses del cártel dentro de los sistemas político y judicial”. Los funcionarios también forman parte de este grupo.
Las franquicias violentas
El tráfico de droga no es el único negocio que “El Mencho”, abatido por el Ejército mexicano el domingo 22 de febrero, le enseñó a desarrollar a sus franquiciatarios. También les mostró lo redituable que es captar a miles de personas no sólo para crecer sus filas de sicariato, sino también para trabajos forzados, explotación sexual y otras formas de esclavitud moderna que generan ingresos millonarios. Con ello, agravaron la crisis de desapariciones.
Las desapariciones en México tienen múltiples causas. Sin embargo, “el secuestro de cuerpos para la producción de capital” se ha convertido en uno de los grandes negocios de los cárteles, dice Carlos Valencia, profesor del Centro de Arte Audiovisual (CAAV), en Guadalajara, Jalisco.
Justamente desde esa entidad operaba “El Mencho” y es la que concentra el mayor número de desapariciones en el país, con 16 mil 79, hasta enero de 2026. Según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) México acumula un total de 125 mil 365.
Carlos Valencia destaca la colusión de las autoridades con la célula delictiva de “El Mencho”. Se ha infiltrado en todos los niveles de la sociedad jalisciense, incluyendo la política y la economía, apunta el profesor. Gracias a todos esos contactos ha logrado crear una “maquinaria de muerte y terror” que somete al estado de Jalisco.
En esa maquinaria, la desaparición ha sido una herramienta para eliminar obstáculos a sus intereses. Pero también la han convertido en un negocio altamente rentable dentro de su industria criminal.
Según una investigación de la Universidad de Guadalajara (UdeG), “la desaparición de personas en Jalisco afecta sobre todo a los más jóvenes. Para ambos sexos, 4 de cada 10 casos son personas con edades entre los 15 y 29 años”. Edades consideradas “productivas” para el mercado laboral.
Al hacer la distinción entre el grupo de niños/hombres y el de niñas/mujeres, se observa que ellas son desaparecidas a edades más tempranas. En 4 de cada 10 casos las desaparecieron cuando tenían entre 10 y 19 años.
La desaparición de niñas y mujeres jóvenes está vinculada a la explotación sexual, señala Carlos Valencia, docente también en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO). Algunas son trasladadas fuera de Jalisco o incluso del país, donde son sometidas a condiciones de esclavitud, agrega.
Carlos Valencia es uno de los principales activistas por la aparición de sus alumnos Javier Salomón Aceves Gastélum, Marco Francisco García Ávalos y Jesús Daniel Díaz García, desaparecidos en Tonalá el 19 de marzo de 2018. Según la Fiscalía General del Estado (FGE) de Jalisco, fueron secuestrados por el CJNG.
El académico señala que existe un grupo de personas desaparecidas cuyo destino está vinculado al reclutamiento forzado. Las víctimas son principalmente hombres jóvenes, quienes son llevados a “campos de exterminio”, como él lo describe.
“Al Gobierno no le gusta que los llamemos así. Pero eso son porque ahí los preparan para convertirse en asesinos como parte de su entrenamiento. Los hacen asesinar a veces a sus propios compañeros o a jóvenes que también han sido reclutados de manera forzada. Los hacen matarse entre ellos. Es un escenario de horror”.
Edil de Teuchitlán es vinculado a proceso.
Lo anterior quedó claro, dice, con la localización del Rancho Izaguirre, en Teuchitlán, Jalisco. Un lugar de adiestramiento y centro de confinamiento del cártel de “El Mencho”. Algunas de las víctimas fueron llevadas ahí bajo la promesa de un empleo que nada tenía que ver con el narcotráfico.
Pero “El Mencho” y la organización que lideraba es responsable de la desaparición de otras miles personas en otras entidades del país, dice Lucía Díaz Genao, fundadora y directora del colectivo El Solecito de Veracruz, dedicado a la búsqueda de personas.
Gran parte de esas desapariciones “tienen que ver con la trata de personas, el reclutamiento forzado”, señala Carlos Valencia. Lucía Díaz apunta: “usan a los jóvenes para involucrarlos el sicariato y una gran cantidad de delitos”. Es decir, hay una economía de la desaparición.
La muerte de “El Mencho”, un avance
La mañana del domingo 22 de febrero, el Ejército mexicano desplegó un operativo en Tapalpa, Jalisco, para capturar a Nemesio Oseguera. El narcotraficante era buscado también por autoridades estadounidenses. El capo fue herido, detenido y perdió la vida en custodia militar.
“El Mencho” fundó el CJNG. Pero “inicialmente trabajó para el cártel del Milenio de los Valencia”, luego se separó para crear “el grupo de los ‘matazetas’, que luego evolucionó al CJNG”, dice Carlos Valencia. “Una de sus bases operativas principales está en Tlajomulco de Zúñiga, desde donde se expandió por el estado”, después por el país y luego a otros países.
Para el profesor, la muerte de Nemesio Oseguera no significa la eliminación del cártel. Lucía Díaz dice que para muchas madres buscadoras “esto es un avance”. Si bien lamenta la muerte, “si eso le costó la vida, él sabía en lo que estaba metido y los riesgos”.
El operativo para detener al narcotraficante es una muestra de que el actual Gobierno federal no les permitirá que sigan poniendo sus reglas, considera la directora de Solecito de Veracruz. “Porque cuando (Genaro) García Luna (era secretario de Seguridad Pública federal) nos pasó lo peor. Fueron precisamente los años de más violencia en Veracruz”.
Lucía Díaz busca a su hijo Luis Guillermo Lagunes Díaz, desparecido el día 28 de junio de 2013 en el puerto de Veracruz, durante el Gobierno de Javier Duarte de Ochoa.
“En Veracruz quitaron a Los Zetas, que era una un cartel de alto impacto porque los preparaban en Israel, tengo entendido. Eran militares originalmente. Los quitan a ellos y se ponen estos”, del CJNG, apunta la activista. “Y han hecho lo que han querido en Veracruz, porque simplemente impusieron su gobierno”. Precisamente, los orígenes del CJNG fue un grupo llamado “Los Matazetas”.
Nadie quiere hablar de las desapariciones
Otro tipo de desapariciones que ha perpetrado el CJNG son contra las personas defensoras del territorio, periodistas y madres buscadoras. Periodistas que les incomodan a los intereses de quienes forman parte del cártel, incluyendo a políticos y empresarios, han sido desaparecidos, apunta Carlos Valencia.
La organización comunitaria y las luchas de resistencia también están bajo amenaza del CJNG, agrega. “Otro de los negocios del crimen organizado es la explotación de recursos naturales”, por ejemplo, la producción de agave para el tequila. Las personas defensoras del territorio que denuncian la explotación ilegal de esos recursos han sido víctimas de este cártel.
Y las madres buscadoras, al encontrar evidencias o cuerpos, también se convierten en blanco del cártel, señala.
Carlos Valencia destaca que la industria diversificada del Cártel Jalisco Nueva Generación “genera una cantidad de capital en efectivo, en liquidez. El dinero que circula físicamente fluye a través de muchísimas empresas, del mismo gobierno. Y entonces está demasiado compenetrado con la desaparición de personas para la producción de capital”.
Si oficialmente se reportan más de 16 mil personas desaparecidas en Jalisco, hay más de 16 mil familias, agraviadas. “Estamos hablando de 2 o 3 millones de personas afectadas en un estado de 8 millones. El fenómeno de la desaparición es la herida más profunda de este estado”.
Tras décadas de esta tragedia en todo el país, sigue siendo un tema que incomoda, pero no de la manera que llama a la acción. A la sociedad le cuesta trabajo saber cómo relacionarse con una madre buscadora, con las familias que buscan y exigen, dice el profesor, quien ha acompañado a varias de esas familias.
Pero también incomoda a los Gobiernos. Ha confrontado a movimientos de izquierda que antes le exigían a Felipe Calderón o a Enrique Peña Nieto la aparición de quienes están ausentes.
“En el caso de Jalisco, el Gobierno local trata de minimizar todo el tiempo el tema de las desapariciones. A pesar de que somos el estado con más desaparecidos y trata de invisibilizarlo”. O ha continuado con la estrategia de Calderón de criminalizar a las personas: en algo malo andaban para que los desparecieran.
“Cuando llegó Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia y ahora con Claudia Sheinbaum alguien me preguntaba: ‘¿por qué Claudia no recibe a las madres?’. La cuestión es cómo está organizado nuestro Estado mexicano, donde cada estado tiene su propio gobierno, a pesar de pertenecer a la Federación. Todo esto ha permitido que también el crimen organizado funcione de esa manera en México”.
Y tras varias décadas de esta tragedia de desapariciones, “la lucha de las familias de personas desaparecidas se ha ido dirimiendo en distintos colectivos, de hecho. Cada uno con distintas formas de afrontar la lucha”.




