
Por Joaquín H. Vela González
La historia se analiza por fases o etapas, en periodos durante los cuales existen rasgos y características semejantes. La economía se analiza siempre por su comportamiento cíclico. Existen ciclos largos y cortos. La duración de los ciclos cortos en el pasado se atribuía a manchas que aparecían cada diez años en la superficie solar. El ciclo largo, dura entre 48 y 60 años. Este ciclo de larga duración, en términos teóricos se denomina el ciclo Kondratieff. En honor del nombre del economista ruso Nicolai Dimitriev Kontratieff, que concluyó que las fluctuaciones cíclicas de la vida económica y los negocios, se dan cotidianamente en forma de ciclo largo.
Está descripción teórica nos sirve para entender que en el Estado de México está concluyendo un ciclo de larga duración que había permitido a la economía mexiquense convertirse en un polo de desarrollo indiscutible y ser un centro de atracción de grandes inversiones tanto nacionales como extranjeras.
La construcción de este ciclo de larga duración se realizó desde finales de los años sesentas y principios de los años setentas durante el Gobierno de Carlos Hank González, quien buscó aprovechar el impulso que el gran crecimiento de la economía nacional observaba durante el denominado periodo del “milagro mexicano” al proponer un pacto social entre los empresarios y los trabajadores del estado para lograr un crecimiento estatal de largo plazo.
Durante los siguientes 40 años el Estado de México logró convertirse en un fenómeno económico único en el país pasando de producir bienes de consumo (alimentos, bebidas, textiles) a producir bienes de producción (industria pesada; automotriz, medios de producción), convirtiéndose así en un polo de desarrollo industrial indiscutible. Las zonas industriales de Tultitlán, Naucalpan, Tlanepantla, Toluca, Cuautitlán y Atlacomulco se convirtieron en epicentros del desarrollo industrial e impulsaron un desarrollo urbano y agrícola de grandes proporciones. Durante los años noventa y los primeros de este siglo esta entidad recibió importantes grupos de trabajadores del resto del país. Hubo años que nuestro estado recibió 400 mil personas que migraban de otras regiones del resto del país, desarrollando para albergarlos, de una enorme red de servicios educativos y sociales de grandes proporciones.
Este desarrollo industrial en el Estado de México aprovechó los parques industriales que datan desde los años 50’s y 60’s, desarrollados por su ubicación en la localización de plantas industriales, cercanas al principal mercado a nivel nacional, como fueron los diversos parques industriales de Naucalpan y Tlanepantla.
La actividad industrial de todo tipo, y la fabricación de artículos diversos le imprimieron a la economía mexiquense un liderazgo que en competencia permanente con la zona industrial, tanto de Nuevo León, como de Jalisco y la propia Ciudad de México, término imponiéndose por ser la entidad que más aportaba al PIB nacional, solo después de la Ciudad de México, donde se ubicaban las oficinas corporativas de muchas de las industrias del país.
A esta febril actividad de tipo industrial contribuían también una dinámica de crecimiento agrícola y obviamente la expansión del sector servicios, que siempre acompaña al crecimiento industrial.
Durante el Gobierno de Carlos Hank González, este proceso se consolida de manera importante debido a un “Pacto Social” que este logra entre el sector empresarial, los trabajadores y amplios sectores de la población. Este proceso le da la fuerza para profundizar y relanzar de manera exitosa un ciclo de expansión económica.
Desde principios del presente siglo se inicio la aparición de signos de agotamiento del largo ciclo de expansión mexiquense que detonó con la aparición de la crisis mundial iniciada en 2008, denominada como crisis inmobiliaria que frenó el crecimiento económico. A partir de esta crisis la recesión económica se hizo evidente.
También el agotamiento de este que ya en plena recesión subsiste hasta nuestros días. Este es un ejemplo claro de cómo creció, alcanzó un punto de desarrollo importante y luego inicia una fase de descenso hasta llegar a su agotamiento en nuestros días.
En un estudio que realice hace algunos años se puede constatar que los índices de crecimiento de la actividad económica, han decrecido de forma acelerada. Así, en el periodo de estudio que abarcó los años de 2008-2020, la actividad del llamado sector primario, que incluye agricultura, ganadería, silvicultura y pesca sólo creció 0.52 % anual, durante esos años. Lejos quedaron los años en los que éramos el granero del país. En lo referente al sector industrial, este sólo creció 1.5 % anual, incluso abajo del 2 por ciento, tasa en la que creció la economía en el periodo de Peña Nieto. El sector terciario, el de los servicios fue el que más creció, 2.5%, aunque es un sector que está catalogado como insuficiente para arrastrar a los demás sectores a su dinámica.
Al entrar el ciclo a su parte baja, se cayó la inversión, muchos negocios quebraron y el empleo disminuyó de manera alarmante y con ello los ingresos de la clase trabajadora y sus condiciones materiales de vida.
La situación actual, obligaba a que el Gobierno, aplicara un gran Plan de Recuperación y Reactivación económica, sin embargo esto no ha ocurrido hasta la fecha.se esperaba que hubiera una respuesta más firme y agresiva, pero esto nunca sucedió. A la hora de conocer la propuesta de presupuesto estatal se preveía que se replicara la política nacional de recurrir al endeudamiento para reactivar la planta productiva. El desencanto aumentó cuando se conoció que el monto del presupuesto del primer año de gobierno era del mismo monto que el del último año del gobierno de Alfredo de Del Mazo. Al no activarse la economía y ante la ausencia de un mínimo Programa de Reactivación económica, la agudización de las contradicciones sociales de de altos niveles de desempleo, pobreza y descomposición social son preocupantes.
En realidad lo que la gente opina es que no se nota ninguna diferencia entre este gobierno del cambio y los gobiernos anteriores todos ellos del PRI. La actitud pasiva de este gobierno para realizar cambios de fondo, como son: primero; desmantelar todo el entramado de la infraestructura de políticas del modelo neoliberal del gobierno anterior y segundo; crear las condiciones para reiniciar un nuevo ciclo de expansión económica en el estado, ambas, hasta la fecha, han brillado por su ausencia.
Es urgente aplicar una propuesta que le dé salida a la problemática actual, realizar un diagnóstico, realizar un Plan estratégico de salida basado en la existencia de una política económica industrial activa, que marque las directrices para crear las bases de el inicio de un nuevo ciclo de crecimiento en el Estado de México, que permita alcanzar una nueva fase de bonanza, con inversiones, empleo y mejores condiciones materiales de vida para todos los mexiquenses.
velagj@economia.unam.mx



