Vivimos una época de re-ciclaje en la que nada parece morir del todo, de la misma forma
que nada, ni siquiera la vida eterna, parece destinada a durar para siempre.
Ziygmunt Bauman
El poeta Pedro Salvador Ale, en su mensaje durante la inauguración de la “Ofrenda a los Periodistas Muertos” que se expone en la Libería del Fondo “Sor Juana Inés de la Cruz”, ubicada en los Portales de Toluca, expresó: El periodismo es esencial de la memoria histórica, fuente de investigación y recuperación del pasado intelectual, político y cultural de la sociedad.
Pedro Salvador Ale afirma, la historia de un país estaría incompleta sin la crónica o la historia del periodismo cumpliendo una función social: informar.
Por Pedro Salvador Ale
I
Un poco del recorrido
El periodismo es, desde sus orígenes, de gran importancia en el desarrollo de nuestra sociedad. La difusión, la reflexión y la crítica de la vida cotidiana informan y orientan al público, alientan el análisis y el debate sobre el papel de la sociedad y el quehacer de las instituciones. El periodismo es esencial de la memoria histórica, fuente de investigación y recuperación del pasado intelectual, político y cultural de la sociedad.
Por eso la historia de un país estaría incompleta sin la crónica o la historia del periodismo cumpliendo una función social: informar.
Se han recorrido más de 4 siglos de la historia de México con el ejercicio periodístico, desde las primeras décadas del México virreinal hasta los últimos años del siglo XX, saca a la luz la riqueza de la tradición del país en diversas áreas sociales.
En la rica sucesión de gacetas, periódicos, revistas y otros impresos y formas de comunicación, se reconoce el paso de las generaciones, grupos, las concepciones de la cultura.
De manera creciente, la eficacia de la acción cultural de cada época está asociada a la de los medios de comunicación que produjo, a la creatividad, la imaginación y el vigor intelectual.
Ahora hablemos de nuestro tiempo del hacedor del periodismo, el hombre y la mujer comprometidos con la palabra, con la escritura, con la trasmisión de una información, de una reflexión, de una visión de los acontecimientos.
Ciertamente el trabajo periodístico no es filosofar, sino tomar una posición ante la realidad.
II
Vivir para decir
Actualmente la vida y la obra del quehacer periodístico encarnan la transición ética del intelectual que pasa del mero testimonio estético al compromiso político y social irrenunciable.
En este tiempo, lo sabemos todos, el ejercicio del periodismo se ha transformado en -el arriesgado oficio de decir y escribir-.
El verdadero periodismo no fue nunca una profesión neutral ni un simple empleo técnico; es un ejercicio ético, un deber moral y una herramienta de combate: todavía hay periodistas asesinados que viven: esta afirmación desde hace mucho tiempo cambió drásticamente la trayectoria del trabajo periodístico.
A través de la investigación rigurosa hoy se puede tener el dato preciso y la verificación estricta de los hechos que son el antídoto contra el sometimiento y la impunidad.
Se trata de escribir e informar para los -de abajo-: desconfiar del periodismo mercantilista y de los medios hegemonizados por el poder, abogando por un periodismo dirigido a las víctimas de los abusos de Estado y del poder económico.
Tanto, allá lejos y hace tiempo, como ahora, creo que el periodismo debe ser libre, o será una farsa, sin términos medios.
Por lo dicho, el pensamiento sobre la vida está marcado por una profunda evolución ética y política. La vida entonces cobra pleno sentido al ponerse al servicio de una justicia comunitaria.
Permanentemente se debe argumentar que los sectores dominantes buscan privar a los sectores populares de su historia para que cada lucha deba empezar desde cero. Para el periodista comprometido la vida individual encuentra su valor real cuando se inserta en la memoria y en el proyecto colectivo.
Se debe entender que la indignación ante el atropello exige no sólo una respuesta verbal, sino vital. Vivir significa dar testimonio de la verdad, aun a costa de las seguridades personales.
Porque la verdadera muerte es la inmovilidad, la falta de una voluntad ética, y de compromiso con la profesión u oficio, cualquiera que sea.
III
Decir o morir
La visión de la muerte para un periodista es posiblemente uno de los aspectos más conmovedores y trágicos de su legado, seguro está expresada en los escritos personales más comprometidos.
El periodista no busca la muerte ni la romantiza de forma estéril, pero se entiende que la lucha contra la corrupción y la impunidad implican un riesgo consciente.
La vida encuentra su plenitud en el compromiso ético con los demás; la muerte, cuando ocurre en defensa de la justicia, no es una derrota absoluta, sino un testimonio intransferible que renace en la memoria colectiva; y el periodismo es la herramienta esencial para romper la incomunicación impuesta por el poder y hacer circular la verdad.
IV
La lucha ética: ¿Ante este panorama qué nos queda?
El periodismo significativo de este tiempo donde abunda y se oscurece la verdadera información, debe estar trazado por una ética, porque ética es todo lo que atañe a la conciencia y al fuero interno, a sus cuestiones más interiores.
Ética acá no quiere decir moralismo ni idealismo, ética quiere decir aquí preocupación por el comportamiento del ser humano ante sus semejantes, ante la realidad y las circunstancias que propone.
Periodismo de inspiración ética se llama a la que le interesa rescatar a la sociedad de todas las trampas: dogmáticas, políticas, mercantilistas, manipuladoras, degradantes, empobrecedoras, tanto económicas como espirituales: se lucha por la verdad, no por las verdades, se lucha por la dignidad no por los honores, se lucha por un valiente espíritu de sinceridad.
Las heroínas y los héroes contemporáneos en cualquiera de sus áreas, son los que luchan consigo mismos y después contra un mundo virtual cada vez más empeñado en confundir y aplastar al ser humano como persona en sí, como persona infinitamente sola en su soledad mediática.
De nada sirve un periodismo al conjunto o a otros si no se ha hecho antes sincero en sí, claro y desnudo en su pensamiento y en su sentir, fuerte y honesto en su conciencia, esto es ser humano, verdaderamente humano. Un ser fidedigno en su manera de sentir y pensar: la coherencia.
En un mundo atrofiado de falsedades, cruel, destructivo y manipulador ejercido no por la inteligencia artificial, sino por personas de carne y hueso, donde se permite todo. ¿Por qué habrá de quedarse rezagado el espíritu de evolución de nuestra conciencia?
Si se multiplica la ignorancia organizada, por qué no se multiplica la pasión por alcanzar algo mucho más profundo y elevado: sentir hondo, pensar alto y hablar claro.
Si no somos capaces de pensar así, no seremos capaces de vivir con dignidad. El trabajo periodístico tiene, entre muchas funciones, la fidelidad a un ser universal, hoy profundamente lastimado, herido de muerte, que necesita sanarse, por su negación a todo aquello que lo degrade como persona y por su aceptación abnegada a cuanto lo fortalezca, como una elección libre y de conciencia libre: la necesidad de honradez, de inteligencia, de veracidad creadora y de libertad de pensamiento.
Sé que todo esto es una utopía, pero sin utopía no hay avances, la resistencia es una vocación, uno es el dueño o la dueña de sus actos, no para medirse por su valor, sino por la presencia para distinguir las claridades humanas y las convicciones profundas de no ceder ante la impunidad y el oscurantismo de este tiempo. Ya lo dijo Bertold Brech: los indiferentes son los enemigos de la vida.



