
- El GIEI salió por última vez de México hace tres años, luego de que el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador respaldó la versión de la Sedena de que ya había entregado toda la información del caso Ayotzinapa en su poder a los padres de los 43 normalistas, lo que estos nunca han creído.
Bogotá (apro).- La exintegrante de Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) Angela María Buitrago afirmó que las “petrosas” halladas en el basurero de Cocula al inicio de la investigación del caso Ayotzinapa fueron analizadas por peritos y estos no hallaron muestras de ADN que permitieran concluir a quién pertenecían esos restos.
Algunas “petrosas” –nombre que reciben las bases más duras del cráneo que protegen el oído interno y los fragmentos óseos humanos sometidos a temperaturas extremadamente altas— fueron halladas en el basurero donde, según la “verdad histórica” del gobierno de Enrique Peña Nieto sobre el caso Ayotzinapa, fueron incinerados los 43 normalistas desaparecidos la noche del 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero.
Buitrago dice que el GIEI solicitó el análisis de esos restos a los peritos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y de la entonces Procuraduría General de la República (PGR) y ambas instancias concluyeron que las “petrosas” no contenían ADN, por lo que es científicamente imposible establecer si corresponden o no a los normalistas desaparecidos.
Incluso, en noviembre de 2014 el EAAF y la PGR enviaron muestras de esas “petrosas” al laboratorio de la Universidad de Innsbruck, el cual “no consiguió obtener perfiles genéticos de ADN nuclear” de esos restos. En siete fragmentos sí halló ADN mitocondrial, pero no era de origen humano, sino animal.
›Ese mismo laboratorio fue el que analizó los restos supuestamente hallados en una bolsa en el Río San Juan –según las investigaciones se trató de un montaje a cargo del investigador del caso en la PGR Tomás Zerón— y en ellos sí encontró ADN nuclear que correspondía al normalista Alexander Mora Venancio.
Según una nota de La Jornada publicada este lunes, algunas “petrosas” halladas durante la investigación en varios lugares estuvieron a la vista de los expertos del GIEI y de los organismos civiles involucrados en el caso, “pero a ninguno le pareció relevante el hecho y fueron desestimadas, porque, según se dice, podrían apoyar a la llamada ‘verdad histórica’”.
De acuerdo con Buitrago, “eso no es cierto, porque las ‘petrosas’ que encontramos no tenían ADN y, por tanto, no servían para un proceso de identificación genética, y eso lo determinaron los peritos del EAAF, de la PGR y del laboratorio de la Universidad de Innsbruck”.
La nota de La Jornada parece confundir “petrosas” con bolsas cuando afirma que “los restos humanos –en proceso de estudio– hallados en más de una veintena de bolsas, conocidas como ‘petrosas’ debido a su dureza y a que fueron sometidas a altas temperaturas, encontradas en el basurero de Cocula y en el río San Joaquín, son parte de un conjunto de ‘muchísimos’ fragmentos corporales rescatados dentro y fuera de la funeraria El Ángel, en Iguala, Guerrero”.
Ni las “petrosas” son bolsas ni un “río San Joaquín” ha sido mencionado en las investigaciones del caso Ayotzinapa. Lo que sí existe en la investigación es el “Río San Juan”, que está junto al basurero de Cocula y es donde, según las evidencias, Tomás Zerón “sembró” los restos del normalista Alexander Mora Venancio.
El GIEI también investigó las funerarias El Ángel y Gutiérrez y en sus primeros dos informes –presentados en septiembre de 2015 y en abril de 2016— pidió a la PGR profundizar esas pesquisas “para determinar una eventual vinculación (de esos tanatorios) con los hechos y evaluar el posible destino de los normalistas desaparecidos”.
Buitrago señala que se hicieron varias inspecciones judiciales en esas funerarias desde el principio de la investigación sin que se hallaran “petrosas”. Si ahora aparecieron, habría que ver si tienen ADN, lo que científicamente es “inviable” para ese tipo de restos, señala la exintegrante del GIEI, exfiscal y exministra de Justicia de Colombia.
El GIEI salió por última vez de México hace tres años, luego de que el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador respaldó la versión de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) de que ya había entregado toda la información del caso Ayotzinapa en su poder a los padres de los 43 normalistas, lo que estos nunca han creído.
En octubre el año pasado, Proceso publicó una nota de Luis Daniel Nava que daba cuenta de que la Unidad Especial de Investigación y Litigación del Caso Ayotzinapa (UEILCA) aseguró dos funerarias y sus crematorios en Iguala por su presunta implicación con la desaparición de los 43 estudiantes.
De acuerdo con el despacho, se trató de las funerarias El Ángel y Rueda, propiedad del empresario Rodolfo Rueda Mazón, a quien su familiar Lázaro Mazón Alonso, secretario de Salud de Guerrero en el gobierno de Ángel Aguirre Rivero (2011-2014) le otorgó la concesión del Servicio Médico Forense (Semefo) de Iguala.



