Cuentas y Cuentos… Por una UNAM sin Alumnos Rechazados y con Maestros Bien Remunerados - Lacallelibre

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Por Joaquín H. Vela González.

El crecimiento del número de espacios para alumnos en la UNAM debiera  ser una decisión de alcance nacional, que apoye el crecimiento económico del país, con las intelectuales y científicos que se requieren para el avance tecnológico de nuestra patria. No puede ser sólo decisión de la burocracia universitaria, que al igual que todas las burocracias, primero ve sus intereses y luego lo importante.

Lo que se decida va a impactar de forma directa al nivel del desarrollo de México, por lo que lo adecuado es tomar esas decisiones desde la perspectiva de un plan nacional de desarrollo educativo y de innovación tecnológica, en una lógica de planeación de gran visión.

Además, la UNAM no cuenta hasta hoy con instancias verdaderamente democráticas para la toma de decisiones de esta magnitud, con las que se pudiera tener en cuenta la opinión de estudiantes, y  profesores, de esta gran institución. Actualmente se rige por estructuras de gobierno que datan de 1945, que aparte de antidemocráticas, ya no responden a la realidad actual.

El número de estudiantes de la UNAM no ha crecido de manera significativa entre 1972 y 2026. De 371 266 estudiantes en 1972, se creció en la cantidad de 700 estudiantes por año, ya que las cifras actuales de alumnos inscritos son de un total de 409 mil que incluyen los de posgrado, nivel profesional y bachillerato. Solo ha crecido en la cantidad de 37, 734 estudiantes en 54 años.

Es decir, prácticamente no ha crecido la matrícula estudiantil, a pesar de que la UNAM sí ha crecido en los últimos 54 años en número de instalaciones y planteles tanto en la zona metropolitana del Valle de México, como al interior del país.

En los últimos veinte años el monto del PRESUPUESTO UNIVERSITARIO se ha casi triplicado, al pasar de 19 mil 961 millones 808 mil tres pesos, en 2007 a 59 mil 878 millones de pesos en la actualidad.

¿Quiénes han definido la actual estructura salarial que polariza entre una minoría con altísimos salarios y una gran masa de profesores en la sobrevivenciadejar? ¿ La alta meritocracia no resuelve un problema fundamental de la UNAM que es la docencia.? ¿O se lo gastaron en otro tipo de actividades de carácter improductivo?

Todo este contexto nos sirve para entender dos problemas fundamentales, que desde hace muchos años vienen afectando al buen funcionamiento de esta institución académica:

  • El alto porcentaje de alumnos rechazados;
  • Insuficiente y mal pagada planta docente que en pésimas condiciones carga con el peso fundamental del desarrollo de esta institución.

Sin duda, ambos problemas están conectados, y se explican por  la existencia de una sólida oligarquía que maneja a la UNAM presupuestal y políticamente desde hace más de medio siglo, un grupo donde predominaron los médicos, que desplazó la rotación en el ejercicio de la Rectoría entre Ingenieros, médicos y abogados, y que representa la etapa más oscura: el estancamiento y el retroceso del proyecto universitario.

Este control absoluto de los médicos impone a la Institución un modelo educativo de corte conservador que se aplica en la UNAM desde los años 70’s, cuando arribó a la Rectoría  el Doctor (Médico) Guillermo Soberón Acevedo, y su grupo, en el año 1973. Este grupo de médicos fue el encargado de aplicar la política del Estado mexicano de limitar el crecimiento masivo, tanto de la UNAM como del IPN, sobre todo después de los hechos de 1968 y 1971.

Este grupo que hoy mantiene el control y la hegemonía en la UNAM, asciende aprovechando  la renuncia del mejor Rector que ha tenido nuestra universidad, Don Pablo González Casanova, de una época en la que casi no había rechazados, y en la que el manejo del presupuesto era transparente y pulcro. Prácticamente la actual estructura de plazas docentes y de investigación es la misma que nos heredó este gran mexicano.

Este mismo grupo sigue controlando  la Junta de Gobierno, al Consejo Universitario, y los Directores de la totalidad de Facultades y Escuelas. Con los Directores, hacen mayoría en el Consejo Universitario, y así controlan a todos los órganos de gobierno y su continuidad en los mismos.

El modelo excluyente y clasista desarrollado e impuesto por esta oligarquía le cerró las puertas a miles de estudiantes que aspiraban a realizar sus estudios en la UNAM y fueron rechazados, supuestamente por no tener la preparación suficiente para ingresar a la mejor Universidad del país.

Durante muchos de los últimos años, rechazaban a 89 de cada 100 jóvenes que presentaban el supuesto examen de “alto nivel”. En realidad era una afinada maquinaria que estaba diseñada para cortar las aspiraciones de miles de jóvenes.

Hoy, al actual Rector le toca vivir el capítulo reciente de esta larga tragedia o comedia. Resulta que el último examen de admisión ha registrado la mayor cantidad de irregularidades en su historia. A los operadores encargados por el Rector se les pasó la mano y tenemos un aumento desmedido de los aciertos exigidos para ingresar a la UNAM en la casi totalidad de las diferentes carreras. En consecuencia, queda al descubierto un manejo calificado como “fraudulento” en la prensa y la opinión pública, en la aplicación del examen, al grado de formar una “comisión técnica de expertos” para generar una salida decorosa a este bochornoso suceso. Aunque por las irregularidades y trampas difundidas, lo sano sería repetir el examen de manera presencial y garantizar con ello, cuando menos, los márgenes de certeza de años anteriores.

Esperamos que la solución que ofrezca la actual Rectoría sea un cambio real al tema de los rechazados de este año. Pero que también busque construir una salida al tema de fondo de cambiar la visión de largo plazo de la burocracia que se ha convertido en un obstáculo al derecho de muchos jóvenes que sueñan con un futuro mejor para ellos y para el país.

El pretexto ya no puede ser  sólo la falta de presupuesto, este ha existido, aunque tal vez no en la cantidad suficiente, solo falta un uso más racional para moderar a la burocracia dorada y combatir la voraz corrupción interna.

Muy urgente e importante es frenar el abuso de plazas de confianza para sustituir actividades de base, tanto académicas como administrativas.

La burocracia dorada controla pero no resuelve los problemas de sobrevivencia más urgentes y sentidos de los profesores de asignatura u hora clase semana-mes. Y es que hasta hoy, el gran peso de la carga académica recae en este segmento de profesores. Sus ingresos son prácticamente simbólicos y aun así, los retrasan y les menoscaban las limitadas prestaciones que por ley les corresponden.

El comportamiento de esta burguesía burocrática es totalmente patronal, y para ello cuentan con el apoyo de un sindicato (AAPAUNAM) que no es sindicato, sino una extensión de la propia Rectoría.  Estas asociaciones “autónomas” en función de “sindicato” han aceptado y firmado aumentos salariales para los profesores de la UNAM, por abajo de la inflación, por lo menos durante los últimos 30 años.

Es urgente una re-orientación del presupuesto, para reconocer este nuevo rol central que juega este importante sector, el de las y los trabajadores académicos súper explotadas y explotados. Y si verdaderamente se abren las puertas de la UNAM a un mayor número de alumnos y alumnas, solo podrá dárseles atención si se rescata a la planta académica, que hoy subsisten como asalariados en una las peores condiciones del país.

Al aumentar al trabajo docente, se debe pensar también en una reestructuración real y verdadera de la estabilidad de sus carreras académicas y de sus ingresos en el largo plazo.

velagj@economia.unam.mx

Carlos H.