
- El crimen organizado en México evolucionó hacia redes flexibles con rasgos paramilitares, sostiene Guadalupe Correa-Cabrera. En Cárteles Inc., advierte que la militarización agravaría la violencia.
Ciudad de México, 28 de junio (SinEmbargo).– El panorama del crimen organizado en México ha cambiado profundamente debido a transformaciones geopolíticas, energéticas y de seguridad, marcadas por la pandemia, la crisis del fentanilo, los conflictos internacionales y el endurecimiento de la política estadounidense hacia México. La doctora Guadalupe Correa-Cabrera sostiene en Cárteles Inc.: evolución y una “nueva generación” (Siglo XXI Editores) que estas nuevas condiciones obligan a revisar los marcos tradicionales de análisis, pues la llamada «guerra contra las drogas» sigue vigente, ahora reforzada por la militarización y por la narrativa del «narcoterrorismo», mientras persisten los intereses vinculados a recursos estratégicos y a grandes corporaciones transnacionales.
Guadalupe Correa-Cabrera argumenta que el crimen organizado ya no puede entenderse como un conjunto de grandes cárteles jerárquicos, sino como una red flexible de actores y empresas criminales que operan bajo un modelo similar al de franquicias, con un fuerte componente paramilitar heredado de Los Zetas. Desde esta perspectiva, propone emplear herramientas como el análisis de redes y la teoría de sistemas para explicar la violencia en México, al tiempo que advierte que la creciente militarización y una eventual intervención militar de Estados Unidos no resolverían el problema, sino que podrían intensificar tanto la violencia como la inestabilidad en la región.
SinEmbargo comparte en exclusiva para sus lectores un fragmento del libro Cárteles Inc.: evolución y una “nueva generación” con autorización de la autora Guadalupe Correa-Cabrera y de Siglo XXI Editores.
Después de casi nueve años de haber publicado el libro Los Zetas Inc.: Criminal Corporations, Energy, and Civil War in Mexico con la editorial de la Universidad de Texas (University of Texas Press) (en español Los Zetas Inc. Corporaciones criminales, energía y guerra civil en México), el panorama criminal en México, el contexto político y las relaciones internacionales han experimentado una notable transformación. Lo anterior determina nuevos modelos de negocios criminales, así como otras estructuras y formas de operación de la delincuencia organizada en el país que requieren de nuevos marcos conceptuales para explicarlos.
Esta transformación viene acompañada por cambios fundamentales en los mercados globales de energía, la geopolítica y la geoestrategia. Dichos cambios —amplificados después de la pandemia de COVID-19, los conflictos bélicos en Ucrania, Medio Oriente y otras latitudes del mundo, y ahora en la segunda administración de Donald Trump— han tenido implicaciones cruciales en términos de política exterior estadounidense, las relaciones México-Estados Unidos, el manejo de la frontera sur de Estados Unidos y la política energética. Por consiguiente, una revisión profunda del material presentado en Los Zetas Inc. se hace sumamente necesaria. Dicha revisión podría ser muy relevante en el contexto de un nuevo orden internacional; la disrupción (y rediseño) de las cadenas de suministro globales a raíz de la pandemia y conflictos armados regionales; la llamada “crisis del fentanilo” en Estados Unidos; una segunda administración trumpista que denomina a los llamados “cárteles de la droga” como “organizaciones terroristas internacionales” y al fentanilo como “arma de destrucción masiva”, así como la extensión de la securitización y la militarización tanto en México como en Estados Unidos.
Las hipótesis y conclusión de Los Zetas Inc. continúan vigentes para comprender esta nueva realidad, pero existe una evolución del crimen organizado en México que debe explicarse con todo detalle. Además, se van gestando cambios fundamentales en el contexto regional que deben considerarse. Por ello, surge este nuevo libro ampliamente revisado y actualizado, Cárteles Inc., el cual incluye una sección que explica la evolución del mundo criminal en México desde 2018 y plantea la utilización de marcos teóricos alternativos para comprender una nueva realidad criminal en el país.
La primera parte de este proyecto editorial y académico de largo plazo publicado en 2017 (y traducido al español en 2018) explica cómo la denominada “guerra contra las drogas” mexicana (declarada en el contexto de lo que fue la Iniciativa Mérida) parece ser más bien una guerra “por los recursos estratégicos de México” que beneficia primordialmente al gran capital transnacional y a las industrias extractivas en particular. Entre los principales ganadores en este proceso destacan el complejo militar fronterizo industrial, el sector financiero internacional y las compañías transnacionales de energía —antes concentradas en el sector de energías no renovables (gas y petróleo) y ahora también ubicadas en el sector de las energías renovables en sintonía con lo que algunos denominaron en el pasado reciente como un Nuevo Introducción 25 Acuerdo Verde (Green New Deal)—. Muchas de estas compañías tienen sus centros de operación en Estados Unidos de América y algunos países europeos.
Mediante la conocida estrategia de descabezar cárteles de la droga (denominada en inglés kingpin strategy) —operada por su agencia antinarcóticos (la Administración para el Control de Drogas, la dea) y centrada en los “Señores del Narco” fuera del territorio estadounidense— el vecino país del norte libra e impone a México una guerra que aparentemente nunca podrá ser ganada. La guerra contra las drogas que hereda México de Estados Unidos se mantiene vigente hasta ahora, aunque también evoluciona. Además, se intensifica durante la segunda administración de Trump, ante mayor presión, exigencias y amenazas de intervención militar directa contra México por parte del gobierno estadounidense en su lucha contra lo que hoy denomina, por decreto, “narcoterrorismo”. Así, el obradorismo mantiene la guerra y, en cierto sentido, la extiende.
Después de 2018 no hay una orden específica por parte de Presidencia de la República de confrontar directamente a los cárteles, pero —aun en la era de los llamados “abrazos, no balazos”— se consolida la presencia militar en el país y el papel de las Fuerzas Armadas mexicanas se amplía de tal manera que llegan a monopolizar las tareas de seguridad pública en México a nivel federal, al tiempo que extienden sus capacidades hacia múltiples áreas que antes se reservaban exclusivamente para el sector civil. Esta militarización efectiva de la seguridad pública y el avance de las Fuerzas Armadas en otras áreas estratégicas y de desarrollo económico de México durante los años posteriores a 2018 —en un entorno de paramilitarismo criminal cada vez más complejo— inducen un cambio fundamental en el panorama delincuencial del país.
Se trata de una versión recargada de la guerra contra las drogas que, evidentemente, tiene implicaciones en la relación bilateral. La insistencia en calificar como terroristas a los cárteles mexicanos no es sólo un gesto simbólico; es una herramienta de presión política y económica.
En Los Zetas Inc. se explica la conformación de “corporaciones criminales” que diversifican sus actividades más allá del narcotráfico y expanden sus ámbitos de acción hacia otras áreas económicas gracias al componente (para)militar que les imprimió el modelo Zeta, el cual consiste en el entrenamiento y la estrategia militares, así como en el acceso a armamento de alto calibre. Esto les permitió controlar territorios y extraer rentas por medio de la extorsión, el secuestro y otras actividades delincuenciales. Lo anterior se da en el marco de la declaración de una guerra contra las drogas por parte del gobierno mexicano, que genera un conflicto armado de fuerte intensidad en algunas regiones del país y da como resultado la fragmentación de grandes asociaciones o corporaciones criminales (el Cártel del Golfo, Los Zetas y La Familia Michoacana, por ejemplo) y una reconfiguración de sus estructuras y actividades. Así, ciertas organizaciones delincuenciales que tenían presencia y dominio regional se fragmentan en múltiples unidades y modifican sus estrategias. Algunas se dividen en múltiples células complejas que se van adaptando a las necesidades y demandas del mercado, tanto como de las agencias gubernamentales que administran los negocios criminales dentro y fuera de México.
Otras organizaciones criminales “parecen” consolidarse y, de acuerdo con las agencias de seguridad estadounidenses, se constituyen como los principales riesgos a la seguridad y a la salud pública de ese país. Hablamos en particular del Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (cjng). Por lo general, se tiene la idea de que ambas agrupaciones operan como cárteles de la droga tradicionales. Sin embargo, la realidad parece contradecir dicha aseveración. Un análisis más preciso del contexto criminal en México y un estudio a conciencia de las dinámicas locales y a nivel nacional y transnacional de la delincuencia organizada en general, Introducción 27 contrasta con la idea —promovida especialmente por los medios de comunicación masiva y las agencias de seguridad estadounidenses— de que se trata de dos poderosas organizaciones delincuenciales con una estructura vertical y liderazgos bien definidos, sobre todo vinculadas al negocio del narcotráfico.
En realidad, el mundo criminal en México es extraordinariamente complejo y la delincuencia organizada opera en distintos espacios y dimensiones. La violencia de alto impacto en el país no es perpetrada exclusivamente por dos organizaciones operando en contubernio con sus respectivos aliados en las distintas regiones de México. El narcotráfico y en general la delincuencia organizada en México no operan ya a través de poderosas corporaciones criminales, sino a través de “redes” de actores y empresas que facilitan una serie de negocios lícitos e ilícitos. Sí, hablamos de redes criminales y no de cárteles per se. En este contexto renovado, se hacen necesarios nuevos marcos teóricos para explicar la violencia y las actividades criminales en el país.
El análisis de redes sociales y la teoría de sistemas constituyen dos herramientas conceptuales mucho más apropiadas para comprender la realidad criminal y la violencia en México. El modelo de “corporación criminal” que surge a partir de la formación de Los Zetas —y en el cual se centra el libro Los Zetas Inc.— se transforma en la última década y da lugar a una “nueva generación” de empresas y mercados ilícitos que, desde una perspectiva de administración de negocios, se podría entender como un modelo de franquicia criminal. Asimismo, vale la pena resaltar que los crímenes de alto impacto en el país no están necesariamente vinculados al mercado de las drogas, cuyo destino es Estados Unidos. Los orígenes de la violencia en México son múltiples y las dinámicas locales o regionales divergen entre sí. Por otro lado, existe un componente paramilitar criminal que debe analizarse e investigarse por separado y cuyo origen no es fácil de determinar. El presente trabajo delineará algunas hipótesis para explicar este fenómeno.
En este nuevo texto se incorpora un relato detallado de la transformación o evolución reciente de la delincuencia organizada en México. La primera versión de este material describe a profundidad un nuevo modelo de negocios del crimen organizado en este país, centrado en el militarismo y la militarización de la seguridad pública, es decir, un modelo inspirado en Los Zetas. El presente volumen retoma este análisis y explica la evolución del modelo a partir del surgimiento del cjng. Además, elucida las dinámicas de operación de su estructura empresarial, que parece operar más bien como una franquicia criminal.
Con Los Zetas comienza una nueva era en el mundo delincuencial y se plantea un nuevo paradigma empresarial del crimen organizado en México; por lo tanto, es clave comprender su modelo y estrategias. Los Zetas fueron pioneros e impusieron una tendencia paramilitar que prevalece en el ecosistema criminal del país. Las primeras dos secciones de este libro explican el modelo paramilitar de Los Zetas, un nuevo modelo de negocios que opera a nivel transnacional y los efectos de la llamada “guerra contra las drogas” en México. Ello desencadenó lo que aquí se denomina una “guerra civil moderna” o enfrentamiento entre las Fuerzas Armadas mexicanas y grupos de civiles armados en partes clave de la República Mexicana —donde se concentran recursos naturales estratégicos—. El análisis se centra, entonces, en los efectos del conflicto armado y el nuevo modelo paramilitar criminal mexicano en el sector energético, que se examinan en la tercera parte del libro. Una nueva (cuarta y última) sección de este volumen describe una configuración actualizada del crimen organizado en México después de la publicación de Los Zetas Inc. Esta evolución se explica por la cooperación antinarcóticos y de seguridad fronteriza entre México y Estados Unidos, así como por la militarización de las estrategias relevantes.
Esta transformación se presenta en el contexto de la denominada “crisis del fentanilo” y una transición global hacia las energías renovables. Así, la sección final de Cárteles Inc. describe la formación de una nueva generación de redes criminales —es decir, una evolución del modelo criminal descrito en Los Zetas Inc.—. También se analizan los efectos de dicha transformación en el sector energético y sobre la propiedad y el uso de la tierra en México, en un contexto de transición hacia un mayor uso de energías renovables. Las regiones por analizar se extienden hacia el noroeste (Baja California, Sonora y parte de Chihuahua) y zonas del Pacífico, sur y sureste de la República Mexicana. Los recursos naturales bajo acecho de grupos empresariales transnacionales vinculados a la generación de energía podrían ser litio, tierras raras, agua y uranio, entre otros.
Tráfico de armas
Este nuevo material explica la transición o, mejor dicho, la evolución del concepto de “corporaciones” hacia “redes” criminales, así como la formación de sistemas complejos adaptativos, lo cual dificulta la implementación de una estrategia efectiva que dé solución al problema de violencia e inseguridad en México. Lo anterior, debido a que la existencia de estas estructuras criminales per se obliga a la expansión de la presencia militar, lo cual alimenta de forma sostenida a la violencia en México. El presente trabajo es particularmente relevante considerando los argumentos más recientes provenientes de Estados Unidos que justifican la utilización directa de las Fuerzas Armadas de ese país en territorio mexicano, supuestamente para desmantelar lo que muchos denominan de manera errónea “carteles” mexicanos y resolver así su crisis de fentanilo y la adicción a drogas diversas.
Entonces, la última parte del libro también explica por qué la potencial declaración de guerra desde Estados Unidos en contra de los llamados “cárteles mexicanos” —ahora denominados por el gobierno de ese país como “organizaciones terroristas internacionales”— no es solo una propuesta extremadamente peligrosa, sino que es una estrategia absolutamente ineficaz para reducir la violencia en México y la epidemia de adicciones en el país vecino. Por el contrario, una acción de este tipo contribuiría muy posiblemente a una intensificación continua y exponencial de estos problemas. Cabe destacar que el apoyo a la actual política de drogas impuesta desde Estados Unidos, y las propuestas para destruir militarmente a los cárteles en territorio mexicano justificarían y continuarían una estrategia antinarcóticos fallida que no ha resuelto las problemáticas fundamentales ni sus causas de raíz, al tiempo que ha alimentado un conflicto armado de terribles consecuencias al sur de la frontera México-Estados Unidos.
En resumen, las secciones actualizadas describen una nueva generación de grupos paramilitares criminales que operan sobre todo en el noroeste y la costa del Pacífico mexicano (pero que también han extendido su influencia a nivel nacional), sus estrategias, así como su impacto en las relaciones México-Estados Unidos, la estrategia de seguridad de México y el sector energético en general. Dicho análisis ilustrará finalmente por qué librar una “guerra” desde Estados Unidos contra los cárteles de la droga mexicanos es muy peligroso y resulta un enfoque ineficaz para reducir la violencia en nuestro hemisferio. El libro concluye con una crítica fundamental a la guerra contra las drogas (ahora contra lo que denominan “narcoterrorismo”) de Estados Unidos —impuesta sobre sus vecinos del sur— y presenta un cuestionamiento justo al proceso de militarización en México y a su consolidación y expansión en el gobierno de la llamada Cuarta Transformación (4T).




