
- Francia “exporta” 72 futbolistas a otras selecciones. Curazao tiene a 25 de 26 jugadores nacidos en Países Bajos. Un alemán adquirió la nacionalidad iraní horas antes del inicio del Mundial y varios jugadores de las 48 selecciones participantes nacieron en campos de refugiados.
Ciudad de México (Proceso).– El Mundial es un reflejo de las migraciones. De los mil 248 jugadores que participan, 286 representan a un país donde no nacieron, es decir, uno de cada cuatro. Francia es el ejemplo más claro: podría integrar tres equipos completos con todos los jugadores que nacieron en territorio galo, pero que por sus raíces o naturalización prefirieron defender la camiseta de otros países.
Esta cifra duplica el registro anterior, pues en Qatar 2022, según el CIES Football Observatory, fueron 137, un récord histórico que sólo duró cuatro años. El segundo lugar en ese ránking exportador es Países Bajos con 42.
Con los 72 jugadores que Francia “exporta” a otros equipos se podría armar un once estelar con figuras como el portero Edouard Mendy (Senegal), defensas como Kalidou Koulibaly (Senegal) o Evan Ndicka (Costa de Marfil), mediocampistas como Ellyes Skhiri (Túnez) o Seko Fofana (Costa de Marfil), y delanteros como Riyad Mahrez (Argelia) o Yoane Wissa (Congo). Entre las selecciones receptoras de ese talento se cuenta Argelia que tiene en el Mundial a 12 nacidos en Francia, el Congo a 11 y Haití y Senegal, 10 cada uno.
Este mapa traza las rutas migratorias del último medio siglo desde África hacia las metrópolis europeas, con hijos y nietos de esa diáspora, que pese a haber nacido en alguna ciudad de Francia, eligieron representar al país de origen de su familia.
El fenómeno tiene su expresión más extrema en la selección de Curazao que tiene sólo un jugador nacido en la isla y los otros 25 en Países Bajos. Los hermanos Leandro y Juninho Bacuna, que nacieron en Groningen, o Riechedly Bazoer, en Utrecht, son el botón de muestra.
Otro caso es el de Bosnia-Herzegovina, con 16 de sus 26 jugadores nacidos fuera de su territorio, producto de la diáspora que dejó la desintegración de Yugoslavia en la década de los noventa.
Por su parte, Irak tiene nueve jugadores nacidos en Suecia y no es una casualidad, pues tan solo la ciudad de Södertälje, de apenas 80 mil 000 habitantes, acogió más refugiados iraquíes que todo Estados Unidos y Canadá juntos tras la guerra de 2003.
En el otro extremo, sólo ocho de las 48 selecciones están en el torneo sin ningún jugador nacido fuera: Arabia Saudita, Austria, Brasil, República Checa, Colombia, Panamá, Sudáfrica y Suecia.
Otro ejemplo de por qué este es el Mundial más transfronterizo de la historia es el de jugadores como Alphonso Davies, la máxima estrella de Canadá quien nació en un campo de refugiados en Ghana.
Sus padres huyeron de Liberia por la guerra civil y esperaban ser acogidos por un país lejos del suyo. Llegaron a Edmonton cuando Alphonso era niño, de manera que aprendió a jugar en las canchas de Alberta. Hoy es jugador del Bayern Munich.
Aymeric Laporte tomó el camino inverso. Convocado por Francia desde 2016, esperó cinco años su oportunidad con Les Bleus. Como nunca llegó, aprovechó sus casi diez años en Bilbao, donde jugó para el Athletic, para naturalizarse español y hoy es pieza importante de La Roja.
Caso similar es el de Brahim Díaz, jugador del Real Madrid que destacó en las selecciones juveniles españolas, pero que en 2023 eligió Marruecos. Más exótica es la historia de los hermanos Williams, pues ambos nacieron en Bilbao. Iñaki juega esta Copa del Mundo con Ghana, mientras Nico lo hace con España.
Dennis Dargahi, nacido en Bonn, Alemania, con el nombre de Dennis Eckert, es hijo de madre española y padre alemán-iraní. Recibió la ciudadanía iraní apenas en mayo, cuando adoptó el apellido paterno y viajó al Mundial sin que la FIFA hubiera aprobado formalmente el cambio de asociación.
El motivo que en gran medida disparó estos casos fue la modificación a la regla que autorizó la FIFA en 2020 que permite a los futbolistas cambiar de selección si jugaron un máximo de tres partidos con su país de origen antes de los 21 años.
Antes de esto, el futbolista que tuviera como antecedente al menos un partido oficial con la selección de un país ya no podía jugar con otra.
Fue así que cientos de futbolistas que no tenían cabida en selecciones potencia pudieron cambiarse al país de origen de sus padres o abuelos, o simplemente naturalizarse, como el caso de Álvaro Fidalgo, quien obtuvo la nacionalidad mexicana hace apenas un par de meses y ya fue titular en el debut de México en esta Copa del Mundo.
En la misma situación está el colombiano Julián Quiñones, quien marcó el primer gol del torneo. Santiago Giménez es otro caso, nació en Argentina y llegó a México a los dos años de edad. La nacionalidad mexicana la adquirió de susu padre, el futbolista Cristian Giménez, quien se naturalizó.
Además de estos jugadores, otros dos seleccionados nacionales están en el Mundial sin haber nacido en México: Brian Gutiérrez y Obed Vargas, nacieron en Chicago y en Alaska y poseen la doble nacionalidad.
Es por ello que en el vestidor de Curazao se habla neerlandés, que una gran cantidad de franceses podrán enfrentarse al equipo del suelo que los vio nacer y que Alphonso Davies corre por la banda izquierda con la camiseta de Canadá, aunque su sangre es liberiana y su acta de nacimiento es de Ghana.

