
Por Miriam Guerrero Guadarrama
En el Estado de México, una de las entidades más pobladas y con mayores contrastes sociales del país, cientos de ciudadanos organizados en el Movimiento Antorchista han salido nuevamente a las calles para exigir algo que, en teoría, debería ser elemental en un régimen democrático: el derecho de audiencia. Bajo la consigna “Gobernadora atiéndenos”, habitantes de diversos municipios han visibilizado la profunda contradicción entre el discurso oficial y la realidad material que viven miles de familias trabajadoras.
En municipios como Nicolás Romero, Atizapán de Zaragoza, Villa del Carbón, Cuautitlán Izcalli y Huixquilucan, las demandas sociales acumuladas no son nuevas ni superficiales. Se trata de necesidades básicas como agua potable, drenaje, pavimentación, infraestructura educativa, apoyos al campo y seguridad pública. Estas exigencias, lejos de ser concesiones, constituyen derechos fundamentales de la población.
El dirigente social Alejandro Navarro García ha señalado con claridad el carácter estructural del problema: “Son un total de más de 100 demandas sociales en la zona nororiente que beneficiarán a miles de familias mexiquenses […] sin embargo, a casi más de dos años de la administración estatal, los problemas no se han resuelto y, además, se nos ha negado el derecho de audiencia”. Esta afirmación pone en evidencia no solo la magnitud del rezago social, sino también la falta de voluntad política para atenderlo.
Estas carencias no son producto del azar ni de errores administrativos aislados, sino resultado directo de un modelo económico que concentra la riqueza en pocas manos y margina a las mayorías. La infraestructura deficiente, la inseguridad y la precariedad de los servicios públicos son expresiones concretas de la desigualdad estructural inherente al capitalismo dependiente que caracteriza a México.
Navarro García también denuncia la simulación institucional: “Cuando la gobernadora visita algún municipio […] limpian, barren y pintan las calles […] para dar una imagen de que todo está bien, pero la realidad es que en las colonias faltan los servicios básicos”. Esta práctica refleja lo que en términos dialécticos puede entenderse como la contradicción entre apariencia y esencia: mientras el gobierno proyecta una imagen de progreso, la base material de la sociedad revela abandono y exclusión.
La organización de actividades como: cadenas humanas, distribución de volantes, mitines y marchas, no son actos aislados, sino expresiones de una conciencia colectiva en desarrollo. Las masas comienzan a identificar que solo mediante la organización y la lucha, pueden hacer valer sus derechos frente a un Estado que, en última instancia, responde a intereses de clase.
El conflicto entre los antorchistas y el gobierno estatal debe entenderse como una manifestación de la lucha de clases en el terreno de la gestión social. Por un lado, las clases trabajadoras organizadas que demandan condiciones dignas de vida; por otro, una estructura estatal que prioriza intereses ajenos al bienestar popular.
La negativa de audiencia no es un hecho menor: representa la negación política de las masas como sujeto histórico. Sin embargo, esta misma negación genera condiciones para una mayor organización y conciencia. En términos dialécticos, la contradicción se agudiza y abre la posibilidad de transformación.
Bajo esa óptica, la situación en el Estado de México confirma que las demandas sociales no serán resueltas de fondo, mientras persista un sistema que reproduce la desigualdad. La lucha por agua, vivienda, educación y seguridad no es solo una lucha administrativa, sino una lucha política de carácter estructural.
La consigna “Gobernadora atiéndenos” sintetiza una exigencia inmediata, pero también revela una verdad más profunda: solo el pueblo organizado puede convertirse en fuerza transformadora de la realidad. Como lo ha expresado Alejandro Navarro García, la lucha no es solo por ser escuchados, sino por cambiar las condiciones que hacen necesarias estas demandas.
En última instancia, la solución no radica únicamente en la atención gubernamental, sino en la construcción de una sociedad donde los recursos y el poder estén al servicio de las mayorías. Esa es la tarea histórica que el Movimiento Antorchista plantea y que solo podrá concretarse mediante la organización consciente y la lucha colectiva del pueblo trabajador.




