
Por Joaquín H. Vela González
En el capitalismo, hacer crecer la economía requiere una dinámica de inversión continua y en ascenso. Sin embargo, en México y en el mundo, desde la crisis de 2009 estamos en una larga fase de contracción económica. La “inversión pública” nacional ha estado estancada y a la baja. Su efecto multiplicador ha estado silenciado. Debido a esto resulta relevante conocer una reciente iniciativa del gobierno federal que promovueve el crecimiento de la inversión pública y la economía mixta.
El Plan de Inversión en Infraestructura anunciado por el Gobierno Federal para 2026-2030 contempla una inversión de ($5.6) billones de pesos.
Esta inversión está orientada a los siguientes sectores:
- Energía: (54.15%) (Soberanía y transición energética)
- Trenes: (15.63%) (Nuevas vías de pasajeros)
- Carreteras: (13.94%) (Conectividad y caminos artesanales)
- Puertos: (6.48%) (Infraestructura logística)
- Salud: (6.23%) (Hospitales y clínicas)
- Agua: (2.83%) (Saneamiento y abastecimiento)
- Educación y Aeropuertos: (0.38%)
¿Cómo regular y optimizar el uso de esta cantidad de recursos en favor del futuro inmediato de toda la sociedad mexicana?
De entrada, aplaudimos el programa. Su instrumentación responde a la prolongada y gran recesión de la economía mundial y a una complicada retracción del ciclo interno. Esta iniciativa es una estrategia para avanzar en los objetivos de mediano y largo plazo, apoyándose en la Rectoría del Estado Mexicano. Es poner en práctica el modelo de que a través de propuestas concretas se puede avanzar en la tarea de construir la infraestructura material necesaria para el desarrollo económico nacional futuro, y a la par, pueda convertirse en atracción de inversión nacional y extranjera, logrando ademas trasladar ésta, de la esfera financiera especulativa al área productiva que es la que se necesita.
Nuestra propuesta consiste en señalar que esta medida de reactivación económica no se limite al beneficio exclusivo del gran capital privado. Es necesario incorporar en esta espiral de crecimiento a las pequeñas y medianas empresas, así como tambien a los sectores de la economía social, como ejidos, cooperativas y comuneros rurales que son los propietarios de la mayor parte de la propiedad territorial de la nación.
De concordar con nuestra visión y premisas, el gobierno debe proceder a establecer programas y acciones complementados por la normatividad que les debe acompañar, que posibiliten trazar metas y objetivos tanto en línea horizontal como vertical que permitan instrumentar no solo lo referente al tema de la producción, y de consolidación tecnológica tan necesarios para el país, sino tambien a los temas igualmente importantes de carácter social, como son los impactos ambientales, laborales, y los redistributivos, algo indispensable y urgente en nuestra sociedad.
Elaborar por ejemplo diseño de programas de impacto regional y sectorial que deriven de la aplicación territorial de estas nuevas inversiones, así como la construcción de las cadenas productivas intra e interregionales y sectoriales. Asimismo construir programas de prooveduría de las grandes empresas corporativas como estatales para derivar beneficios a las pequeñas y medianas, así como al fortalecimiento del sistema cooperativo y de la economía social. Estos deben contener normas indispensables de cumplimiento para los grandes empresarios beneficiados, así como compromisos de soporte financiero de estos corporativos para las Pymes y el sector social para el debido y eficaz cumplimiento de las tareas y acciones comprometidas .
La planeación y la realización de esto proyectos significan un importante esfuerzo y trabajo tanto del gobierno como de los sectores productivos, a nivel intelectual como también de instrumentación práctica para la armonización y organización de la propuesta.
Lograr que los recursos naturales nacionales, con apoyo financiero publico sea transformado en infraestructura que posibilite el gran desarrollo nacional, que se exprese en ocupación productiva e ingresos y salarios dignos que todos los mexicanos demandan, es alcanzar una meta largamente buscada.
Finalmente, lo más importante es conseguir la voluntad política de todos los actores. De esa manera, el proyecto gubernamental, con el complemento que proponemos de realizarse adecuadamente sería garantía de un rotundo éxito, tanto en lo referente a la atracción de la inversión, la reactivación económica nacional, así cómo a la extensión de sus beneficios a los diferentes sectores de la sociedad mexicana. Se activaría el efecto multiplicador del gasto público en beneficio de la expansión del mercado interno y generaría con ello la creación y el crecimiento de mucho empleo e ingresos para la población.
Al reactivarse la economía crece el mercado interno, esto también significa un aumento de los ingresos estatales tan necesarios para consolidar la fortaleza de las finanzas nacionales.
Esto significaría verdaderamente estar construyendo futuro de manera sólida y sostenible. A fin de cuentas, eso es lo que se busca desde hace mucho tiempo por las más diversas vías y senderos.
velagj@economia.unam.mx



