
- Denuncia: Desde hace algunos meses hemos sido objeto de una ofensiva mediática… lo que está en disputa no es solo la política, sino lo que quieren hacer es cambiar la percepción misma de la realidad. No se trata de negar la libertad de expresión. Esa, esa libertad es un pilar irrenunciable de toda democracia.
PRESIDENTA DE MÉXICO, CLAUDIA SHEINBAUM PARDO:
Amigas y amigos:
Desde hace algunos meses hemos sido objeto de una ofensiva mediática y de campañas millonarias en redes sociales. No es casualidad.
No es casualidad. Detrás de ellas están los sectores conservadores nacionales e internacionales que nunca aceptaron que México recuperara su dignidad y decidiera ejercer plenamente su independencia.
Entendamos que hoy las formas de desestabilización promovidas por las derechas internacionales han cambiado un poco, pero no de propósito. Ya no siempre se imponen por la fuerza, como era en el pasado, hoy pueden expresarse a través de campañas digitales, operaciones de desinformación, que buscan erosionar gobiernos o movimientos.
Pueden operar desde plataformas globales, donde el flujo de información está concentrado en muy pocas manos, con una capacidad de influencia a través de algoritmos sin precedentes en la historia humana.
Además están diseñadas para permitir el uso de cuentas falsas, robots, que operan con dinero; dirigidas a la manipulación de información, no con opiniones reales.
Y en ese terreno, lo que está en disputa no es solo la política, sino lo que quieren hacer es cambiar la percepción misma de la realidad. No se trata de negar la libertad de expresión. Esa, esa libertad es un pilar irrenunciable de toda democracia.
Pero detrás de cuentas pagadas y robots, se articulan los intereses de los sectores conservadores extranjeros y nacionales que buscan recuperar privilegios perdidos o frenar la Transformación, respaldada por mayorías populares.
La soberanía vive en el territorio, pero también —hay que ser claros— vive en la información. Por eso, hay que estar alertas, informar desde el territorio, platicar con las familias, no dejarse llevar, y entender que esta es una nueva forma de manipulación.
Esta campaña a la que me refiero se intensificó después de que, el pasado 19 de abril, se hiciera pública la lamentable muerte en un accidente de dos agentes estadounidenses sin acreditación oficial, y de dos mandos de la Fiscalía General de Justicia de Chihuahua que participaban en una visita a un laboratorio, porque el desmantelamiento corrió por parte de la Fiscalía General de la República.
Frente a estos hechos, la Fiscalía General de la República abrió una carpeta de investigación por posibles violaciones a las leyes mexicanas.
Y aquí queremos ser muy claros: la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y la Ley de Seguridad Nacional establecen con precisión que ningún agente extranjero puede realizar tareas que corresponden exclusivamente a las autoridades mexicanas. Quien venga a nuestro país debe hacerlo con respeto a nuestra soberanía, acreditándose conforme a la ley y sujeto a nuestras normas.
Pocos días después, ocurrió algo todavía más grave: una oficina del Departamento de Justicia de los Estados Unidos solicitó, con carácter de urgente, la detención con fines de extradición de 10 ciudadanos mexicanos —entre ellos, un gobernador, un alcalde y un senador en funciones— sin presentar públicamente pruebas que sustentaran esa solicitud. Un hecho de esa magnitud no tiene precedentes en la historia de nuestra relación bilateral.
Y entonces debemos preguntarnos, surge la pregunta legítima: ¿Es realmente interés legítimo, genuino por ayudar a México? ¿Es realmente un interés legítimo para combatir a la delincuencia organizada? ¿O quizá estamos viendo cómo sectores de la ultraderecha estadounidense utilizan a nuestro país para posicionarse rumbo a sus elecciones de 2026? ¿O acaso pretenden influir en la elección de 2027 en nuestro país? No son preguntas retóricas.
¡México no es piñata de nadie!
Por eso, llamo la atención del pueblo de México. Cuando desde el exterior se dicta quién es culpable y quién no; cuando se busca presionar a nuestras instituciones desde fuera; cuando se normaliza la idea de “que otro país puede intervenir en asuntos que solo le corresponden a los mexicanos”, ya no estamos hablando de cooperación, estamos hablando de injerencia.
Y México, que se oiga claro y que se oiga fuerte: ¡no acepta injerencias! ¡Somos un país libre, independiente y soberano!
Porque es legítimo dudar del verdadero interés en los juicios de extradición para autoridades electas. Porque primero, hay que tenerlo claro: vienen por unos, luego por otros, hasta que oficinas del Departamento de Justicia se vuelven el principal elector en México. Eso no lo podemos permitir.
La historia de México sabe dónde conduce ese camino. Las intervenciones nunca han dejado justicia y bienestar para los pueblos. Por ello, no debemos irnos con la finta. Que quede claro: nunca vamos a defender la corrupción ni la colusión con el crimen. Nunca. Para eso están las instituciones del Estado mexicano: la Fiscalía General de la República y el Poder Judicial.
Tan firme ha sido el combate a la corrupción y a la colusión con la delincuencia, que la Fiscalía ha procedido contra autoridades de todos los partidos políticos cuando se ha comprobado su vinculación con actividades criminales.
Pero miren los resultados en seguridad. Hemos reducido, en 20 meses, en 49 por ciento los homicidios dolosos y en 20 por ciento los delitos de alto impacto. Y vamos a seguir dando resultados en seguridad, atendiendo a las y los jóvenes, y acabando con la impunidad, para que las y los mexicanos caminemos seguros en el territorio nacional.
Pero debe quedar claro: nosotros no hacemos la guerra como en el pasado, nosotros construimos paz con justicia.
Por eso, hemos sido muy claros en el caso de autoridades del vecino país del norte. Para ayudarnos a disminuir la violencia en México es indispensable detener el tráfico ilegal de armas hacia nuestro país, y es fundamental que atiendan el grave problema de consumo de drogas en su territorio. Así como nosotros actuamos en el nuestro, ellos también deben romper las cadenas de distribución de drogas y el lavado de dinero que ocurre en los Estados Unidos.
Nosotros creemos en la cooperación entre las naciones, en el intercambio de información y en el trabajo conjunto para enfrentar problemas comunes. Pero cooperación no significa subordinación. Colaboración no significa sometimiento.
La lucha contra la delincuencia organizada es una responsabilidad compartida por todos los Estados. Pero esa lucha no puede ser excusa para debilitar principios fundamentales del derecho internacional, como la no intervención y el respeto a la autodeterminación de los pueblos.
Nosotros vamos a seguir colaborando para evitar que las drogas crucen la frontera, por convicción humanista y porque entendemos el dolor que ese problema causa en familias estadounidenses.
Somos hermanos de todos los pueblos. Y entre los gobiernos nos guía el principio juarista de que: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.
Es mejor trabajar conjuntamente, como socios comerciales, respetándonos y fortaleciendo el interés común con respeto a nuestra soberanías. Pero debe quedar muy claro, México no admite la injerencia en nuestros asuntos internos, porque nosotros no nos entrometemos en los asuntos internos de otras naciones. Ese es el principio constitucional de la no intervención.
Porque la historia de México nos ha enseñado que ningún pueblo conserva su libertad si permite que intereses extranjeros decidan sobre su destino.
Las y los mexicanos en México y también en Estados Unidos y en el mundo entero, sabemos que los lazos que nos unen son poderosos, y están construidos sobre los valores más profundos de la fraternidad.
Colaboramos, nos coordinamos, pero, como lo he dicho: nunca nos subordinamos, ni nos subordinaremos.
Bastante le costó a los padres y las madres de la patria, a nuestros próceres y al pueblo: la soberanía y la independencia. Esa es visión de Estado, de patria, de nación.
Ahora bien, lo más lamentable es la actitud de una parte de la derecha mexicana: una derecha entreguista, dispuesta a celebrar e incluso promover las presiones de políticos extranjeros.
Una derecha que llega al extremo de invitar a representantes de la ultraderecha española para rendir homenaje a Hernán Cortés.
Políticos y comentaristas que viajan al extranjero para hablar mal de México; que, desde aquí, solicitan intervención externa; que abren las puertas a agencias extranjeras con tal de recuperar los privilegios que perdieron cuando el pueblo decidió cambiar el rumbo de la nación.
Sin embargo, por más lamentable, la verdad es que no nos extraña. Ese ha sido siempre, a lo largo de la historia, el papel de los conservadores mexicanos.
Pero hay algo que no entienden: México ya cambió. Nada ni nadie va a detener la Transformación de nuestra patria. Esa es la nueva realidad. México es un país democrático.
El detrás de las mantas del Monumento a la Revolución
Es falso que “queremos ser dictadura” o “que apoyemos la censura”. Todo lo contrario. Quizá somos el país que goza de las mayores libertades en el mundo. Porque este movimiento nació del pueblo, camina con el pueblo, y gobierna para el pueblo.
Ya no son los tiempos de los privilegios y de la corrupción. Se acabó la época en que unos cuantos saqueaban a México, mientras millones sufrían abandono y pobreza. Hoy el pueblo está despierto, consciente y organizado.
Y por eso lo decimos con firmeza: ni los corruptos de antes que quieren regresar al poder, ni quienes pretenden utilizar al movimiento de Transformación para proteger intereses personales, ni ningún agente extranjero que quiera imponer condiciones a nuestra nación, van a doblegar la dignidad del pueblo de México.
Los convoco a que, a partir de la próxima semana, vayamos a las plazas públicas a realizar asambleas informativas, repartir volantes y periódicos, e informar al pueblo de que: ¡La patria no se vende! ¡La patria se ama y se defiende!
A todas y todos los mexicanos, podemos tener diferencias, pero hay algo que todas y todos deberíamos estar de acuerdo: ¡en México decidimos las y los mexicanos!
Por mi parte, sepan que entregaré siempre mi alma, mi conocimiento, mi esfuerzo, mi convicción republicana y democrática, mi amor al pueblo y a la patria para seguir avanzando en los logros alcanzados y defender la soberanía nacional.
Por ello, que quede claro: la honestidad, el amor al pueblo y a la patria siempre darán resultados para el pueblo de México y para la nación.
¡Que viva la Cuarta Transformación de la Vida Pública de México!
¡Que viva la dignidad del pueblo de México!, ¡Que viva México! ¡Que viva México!».




