
Rafael Alfaro Izarraraz
San Francisco de Asís fue un hombre de ideas avanzadas para sus tiempos cuya obra se reflejó en los siglos posteriores a su existencia, aunque ha sido poco difundida y tal vez borrada intencionalmente. El de Asís comprendió los efectos de la riqueza o prosperidad que incluye la propiedad, que en nuestros tiempos es un fenómeno actual y preponderante pues (aunque no todos) las personas quieren ser ricos y poseer bienes sin importas sus límites en la era del hiperconsumo. El sentido que tiene la compasión social ante mujeres y hombres que viven en el desamparo como millones que pululan en las grandes ciudades y áreas rurales de nuestros tiempos y no puede olvidarse lo que ocurre en Gaza, mientras se redacta este texto. Supo comprender la relación de mujeres y hombres con la naturaleza y los vínculos con el mundo animal (el hermano lobo) como ningún otro, por lo que se le tildó de “loco”.
Representante del humanismo profundo, San Francisco de Asís nació en 1 182 en Asís, un pueblo que en la actualidad se encuentra en lo que es Italia. Los siglos XII y XIII, contexto de la vida de Francisco, fueron un despertar de la “epoca oscura”. No debería resultar extraña la revolución que introdujo Francisco al interior de la Iglesia católica que consistió en radicalizar las creencias establecidas en el Evangelio. La Iglesia católica pasó de ser una corriente perseguida por los emperadores del imperio romano (que casi surgen en el mismo momento una y el otro) a, en su etapa final, convertirse en los principales dirigentes del mismo. Emperadores e Iglesia cristiana eran lo mismo. El fin del imperio romano no significó el fin de la Iglesia católica sino, por el contrario, su fortalecimiento y así se reconoce por algunos historiadores como una de las etapas más oscuras de la historia, como lo fue el medioevo.
Aquí aparece Francisco quien no se enfrentó ni denunció a la Iglesia y su comportamiento, los compromisos de la alta jerarquía católica que más tarde llevó al surgimiento de las corrientes protestantes. Encabezó una revolución sin confrontarse con la jerarquía católica, promoviendo con su ejemplo la radicalización del evangelio. Empezó por él mismo, pues no era lo que ahora podríamos llamar un hombre pobre. Era hijo de un importante comerciante y gustaba de ropas finas, dinero y la fiesta. “Más parece príncipe que hijo nuestro” decía su madre. Como Francisco existen infinidad de ejemplos de mujeres o bien hombres ricos que pasan al lado de las causas de los pueblos. A todo ello renunció luego de un sueño en el que el dijo que Cristo le había preguntado que a quién quería servir: al amo o al siervo. El de Asís, se inclinó por el segundo: el siervo. La elección que hizo, ahora, podríamos decir que eligió al pueblo no a los ricos.
La elección en torno al pueblo, el siervo, se hizo acompañar por un cambio de vida de Francisco que implicó la renuncia a la vida que vamos a llamar disipada que llevaba como resultado de los vínculos familiares, aunque vale la pena mencionar que llegó a participar en conflictos bélicos como era parte de la vida y de la consecución de poder en aquellos tiempos. Antes aspiró a convertirse en un gran escritor. Ejército y sacerdocio fueron durante siglos formas de ascenso social. Bueno, Francisco renunció a la posición de poder social que la posición económica de la familia le pudo otorgar. En la actualidad y con el fin de engañar a los pueblos la irrupción de algún personaje en la vida económica, política o cultural se oculta la cuna que es piedra angular que acompaña en la forma de relaciones interpersonales y de clase a quienes ocupan un lugar privilegiado, pero que se hace pasar como éxito personal.
Los siervos, durante el medioevo, eran segmentos mayoritarios de la población que vivían en grandes extensiones de tierra llamados feudos y cuya propiedad era ejercida por el señor feudal que también era quien decidía sobre la vida de quienes habitaban su propiedad. Algo parecido pero distinto a las grandes haciendas que surgieron en México. No debe existir duda que, en los Sentimientos de la Nación, de Morelos, existan resabios de la influencia del cristianismo plebeyo, así como del que representó el de Asís. De ahí la idea de que las leyes de los Sentimientos de la nación: “moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto.moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, alejando la ignorancia, la rapiña y el hurto”.
Existe debate en torno a si Francisco fue un reformador de la Iglesia o un reconstructor material de edificios eclesiásticos. No existe contradicción en lo anterior. Lo cierto es que más allá de si se le atribuye el reconstruir iglesias desde el punto de vista material (que lo hizo) o al proceder e interpretación del evangelio de la institución eclesiástica como tal (que lo hizo), su tarea fue la de ir a los pobres entre los que se debería difundir las enseñanzas del Evangelio como lo hicieron los apóstoles y que repitió él mismo junto a otros predicadores. Pero el ir a predicar el evangelio entre los siervos, entre el pueblo, entre los pobres, estuvo precedido de dos actos: el negarse a sí mismo renunciado a sus bienes y, por otro lado, siguiendo las recomendaciones del mismo: Jesús envía discípulosque han interiorizado el evangelio y lo llevan al pueblo a través de la palabra, con humildad sin nada otra cosa en sus manos.
En dónde está la humildad: en la magnanimidad de renunciar al pasado y dedicarse a servir a Dios que, en la vida moderna, actual, es el pueblo. Cuando Francisco entregó todo lo que tenía y que había recibido de su padre ya no hubo algo que del pasado lo marcara en su nueva vida. No hubo tributo de por medio de ningún tipo dirigido a los que serviría ya sea obediencia ciega o soportar fugaces lujos del pasado tan presentes en la modernidad sólida o líquida, da igual, pero que influyen en la conducta y las acciones de quienes no son capaces de desprenderse de ese pasado que persigue cotidianamente. Es, para el de Asís, amar y revolucionar al personaje, transformarlo, quien sirve a Dios no se olvida nunca de ello ni existe nada que lo distraiga. De esa humildad surgen, como en Asis, figuras poderosas, revolucionarias y transformadoras.
Francisco pasó de ser un hombre bueno a un santo para la Iglesia católica. Pero para que eso ocurriera debió haber una revolución personal lo que le concede a quien la lleva a cabo una luz que ilumina la personalidad. Iluminar por supuesto es una metáfora pero real que se puede apreciar en la manera en que es percibido aquel hombre o mujer que cambia ante los demás al disponer su vida en dirección de los siervos y no de los señores. Lo mismo ocurre en quienes transitan de la bondad como personas a la política y que eligen al pueblo con el recipiendario de sus acciones. Una luz ilumina a estas personas que no necesitan de los reflectores de los modernos medios de comunicación y de las redes sociales, sin que eso signifique despreciar su valor por completo. Los ilumina su evangelio actual de no mentir, no robar y no traicionar.
El lenguaje utilizado, en Francisco, en la relación entre los integrantes de su núcleo evangelizador fue muy importante. La existencia de jerarquías que la naturaleza y la sociedad le concede a las personas no se hacen más punzantes entre las personas cuando se cuida el lenguaje. Ministros, diputados (as), licenciados (as), secretarios (as), en nuestra experiencia, eran tratados como siervos de Dios, que en la actualidad sería algo así como siervos del pueblo. De lo que se trata es de distinguir entre la esencia y la superficialidad. No olvidar que si se trata de servir al pueblo pues entonces es el espíritu que debe prevalecer y que se refleja en todas los actos y acciones. “El que quiera ir en pos de mí que tome su cruz y me siga”, repetía de Asis como parte de las enseñanzas de Cristo. No se trata simplemente de la política como un juego de poder sino de realmente comprometerse con el Evangelio: simple: “No mentir, no robar y no traicionar”, en el lenguaje obradorista actual el pueblo es Dios.
Esto dijo el papa Francisco, recién fallecido de Francisco de Asís: “Creo que Francisco es el ejemplo porexcelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida conalegría y autenticidad. Es el santo patrono de todos los que estudian y trabajanen torno a la ecología, amado también por muchos que no son cristianos. Élmanifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los máspobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa,
su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad yen una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigomismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación porla naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la pazinterior”.
La aportación de Obrador a la política mexicana fue sin duda el trasladar las enseñanzas de la vida de quien se hizo llamar San Francisco de Asís y de su vida austera y dedicación a servir a los pobres y no servirse de ellos. (Fuentes. San Francisco de Asís. El reformador. Está en línea. Chesterton, G. K. San Francisco de Asis, también en línea)
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