
- «El PRIAN se vuelve a fusionar pero ahora para subsistir, no para volverse el centro gravitacional que fue y que perdió por falta de masa».
Por Alejandro Páez Varela
Uno
La semana pasada, la prensa mexicana reseñó una escena que por ordinaria no deja de ser patética, incluso lúgubre: Alejandro Moreno Cárdenas y Vicente Fox, dos políticos decrépitos y profundamente mezquinos, se reunieron para detallar el regreso del PRIAN, acrónimo con el que se identifica la alianza electoral de PRI y de PAN, dos partidos que en los hechos defienden los mismos intereses desde al menos 1988.
Tampoco hay que dar muchas explicaciones. Jorge Romero Herrera, dirigente nacional del PAN, había anunciado hace unos meses que su partido no volvería a licuarse con la fuerza política que los cooptó cuando Carlos Salinas de Gortari llegó a la Presidencia con un fraude electoral que la cúpula panista validó. La realidad le dijo a Romero que sin su gemelo no es nadie y como muestra, este mismo año se fue solo y perdió el registro en Coahuila. Fox y “Alito” se reunieron sólo para agregar sal y pimienta al nuevo licuado infame. Para su encuentro escogieron la sede nacional priista en la capital mexicana, un complejo de edificios que desde 1964, año en que fue inaugurado, simboliza la corrupción, pero donde nació, en 1987, la Corriente Democrática que llevó a la expulsión de Ifigenia Martínez, Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo. Y esto llevaría al nacimiento del PRD. Hay que reconocerlo y agradecerlo.
La fama de Moreno Cárdenas es conocida por todos. Se trata de uno de los especímenes más detestables de la política mexicana. Nació porro y sigue siendo un porro. Está formalmente acusado de corrupto, y entre él y la prisión se han atravesado varios eventos e individuos, entre ellos Ricardo Monreal. “Alito” es un apátrida que daría cualquier cosa por no ir preso. Viaja casi cada semana a Washington con dinero de los contribuyentes para hablar mal de México y para visibilizarse ante un eventual juicio que le quite la libertad. Y aún así, “Alito” es más pieza que Jorge Romero Herrera, cuya biografía es muy parecida, pero cuyos logros son muchísimos menos.
Y el tercero en esta escena, Fox, es el rey de los mediocres. Ahora mismo trae tiempo libre porque ya resolvió el problema económico de su familia para varias generaciones. Y lo resolvió como lo resuelve alguien de su calaña: con otro fraude. El expresidente obtuvo fondos de empresarios a los que benefició en su sexenio para convertir su fracasado rancho en el pomposo “Centro Fox”, que supuestamente sería un lugar de estudios, biblioteca y museo presidencial “dedicado a promover la democracia, el liderazgo y la formación de líderes”. Y como todos sus proyectos personales, el mentado centro fracasó. Hace unas semanas decidió desmantelar el engaño y lo entregó en un contrato de 100 años a una congregación católica que administrará la University of the Incarnate Word. Un trinquete que llevó a otro, pues. Y ya.
Como si se tratara de un evento fabuloso, Fox y “Alito” mostraron fotos. Faltan los detalles, pero el PRIAN está de regreso. Los padrinos son estos dos ejemplares, patéticos y lúgubres. Faltan los detalles, como digo, y no me los quiero perder. Moreno Cárdenas le sacará jugo a los panistas, no tengan ninguna duda, porque algunas encuestas sugieren que ha crecido un par de puntos.
El regreso del PRIAN, sin embargo, no lo pone en el centro de la oposición. Habría pasado antes, hoy no. El núcleo que genera la atracción es Ricardo Salinas Pliego, y en torno a él dan vueltas varios satélites, entre ellos PRI y PAN, que han decidido sumarse para tener un peso mayor después de que parte de su masa se evaporara en las elecciones que llevaron a Claudia Sheinbaum al poder.
Dos
No puedo decir que los opositores ha recuperado la postura después de la bofetada que los llevó al piso, en 2024. Aquella fue una derrota 360 grados. Los núcleos de intelectuales y académicos abrazaron a Xóchitl Gálvez en público aunque ella no ha leído ni leerá ni uno solo de sus libros, o sus ensayos o –me atrevo a decir– tan siquiera sus columnas. Más mañosa, la mayoría de la prensa no se tomó la foto con ella, pero hizo campaña por ella. Y todavía más astutos que los periodistas, los curas y una parte del empresariado hicieron de oposición, desde Coparmex hasta las comunidades católicas más poderosas, sin inclinarse ante ella. Pero 60 por ciento de los votantes se decidieron por la izquierda y abofetearon a los que siempre se han creído por encima de todos. Fue una elección inédita. Por eso digo: derrota 360 grados. Todos los flancos quedaron desnudados.
Aquella fue una derrota dirigida por un junior sin experiencia política y sin realmente triunfos en ningún campo. Claudio X. González intentó infiltrar medios con Mexicanos contra la Corrupción; un puñado le sigue comprando la idea. Su oficina de Litigio Estratégico tenía de su lado al Poder Judicial y lo perdió, aunque no del todo, con la reforma. Lo más indigno del PRD lo acompañó en la Marea Rosa y perdieron el PRD, perdieron la Marea Rosa y perdieron lo que les quedaba de dignidad; ahora los experredistas juegan el juego del junior multimillonario, con un nuevo partido que huele a fracaso como olía, desde hace una década, su otro partido: el PRD.
Me permito recordar lo anterior porque sobre aquellas raíces de árbol caído intentan ahora reconstruir un tronco, ramas y hojas. Y lo hacen mecánicamente, sin mucha emoción, porque no se mueven por principios y tampoco se motivan con un proyecto de Nación. A la mayoría de los opositores los mueve el deseo de reconocimiento o un ingreso extra, o las dos cosas juntas. Héctor Aguilar Camín, María Amparo Casar y Jorge Castañeda no tienen realmente necesidad de financiarse, pero no les cae mal que les paguen por una mesa que los visibiliza y que fortalece a Ricardo Salinas Pliego en lo personal y, en lo general, da más forma al órgano de difusión de su movimiento de ultraderecha: TV Azteca.
La derrota de 2024 allí está, no se ha superado; derrota 360 grados. No queda sólo el recuerdo: queda resolver las causas que llevaron a los opositores mexicanos, ahora con un movimiento de ultraderecha como el principal centro gravitacional, a un derrota de tal tamaño. Como no tienen un proyecto de Nación, su proyecto ya es Ricardo Salinas Pliego; como no hay causas, su único combustible es el odio que le tienen a Andrés Manuel López Obrador y, por añadidura, a Claudia Sheinbaum.
En pocas palabras: el PRIAN se vuelve a fusionar pero ahora para subsistir, no para volverse el centro gravitacional que fue y que perdió por falta de masa. Ahora serán un satélite más del nuevo centro gravitacional: Salinas Pliego. Tiene dinero para repartir y tiene un esbozo de un proyecto de Nación que –y se agradece– es fácil de entender: regresar a los tiempos en los que las élites mangoneaban a los presidentes, al Poder Judicial, al Congreso; volver a aquél maravilloso momento en el que eran dueños de los órganos autónomos y las grandes agencias de colocación eran los “centros de pensamiento”, es decir, los grupos Nexos y Letras Libres; volver a tiempos en los que los empresarios pagaban los impuestos o, si querían, no pagaban nada. Y los órganos electorales estaban sometidos a sus designios, y a pesar de todo lo anterior tenían una buena imagen frente a masas empobrecidas por mantener los privilegios de las élites allá, arriba.
Por eso la escena patética de Moreno Cárdenas y Fox es apenas parte de un espectáculo, de una puesta en escena, de algo intrascendente porque todas las mediciones, las encuestas, la lógica del país indican que si en algún momento regresan al poder no será en 2027, tampoco en 2030, y para entonces quizás no estemos vivos ni yo, ni Fox, ni Salinas Pliego; ni Aguilar Camín y tampoco el coco de todos ellos: López Obrador. No veo cómo, por las buenas, un proyecto sin proyecto de masas pueda regresar al poder y cuando suceda, si es que sucede, “Alito” estará, espero, purgando una condena por enriquecimiento ilícito y corrupción. Alguien se atreverá a juzgarlo. Esperemos que así sea.
Tres
En el universo político de México flotan pedazos de lo que un día fue un planeta habitado, conocido como PRD. Y flotan también dos satélites que alguna vez tuvieron tanta masa que eran centros de atracción y se abrazaban rítmicamente en un espiral, sin fusionarse. Hoy, en torno a estos dos, PRI y PAN, pueden verse pedazos sin forma y sin gravedad, grises y oscuros, navegando sin sentido; desprendimientos provocados por un evento cósmico mayor que los rompió desde 2018.
Todos navegan hacia un nuevo centro de atracción que les sonríe y les ofrece alternativas para recomponer lo que alguna vez fueron. Los intelectuales, que sólo necesitan algo de dinero y reconocimiento público, han sido los primeros en caer; les siguieron algunos periodistas y académicos.
Pero este nuevo centro de atracción, Salinas Pliego, es un agujero negro. Es un error del universo político de México o, si se quiere, de la Matrix. El hoyo devorará todo a su paso porque está en su naturaleza hacerlo. Y los que se dejen seducir se enterarán que de esa fuerza no hay salida. No conozco a alguien que, habiendo abrazado las causas de ultraderecha, pueda simularse otra cosa. Qué manera de terminar.
El universo, sin embargo, es vasto; está más dilatado de lo que ven nuestros ojos. Y pronto Vicente Fox y Moreno Cárdenas serán un recuerdo lejano y luego nada, porque su encuentro no lleva a nada, no genera nada porque hace tiempo que son una sola cosa. Y perdieron tanta masa por sus propios errores que ni juntos serán lo fueron. Ahora representan a dos partidos patéticos, incluso lúgubres; dos planetas adelgazados, decrépitos, que alguna vez tuvieron peso y que piensan que juntos podrán ser, otra vez, del tamaño de un sol. No son un sol.
Y como las palomillas que corren hacia la luz, vuelan hacia un nuevo centro de atracción que los devorará para nunca más devolverles un gramo de lo que fueron. Ese es su futuro inmediato. Hacia allá van. El universo tiene grandes misterios y nadie sabe si algo quedará de aquello. Salinas Pliego será su agujero negro como Salinas Pliego es agujero negro de sí mismo.
Los intelectuales se entregan por algo de reconocimiento o un ingreso extra y los partidos por desesperación, porque no tienen de otra. Porque en el ocaso muchos piensan que vuelan cuando en realidad se hunden. Y en su caso, se hunden en el agujero negro de la ultraderecha.




