
Por Joaquín H. Vela González
México está amenazado por el avance de la ultraderecha en América Latina. El avance de las agrupaciones derechistas que han triunfado en las recientes elecciones en la región, han sido: Honduras; Bolivia; Chile, Ecuador y recientemente Perú y Colombia. Sólo se mantienen en el Gobierno actualmente Brasil, Uruguay y México.
Al margen de los análisis y balances de corte sociológico e ideológico, que sin duda hay que realizar de manera detallada y con mucha atención, yo quiero adelantar una tesis central que me parece determinante:
¿ Hace falta una propuesta de proyecto económico sólido, con alternativas reales, que genere expectativas y garanticen resultados verdaderos y evidentes de mejoras en las condiciones materiales de vida para la población de parte de estos gobiernos progresistas.
No hay una propuesta política articulada de reactivación económica y mucho menos de formulación de un proyecto de desarrollo para industrializar esta región. Tanto a nivel general para la región, como a nivel nacional.
Sin duda, en varios de los Gobiernos Latinoamericanos, ha habido aciertos y se han logrado avances concretos, en países como el Ecuador de Correa, el crecimiento logrado en Bolivia y Uruguay, pero estos han sido aislados y no han sido ordenados y estructurados para intentar construir un modelo alternativo que ofrecer a sus votantes. Así, aparecen estos gobiernos como malos como administradores, con propuestas avanzadas para la esfera de la distribución y redistribución de la riqueza, pero huérfanos en su propuesta de articular la actividad productiva en las economías de los países.
Cuando precisamente la urgencia principal de la región es y ha sido históricamente la superación del atraso económico, principal causa de su descomposición social y de la migración de su población.
Haciendo un breve recuento de las políticas económicas que han aplicado los gobiernos progresistas en América Latina han estado basadas en la heterodoxia, es decir en la combinación de visiones diversas que conforman políticas por lo menos inprecisas y confusas, cuando no contrarias al cambio propuesto en su discurso de cambio de la realidad. En muchos de los casos apoyándose en los mismos funcionarios de formación neoliberal heredados de los gobiernos anteriores y que no tienen una visión y mucho menos convicción de transformar y cambiar la realidad.
Los resultados han sido el escaso crecimiento, cuando no la recesión y el estancamiento, generado por la caída de la inversión producto de la gran incertidumbre y miedo que produce el ascenso al poder de estos gobiernos progresistas. La baja de la inversión privada, inmediatamente pretende ser compensada buscando atraer otorgando facilidades a la inversión extranjera. La cual muchas veces toma el ofrecimiento sin ningún compromiso de promover la industria local y mucho menos de transferencia tecnológica, que permitió a las naciones asiáticas lograr su desarrollo. Otro efecto común en la gran mayoría de estas economías es recurrir al crédito externo para aumentar la inversión pública, para compensar la baja de inversión privada, además del aumento de gasto público de carácter social que le significan las políticas asistenciales, muy comunes en los gobiernos de corte progresista, lo cual conduce inevitablemente al sobre endeudamiento de prácticamente todos los países que han tenido este tipo de gobiernos, que no han aplicado modelos de producción orientados a fortalecer la pequeña y mediana industria nacional y buscar desarrollar economías alternativas basados en la economía social cooperativa de carácter solidario que le permita organizar y mejorar las condiciones de vida de la población.
Al no fomentar la economía local, sólo reproducen los esquemas clásicos del capitalismo subdesarrollado. Tampoco impulsan nuevos esquemas de financiamiento de carácter local exitosos y los resultados son continuar con sistemas financieros al servicio del tradicional capital financiero internacional, que arroja como resultado el continuar con el proceso de concentraciones del ingreso y el enriquecimiento de las tradicionales oligarquías locales que continúan al servicio de la acumulación de capital del sistema comandado por la hegemonía estadounidense.
El resultado es continuar fomentando y reproduciendo el sistema clásico capitalista, cuando teóricamente lo que se buscaba era modificarlo e incluso combatirlo. Ya que en la agenda de muchos de estos gobiernos la intención es combatir sólo el neoliberalismo, más no el sistema capitalista. Sus objetivos eran combatir los peores efectos del capitalismo salvaje, no un cambio estructural del sistema.
Se necesitan políticas y cambios de mayor profundidad y más claramente orientados. Aunque estos se limiten a la búsqueda de cambios que sólo busquen desarrollar el entorno local de su capitalismo nacional. Porque sin una mínima convicción de promover cambios precisos, en la cabeza de los que diseñan las políticas y operan el modelo económico, no se pueden obtener resultados que transformen de forma objetiva la realidad.
Hay que empezar elaborando Programas Nacionales de Desarrollo, sobre los que hay experiencias y documentación abundantes, basados en programas regionales y sectoriales exitosos de muchas de las economías latinoamericanas y de ahí avanzar a Programas de mayor alcance.
A la fecha, el progresismo ha sido incapaz de articular un modelo que recupere las estrategias más avanzadas propuestas para industrializar América Latina, de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), con las viejas tesis de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) actualizadas con las realidades alcanzadas en el proceso de integración económica de la Unión Europea, todo ello buscando elaborar una nueva política industrial activa de fomento a los negocios locales, para fortalecer el mercado interno, buscando conformar un modelo propio, arropado con el corte de un keynesianismo adaptado a las necesidades actuales.
Es una tarea enorme, sin duda, pero es necesario y urgente para los Proyectos y Gobiernos Progresistas, si verdaderamente buscan impedir el avance vertiginoso de la ultraderecha promovida por Trump y sus múltiples acompañantes de todo el mundo, incluyendo muchos locales.
velagj@economia.unam.mx




