Opinión No Hemos Salido de la Pobreza - Lacallelibre

Opinión ANTORCHA 1

Por Francisco V. Figueroa

El 13 de agosto de 2025, el país despertaba con la noticia, ampliamente difundida por el nuevo gobierno, el segundo emanado de las filas del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), de que, en el período que va de 2018 a 2024, es decir, el correspondiente al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, 13.41 millones de mexicanos dejaron de vivir en la pobreza.

Este acontecimiento, calificado por sus pregoneros como un logro histórico, representó, de acuerdo con los datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi), una disminución de la población en situación de pobreza en México, del 41.9 % al 29.6 %, toda una proeza que únicamente fue posible, de acuerdo con el análisis del gobierno, gracias a la correcta aplicación de la política sustentada en los Programas del Bienestar y el aumento salarial.

Nótense dos aspectos relevantes, aunque no los únicos, de ese acontecimiento: la veracidad y su manejo político, ambos discutibles.

El primero de ellos consiste en que, en realidad, esos 13.41 millones de personas nunca abandonaron las filas de los pobres; todavía nos acompañan. El Inegi reportó que, durante ese mismo período (2018-2024), la población ocupada en la informalidad se elevó a 31.8 millones de personas, el 54.4 % de la población laboral —más de la mitad de ella—, y contribuyó con el 25.4 % del Producto Interno Bruto (PIB) del país, cifra que representa un incremento del 2.6 % con respecto al sexenio anterior.

Esto significa que una cantidad considerable de personas encontró en el sector informal una alternativa para generar sus ingresos económicos, ya sea creando e impulsando sus propios proyectos o bien laborando en empresas que, si bien tienen un carácter formal, no ofrecen a sus trabajadores un empleo de planta, lo que implica que carezcan de seguridad social, prestaciones laborales como vacaciones y aguinaldo, así como de indemnización por despido.

O sea, no fueron los Programas del Bienestar, sino el crecimiento de la informalidad, ante la falta de creación de nuevos empleos formales por parte del gobierno, lo que proporcionó temporalmente a esas personas la posibilidad de contar con algunos recursos económicos para comprar alimentos y cubrir otras necesidades, lo que los ideólogos de la burguesía liberal, principal impulsora del proyecto autodenominado 4T, interpretaron como una disminución de la pobreza.

Insistimos en que esos millones de personas no han salido definitiva ni permanentemente de su condición de pobreza, porque, al depender de la informalidad, regresan constantemente a su condición anterior cuando se terminan las oportunidades, cuando sus proyectos familiares no pueden hacer frente a la competencia, cuando se quedan sin materia prima para producir o cuando son despedidos sin la menor posibilidad de contar con alguna otra actividad laboral.

Por tanto, la propaganda mediática del gobierno, esa euforia de la burguesía liberal mexicana con la que se pretende adormilar a la población haciéndole creer que su política asistencial es la solución a la pobreza, se sustenta en una mentira. Mientras no se generen los suficientes empleos seguros y con las prestaciones que requiere la población, la pobreza no disminuirá. Esa es solo una de un conjunto de condiciones que deben aplicarse simultáneamente.

El segundo de los aspectos tiene que ver con la intencionalidad de difundir un acontecimiento de esta naturaleza (que, como acabamos de ver, es falso) para capitalizarlo políticamente.

Los logros obtenidos deben ser del conocimiento de los beneficiados; eso sirve para reafirmar la confianza y continuar con un entusiasmo renovado. Sin embargo, en un país como el nuestro, con una acentuada división social, no son los pobres quienes han mejorado su condición económico-social; al contrario, se sabe que, durante el primer año del gobierno de Claudia Sheinbaum, la fortuna de las cinco personas más ricas del país creció un 30 % en promedio.

Es decir, el gobierno sí puede, porque los resultados así lo indican, sentirse orgulloso y propagar, amparado en esos resultados, que ha ayudado a los ricos a hacerse más ricos, pero no a los pobres a salir de la pobreza.

La propaganda del gobierno está destinada a generar en la población la percepción de que el proyecto impulsado por la burguesía liberal, la 4T, en realidad funciona. Y sí, funciona, pero para los grandes empresarios, no para la población trabajadora. Se acercan tiempos electorales y quienes necesitan mantener engañada a la mayoría de la población continuarán repitiendo la misma mentira.

Debemos tomar en consideración que esa mayoría la forman las masas trabajadoras, quienes finalmente determinan, mediante su voto en las elecciones, a quienes ocuparán los cargos de representación popular en 500 diputaciones federales, 16 gubernaturas y las presidencias municipales, así como las regidurías y sindicaturas en 30 estados del país. Por ello, es de suma importancia que esta mayoría analice profundamente su condición económico-social, la cual no ha mejorado durante el tiempo que lleva la burguesía liberal, vestida de guinda, en el poder.

Los cambios verdaderos son profundos; no se quedan en la superficialidad, en el color o en la forma. Bajo el capitalismo nunca habrá una eliminación real de la pobreza, pues este necesita de ella para obligar a las personas a someterse a la explotación, indispensable para que continúe funcionando y generando riqueza solo para unos cuantos.

Por tanto, es indispensable unificar nuestros esfuerzos para construir la verdadera alternativa para los millones de pobres de nuestra patria, que debe ser, por necesidad, el verdadero Partido de los Trabajadores.