
- Priistas, panistas, morenistas, del Partido Verde, nadie escapa a las fauces del mundo criminal que se ha instalado en el gobierno, en la economía, en la política.
Sinaloa, 13 de mayo (RíoDoce).- La historia política del narco en Sinaloa, la narcopolítica, arranca en el sexenio de Leopoldo Sánchez Célis. “El Padrino”, le decían, aunque nunca hubo evidencias de que protegiera narcotraficantes y que se beneficiara de ellos. No en cambio alguno de sus hijos.
Rodolfo Sánchez Duarte era ahijado de Miguel Félix Gallardo y terminó de socio en algunas de sus empresas, aunque puede pensarse que también en negocios ilícitos, pues en noviembre de 1990 fue secuestrado en el aeropuerto de la Ciudad de México y asesinado junto con un abogado y un comerciante.
Después de la administración de Sánchez Célis (1963-1968), le siguieron Alfredo Valdez Montoya y Alfonso Genaro Calderón, de los que nunca se supo hayan establecido una relación con los capos del narco de aquellos años. Los dejaron ser y hacer, pero no se comprometieron con ellos.
Pero vino Antonio Toledo Corro y las cosas empezaron a cambiar pues, aunque no se conoce una relación orgánica con los narcos, se le atribuyó una amistad con Manuel Salcido Uzeta, el «Cochiloco», al que, se dijo, dejaba aterrizar sus avionetas cargadas de droga y de dinero en el rancho Las Cabras, en Escuinapa, de su propiedad. La violencia se disparó durante su administración.
Luis Astorga Almanza en El siglo de las drogas, recoge testimonios que acusaban en aquellos años que al llegar Toledo a la gubernatura la violencia reapareció, sobre todo en Culiacán y la colusión de las policías con los narcotraficantes fue evidente, incluyendo a los federales. Y que cientos de jóvenes eran reclutados en las colonias y rancherías de Culiacán para llevárselos a la “pizca de manzana”, que en realidad era para cosechar mariguana y rayar amapola.
Recoge Astorga una declaración que hizo Toledo ante alguna pregunta de la prensa: “El narcotráfico es una herencia de otras generaciones. No es un problema que haya nacido ayer y tampoco se va a resolver mañana”. Durante su gobierno, narcotraficantes como Félix Gallardo hasta hacían vida social y salían como cualquier cristiano en las páginas de los diarios, incluso con su viejo patrón, Leopoldo Sánchez Celis, que durante su gestión protegió a Rodolfo Valdez, «el Gitano», acusado de asesinar al Gobernador Rodolfo T. Loaiza en 1944 y a quien había sacado de prisión para llevárselo de su guardaespaldas.
La tarde que tomó posesión del cargo Toledo Corro, una escuadra de motocicletas con Miguel Félix Gallardo en la punta, ataviado con una chamarra negra de piel, recorrió la calle principal de Culiacán. El capo tenía años que no se paraba por Sinaloa. Al poco tiempo, se cantaba en las cantinas una canción que se compuso en honor a los nuevos tiempos: “La mafia vuelve”. Para entonces, Félix Gallardo tenía 14 órdenes de aprehensión.
Después de Toledo llegó Francisco Labastida como Gobernador (1987-1992), y aunque no se le ha atribuido una cercanía con los narcotraficantes, recibió un fuerte golpe del gobierno federal el 8 de abril de 1989, cuando el ejército mexicano inmovilizó y desarmó a toda la policía municipal de Culiacán mientras él se encontraba buceando en Baja California Sur. El jefe de la entonces Policía Judicial, Arturo Moreno, fue detenido y su coordinador estatal de seguridad, Fernando García Félix, tuvo que huir del país. Él no, pero los suyos, sus hombres más cercanos, sí. ¿No lo sabía?
Luego vino Renato Vega Alvarado, hijo del general Renato Vega Amador y nunca fue señalado de tener vínculos con el narcotráfico. Se la pasaba en una casa de campo que tenía por los rumbos de Navolato y en la casa del gobierno estatal ubicada en Altata.
Pero le siguió Juan Millán Lizárraga y aunque bajaron los índices delictivos de alto impacto, la corrupción se instaló en el Gobierno de Sinaloa ya como un sistema. Hasta el director de la Policía Ministerial, el célebre Jesús Antonio Aguilar Íñiguez, «Chuytoño», se enriqueció a la sombra del Gobernador. Ríodoce publicó en julio de 2004 un reportaje de Cayetano Osuna donde se documenta la compra de una casa en El Cid de Mazatlán, otra de campo en un balneario de Escuinapa y la adquisición de varias unidades de transporte. Ante el balconeo, el Gobernador le dijo “no se preocupe, comandante, vamos a salir de esta”.
Pero no salió, ni Millán tampoco. Dos meses después fue asesinado en Culiacán Rodolfo Carrillo Fuentes por sicarios de Joaquín «El Chapo» Guzmán, y se descubrió que un comandante al mando de «Chuytoño», Pedro Pérez López, era el jefe de escoltas del «Niño de oro». Fue herido en la balacera y luego recluido en Puente Grande, Jalisco. Media docena de comandantes fueron investigados y el propio Aguilar Íñiguez tuvo que huir pues la fiscalía federal lo acusó, entre otras cosas, de enriquecimiento ilícito.
Era el último año del gobierno de Millán y se retiró con el estigma de haber encubierto las actividades del narcotráfico. Durante el juicio de Joaquín Guzmán Loera en Brooklyn, Vicente Zambada declaró que su padre, «El Mayo» Zambada, había puesto a Aguilar Íñiguez como comandante de la policía y que este a su vez había nombrado a los comandantes de varios municipios para que estuvieran a sus órdenes.
Su coordinador estatal de seguridad, Jorge Julián Chávez Castro, fue asesinado en febrero de 2003 cuando llegaba por la noche a su casa. Era un hombre prominente, había sido Alcalde de Culiacán y procurador de justicia con Toledo Corro y gozaba de muy buenas ligas con la burguesía culichi, miembro activo del Opus Dei.
Pero a su muerte se estableció que estaba siendo investigado por la entonces PGR debido a sus presuntos nexos con el narcotráfico. Para enterrar el tema, Millán mandó crear la Medalla al Mérito Ciudadano con su nombre.
Virrey que puso Virrey
Para entonces ya se había encumbrado el PAN en la Presidencia de la República, con Vicente Fox y eso le dio oportunidad a Millán de dejar un sucesor: Jesús Aguilar Padilla. Desde que andaba en campaña Aguilar dejó que las casillas de varias zonas y municipios fueran “atendidas” por los narcos. A Javier Torres Félix, «el JT», preso en México después de purgar una condena en los Estados Unidos, le tocó Cosalá. Al «Mayo» Zambada, el valle de San Lorenzo. Aun así, apenas ganó, y en tribunales, con menos del uno por ciento de diferencia.
Aguilar creó una nueva Secretaría, la de Turismo, para dejarla en manos de un hombre cercano a él, pero también de los capos de Sinaloa, su principal lavador de dinero: Antonio Ibarra Salgado, quien fue asesinado en diciembre de 2009.
El 14 de junio de 2010, unos días antes de la elección, asesinaron a un prominente priista, candidato a regidor del partido que no había querido sumarse a «Malova». Enrique Mendívil era abogado y operador del «Mayo» Zambada. Ese mismo día ocurrió la masacre de reos más grande de que se tenga memoria en el país. 29 presuntos Zetas fueron asesinados al interior del penal de Mazatlán. Y esto fue posible porque el Gobernador había dejado en manos del narco el control de las cárceles.
Era tal la cercanía de Aguilar Padilla con «El Mayo» que, cuando don Ricardo Aguilar enfermó, ya en sus últimos días, el capo lo visitó en el hospital Ángeles. Un gesto de cortesía, sí, pero también una perla que ilustraba en ese momento la cercanía de un Gobernador con el narco.
El manazo de «Malova» al PRI
Con Aguilar terminó el dominio pleno del PRI en Sinaloa. Las elecciones de 2010, históricas por muchas razones, lanzaron a un Gobernador que había sido Alcalde y Senador por el PRI pero que jugó con las siglas del PAN y, como partidos acompañantes, el PRD y Convergencia: Mario López Valdez, «Malova». Su contendiente fue Jesús Vizcarra Calderón, compadre del «Mayo» Zambada pero el apoyo del capo no fue para este, sino para López Valdez. Narco y ganadero habían tenido un desencuentro y eso marcó el destino de la elección.
Ríodoce hizo un seguimiento del proceso antes, después y el mismo día de la elección para fundar el reportaje: «Malova» ganó con el apoyo del cártel y así lo titulamos. Lo que vino después fue deleznable. «El Mayo» y «El Chapo» habían tomado acuerdos con el nuevo Gobernador, que les serviría de apoyo en la guerra que estos sostenían con el cártel de los hermanos Beltrán Leyva. Para esto, López Valdez nombró como mando único de las policías estatales y municipales… a «Chuytoño». Cuando fue cuestionado sobre sus antecedentes, respondió que el crimen no se combatía “con blancas palomas”.
Así, las policía estatal y municipales, con el apoyo del Ejército, se convirtieron en brazos armados del Cártel de Sinaloa. La reacción de los Beltrán fue furiosa. Decenas de policías estatales fueron asesinados en emboscadas. Nueve una vez, once en otra ocasión. Una cabeza humana fue dejada en las escalinatas del palacio de Gobierno.
En los primeros meses de su gestión fue torturado y asesinado Luis Pérez Hernández, un exfuncionario de inteligencia de los gobiernos de Millán y de Aguilar y que lo había amenazado de hacer públicos “videos reveladores” si no lo colocaba en el Gobierno. Días después mataron a una vidente que frecuentaba Pérez y semanas después a un periodista, Humberto Millán.
Uno de sus escoltas, Frank Armenta, fue secuestrado en Guasave por las fuerzas de Fausto Isidro Meza Flores. Luego apareció hablando en un video donde afirma que «Malova» se había reunido con «El Chapo» y con «El Mayo» en Barras de Piaxtla. Que él estuvo ahí. Días después apareció asesinado en Culiacán.
Felipe Calderón era el Presidente y nunca se investigaron las complicidades de López Valdez. Podrido su gobierno en corrupción, se retiró tranquilamente.
Después de «Malova» llegó Quirino Ordaz, un empresario hotelero que había estado en instituciones financieras, amigo del círculo priista del Estado de México y casado con la hija de un general del ejército. Había sido Secretario de finanzas con Aguilar. Se registró por el Partido Verde pero fue arropado por el PRI en una alianza. El narcotráfico no era un tema para él, así que los dejó ser incluso cuando Los Chapitos secuestraron a un centenar de operadores de Faustino Hernández, candidato del PRI a la Alcaldía de Culiacán, ni siquiera porque él le había pedido personalmente ser candidato.
Esta es la historia. El candidato iba a ser Aarón Rivas Loaiza pero Los Chapitos lo amenazaron y entonces decidió retirarse. Se lo dijo a Quirino. Y entonces el Gobernador le propuso a Faustino que fuera él. Le dijo que sí pero que tenía que pedir permiso “allá”. Y allá era con «El Mayo» Zambada, su compadre. Presumía el compadrazgo, incluso se hacía llamar el “Señor del sombrero”, como le dicen al otro.
Pero no debo ir solo, le dijo Faustino al Gobernador. Llévate a él, le dijo, señalando a Ricardo Madrid, que entonces era Secretario de desarrollo social. Fueron los dos y después fue Ricardo solo cuando ocupaba favores del capo.
Pasó la elección y Quirino no movió un dedo para aclarar todo lo que había ocurrido antes y durante la jornada de ese domingo. Ya había enamorado al Presidente Andrés Manuel López Obrador y tenía su viaje asegurado a España.
La llegada de Rocha
Las elecciones de 2021 fueron históricas también, como aquellas de 2010. Por primera vez ganó la izquierda y Rocha fue el más votado de las 17 entidades que esa vez eligieron un nuevo Gobernador. Pero llegó bajo la acusación de que fue apoyado por el narco. En aquel entonces no se decía que por Los Chapitos, sólo que el Cártel de Sinaloa había metido las manos en su favor.
Ríodoce publicó una semana después de la elección una crónica de cómo se dio el secuestro de los operadores del PRI el día de la elección, entre ellos la que fue candidata a Diputada, Paola Gárate. Un día antes, el Secretario de finanzas del PRI había sido secuestrado. Se trataba de inmovilizar a los operadores y lo lograron. También consignamos la violencia en Badiraguato, Concordia, Escuinapa… donde los candidatos opositores a Morena tuvieron que retirarse ante amenazas y levantones.
Priistas y panistas llevaron el caso ante la OEA, donde entregaron un documento que consignaba la intromisión del narco en las elecciones de Colima, Michoacán, Sonora, todas estas entidades ubicadas en el Pacífico. Pero en Sinaloa nada pasó. Con el tiempo, el Gobernador Rubén Rocha cooptó a muchos de los dirigentes priistas y algunos panistas, al grado de que varios y varias se pasaron a Morena. El propio Faustino, el principal afectado de aquella operación narca, terminó en los brazos del Gobernador, pues fue nombrado presidente de la Unión Ganadera Regional de Sinaloa. Eso era cuando lo asesinaron, dicen que por haberse quitado el sombrero.




