
- En un encuentro con la experta internacional Leticia Bonifaz, la Presidenta del IEEM advirtió que la violencia digital se ha convertido en la nueva barrera para la participación política de las mujeres
Por Ana Valeria Castro
En el marco del Día Internacional de la Mujer, la Consejera Presidenta del Instituto Electoral del Estado de México (IEEM), Amalia Pulido Gómez, lanzó un contundente llamado a reconocer que la igualdad sustantiva sigue siendo una «promesa incumplida».
Durante su intervención, en la Conferencia magistral “Mujeres en la Política: Retos en el Ejercicio político-electorales”, Pulido Gómez fue enfática al indicar que «el 8 de marzo no es una celebración, si no, un recordatorio incómodo de que las mujeres todavía no existimos con igualdad en lo público».
A pesar de que México es referente mundial en paridad legislativa, la funcionaria electoral advirtió que el aumento de mujeres en espacios de decisión ha traído consigo un recrudecimiento de la violencia, especialmente en el ámbito digital.
La Presidenta del IEEM destacó que los algoritmos y las redes sociales se han convertido en herramientas de exclusión y citando datos del INEGI, recordó que más de la mitad de las víctimas de ciberacoso en el país son niñas y mujeres.
«El abuso digital empieza con un mensaje, un deep fake o una campaña de odio, y se traslada a la vida real en forma de miedo, ansiedad y autocensura. La democracia no puede sostenerse sobre el silencio de las mujeres», afirmó.
Asimismo, celebró hitos como la “Ley Olimpia”, impulsada por Olimpia Coral Melo, la cual ya es un modelo interamericano para combatir la violencia digital, no obstante, advirtió que la ley por sí sola no basta: se requieren instituciones capacitadas y presupuestos con perspectiva de género.
El evento contó con la magistral participación de la Dra. Leticia Bonifaz Alfonso, experta en derechos humanos y ex integrante del Comité CEDAW de la ONU, quien realizó un recorrido histórico sobre la lucha por el sufragio femenino.
Bonifaz Alfonso recordó que la exclusión de la mujer fue deliberada desde el origen de las democracias modernas, y rememoró casos emblemáticos en México, como el de Matilde Montoya, primera médica y María Asunción Sandoval, primera abogada, quienes a finales del siglo XIX enfrentaron prejuicios que pretendían recluirlas al ámbito familiar para no «incomodar» a los hombres.
La experta detalló cómo los avances fueron frenados sistemáticamente por estereotipos y miedos políticos, donde si bien Hermila Galindo, fue pieza clave en el Constituyente de 1917, no fue reconocida como constituyente y fue derrotada en elecciones bajo el argumento de que la mujer «no estaba lista»; en tanto, en el mandato de Lázaro Cárdenas, la reforma del voto se detuvo por temor a que las mujeres votaran influenciadas por la Iglesia, y en el tiempo de Miguel Alemán, se otorgó el voto municipal bajo la premisa de que «no perdieran su feminidad» al participar en política.
Bonifaz Alfonso subrayó que, aunque hoy existe paridad, persisten barreras invisibles. «Ninguna mujer que tenga doble carga de cuidados tendrá las mismas posibilidades de competencia», señaló al explicar por qué muchas juezas y magistradas no concursan por cargos superiores, por el miedo al cambio de adscripción y la falta de tiempo para estudiar por las labores domésticas.
Finalmente, hizo un llamado a no ver a la mujer como un grupo uniforme. «Nadie es solo mujer. Somos mujeres indígenas, afrodescendientes, con discapacidad o migrantes». Relató casos actuales en zonas rurales donde las mujeres acceden a cargos públicos solo si dejan «la tortilla echada» y la comida lista para sus maridos, evidenciando que la igualdad de facto aún está lejos de las zonas más vulnerables.
«La democracia solo será plena cuando todas las mujeres puedan ejercer sus derechos sin miedo: en las calles, en las urnas y también en internet», concluyó.
En el cierre de su participación lanzó una advertencia clara a las instituciones y a la sociedad civil, los avances en derechos políticos de las mujeres no son definitivos y enfrentan una amenaza constante de fuerzas que buscan «regresar a sus fueros».
Ante ello, señaló que, si bien México cuenta con un número histórico de gobernadoras y legisladoras, esto no ha sido un proceso orgánico de la sociedad, sino el resultado de leyes obligatorias e interpretaciones judiciales que «no gustaron a muchos».
Uno de los puntos más críticos de su ponencia fue la visibilización de la interseccionalidad, al denunciar que la mujer indígena vive una realidad de exclusión sistémica. «Son discriminadas dentro de su comunidad por ser mujeres, y fuera de ella por ser mujeres y por ser indígenas».
Por lo que, advirtió que la paridad no será real hasta que el «abanico» de representación incluya con fuerza estas realidades, superando las barreras que todavía obligan a muchas mujeres rurales a pedir permiso a sus cónyuges para participar en la vida pública.
La jurista analizó la naturaleza de la violencia política, diferenciándola de la que reciben los hombres. Mientras que a ellos se les cuestiona por su gestión, a las mujeres se les ataca con un «lodazal» que incluye críticas a su aspecto físico, su estado civil, su intimidad o la supuesta manipulación por parte de figuras masculinas.
Por otra parte, expresó preocupación por «mujeres privilegiadas» que utilizan la denuncia de violencia política sin una afectación real, simplemente como estrategia mediática, por lo que alertó que este uso trivializado puede desgastar el concepto de violencia de género, restándole fuerza para proteger a quienes realmente enfrentan obstáculos para participar.
Finalmente, Leticia Bonifaz fue enfática al decir que «biología no es destino», la sola presencia de mujeres en el poder no garantiza una agenda de género. «Presencia de mujer no garantiza conciencia de género», afirmó, instando a las servidoras públicas a impulsar políticas que busquen el objetivo último del feminismo: igualdad y una vida libre de violencia.




